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PROSCENS Por Julio TRENJ quín Calvo Sotelo, el gran éxito anterior del teatro de la Corredera Baja. E s t a s tras ambientaciones se inscriban en ese módulo de traslación realista de la vida grato a nuestros escenógrafos. Conversar con Ontañón es adentrarse en un mundo de evocaciones, suasoriamente puesto en pie por str palabra; colorista. Le he preguntado si venía de la pintura al producirse su inserción en lo teatral. -Yo procedía del dibujo- -me dice- estaba en París, allá por los gloriosos años veinte, cuando hice mi primer decorado para los ballets del bailarín ruso Boris Kinniaseff. Entonces mi quehacer eran las portadas de revistas. Las enviaba para La Esfera Nuevo Mundo y otras publicaciones de España y trabajaba para editoriales francesas. Lo del teatro fue accid e n t a 1. Primeramente, me habían encargado los trajes del ballet Un pintor español, ya desaparecido, debía hacer el decorado. Aquel hombre no tenía práctica y se olvidó de clavarlos en el suelo para pintarlos. Las telas encogieron y al colgarlos no cubrían los foros. ¡Fue todo un problema! El director acudió a mí: ¿Podrías hacerlos? Era un trabajo casi de horas, pero me comprometí. Recurrí a un amigo mío, Reinoso, que había trabajado con Burman y Barradas y conocía la técnica. Salimos airosos. Fue un bello espectáculo, estrenado en el teatro de La Gaité Lyrique. La c r í t i c a fue muy buena. La primera que, como escenógrafo, tuve en mi vida. Antoine, que era el primer crítico de Francia, elogió mis decorados. ¿Y después? Otra vez la ilustración, en la editorial Tolmer, de d o n d e salieren los grandes dibujantes de la época: García Benito, Pierre M a r t i n Goldi, Le Grand... Yo era el benjamín de la casa. Aquella fue mi escuela dentro de la línea del dibujo moderno. Yo había llegado de España más bien influido por los dibujantes que aquí trabajaban, excelentes algunos, como Penagos, Ribas y Bartolozzi. Eran importantes, pero el gusto francés no lo habían conectado todavía fuera de Javier Gosé, Iríbar o el vallisoletano G a r c í a Benito, que era ya genuinamente parisiense. ¿Cuándo vuelve a encontrarse con el teatro? -Regresé a Madrid en 1927. Venía a hacer el servicio militar. Entonces me llamó el Tea- tro Lírico Nacional para que hiciese los decorados de una nueva versión de Las golondrinas y de La revoltosa Esta fue mi iniciación escenográfica en serio. Después, en teatro más comercial, hice Usted tiene ojos de mujer fatal de Jarcliel Poncela... -Hay un memento en que usted es el escenógrafo del teatro poético en España... -Pues sí. Viene en seguida. Federico García Lorca me encargo el decorado para el estreno de Bodas de sangre en el Beatriz, que hago en colaboración con Fontanals. Luego el club Anfistora que dirigía Pura Urcelay, me encomienda el decorado de Amores de don Ferlimpin y Belisa en un jardín de Federico, que se estrena en el Español- ¿Dónde adquiere el oficio escenográfico? -Si algún maestro he tenido, aunque en realidad yo venía del dibujo y derivé a esto, sería mi trabajo con Mignoni y Manuel Fontanals; ellos, en aquellos momentos eran, con el viejo Burman, los ases. Lo hacían todo. A ellos se del la revolución del arte escen gráfico en España durante es años viente... -usted se inserta en el te tro de vanguardia... -La vanguardia está sien pre muy cerca de lo clásk Yo recuerdo, como una de mejores cosas, la. Numancii de Cervantes, en versión Rafael Alberti, que decoré pa la Zarzuela; y El enfern imaginario de Moliere, ju to con El milagro de S: Antonio de Maeterlinck, y duelo de Chejov. Pero verdad es que una gran pai de mi trabajo como escenógr fo lo realicé en América. ¿Qué tiempo estuvo all- -Del 42 al 55. Trece añ La verdad es que mis prop sitos, en principio, no er muy teatrales, pero en Sa tiago de Chile me encom eon Margarita Xirgu. Está totalmente retirada del te tro, había comprado una fi ca y era toda una chacrer o estanciera, como dicen ¡Me pareció monstruoso una mujer como ella, a cincuenta y ocho años, se h biese apartado de la escena incluso había comenzado a e goráar. Le dije que aquello un crimen y acabé conven cié dola. Ella lo explicaba: sie: pre había tenido alguna sona a su lado que la anima amigalmente, como f a e n Adriá Gual, Rivas Cheriff Federico. Ahora estaba sola este sentido. Creo que mi pi sencia, fuera de modestia, fluyó en su vuelta al teat Le propuse que, para empez montásemos una escuela teatro. Le gustó el proyecto conseguimos para él la ayv de la municipalidad. ¿Actuaron públicamen- -Debutamos con los alui nos entre los cuales figura Alberto Closas, que tend unos dieciocho años. Hicin El e n f e r m o imaginar! Cuento de abril de Val Inclán, y El paquebotte Te nacitti de Wildrack. Fue tonces cuando la llamaron Montevideo para- crear un ti tro oficial, y para empe: m o n t a m o s Numancia tengo que decirle qué toda escenografía la hacía yo... ¿Actuaban sólo los ahí nos o Margarita interveí también? -En la Numaneia qu hacer un papel: el del per: naje que simboliza a Espa y habla al río Duero. Hubo momento que la creí perdí para el teatro, porque salió i ciéndolo con temor, con temblor de principiante q llegó a preocuparme. Pero oí