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PAGINAS DE ESPECTÁCULOS PROSCENIO EL TEATRO FIJADO EN SU IMAGEN E N la querella que divide a los que creen que el teatro es el texto, es decir literatura, y los que sostienen que el teatro es espectáculo, o sea plástica en acción, hay una verdad mínima que ha sido formulada por un gran realizador. Esta: el texto no puede devenir espectáculo, teatro, más que por la transmutación de las palabras e ideas, en gesto y movimiento Adolphe Appia, otro de los grandes transformadores del arte escénico, lo dijo de otra manera: La puesta en escena es la traducción de la música en espacio. La música, lo mismo que el texto literario, es un arte que se desarrolla en el tiempo. Lo teatral combina tiempo y espacio. Reclama el oído, pero también la vista. El teatro crea, pues, imágenes en el espacio y en el tiempo. Imágenes que son signos que el espectador recibe antes de que desaparezcan. El cinematógrafo ha conseguido fijar esas imágenes; hacerlas repetibles, que es una manera de conferirles permanencia. Pero, conscientes de la fugacidad de todo aquello que tiene un desarrollo en el tiempo, los realizadores cinematográficos se cuidan muy bien de paralizar la acción, convirtiéndola en imagen estática por medio de la fotografía fija. El teatro ha llegado también al cuidado de ese logro de permanencia, sin el cual Máiqüez, la Caramba, Taima, T a 1 a v í, 1 Jouvet acaban por quedar en sombras gloriosas, en nombres venerados. Gracias a la fotografía, que es un arte sobre otro arte, conservamos hoy escenografías, gestos, escenas que de otro modo hubieran desaparecido. Y con ellas mantenemos viva la tradición teatral y aprovechamos las enseñanzas de los que pasaron. Estos pensamientos son sugeridos por él acertado nombramiento de Juan Gyenes como fotógrafo oficial de los teatros nacionales y Festivales de España, hecho días atrás por la Subdirección General de Cultura Popular. El espléndido libro Don Juan y el teatro en España debido a Gyenes y aparecido en 1955, es hoy un documento de inapreciable valor que nos permite estudiar la escenografía, figurines, composición escénica y trabajo de actores, desde la creación de los teatros nacionales en el Español y al María Guerrero en las temporadas de 1939 a 1941, y comparar las corrientes mundiales del teatro con las que en ese mismo período se producían en los escenarios españoles. La exposición de fotografías de los últimos treinta años de teatro en nuestro país, que actualmente recorre las naciones sudamericanas, constituye ante aquellos públicos demostración irrecusable del movimiento teatral durante tan largo período. Es plausible este cuidado por conservar la imagen de lo que tiene tan inevitable caducidad, que con la caída de un telón se desvanece. Uno de los medios de facilitar el estudio y de difundir la enseñanza teatral es la imagen. Fotografía, cuadernos de dirección y de montaje, acotaciones de autor, están hoy en la base de los grandes centros modernos de estudio del teatro en el extranjero. Lorenzo LÓPEZ SANCHO