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EDITADO POR P R E N S A ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M A D R D FUNDADO ABC EN 1905 POR R ED A CCI 0 ADMI NISTRACI Y S E R RANO, n 6 T ALLERES DON TORCUATO L. UCA DE TENA E N Uganda, que es sólo un pequeño país del África ecuatorial, el progreso se evidencia, como en la mayoría de las naciones africanas, por todas partes. Televisión, radio, automóviles modernos, ciudad universitaria, magníficas carreteras, h o s p i t a l e s ciudades bien urbanizadas, grandes hoteles, forman parte de la vida cotidiana de los ugandeños. El negro se ha incorporado en seguida y con gusto al progreso técnico, a diferencia de la cerril resistencia que durante muchas décadas opusieron a los adelantos científicos occidentales las cultas sociedades del Extremo Oriente. Pero si el ciudadano medio del África bantú desea poseer el reloj, la televisión o el automóvil, que vienen de Occidente, se resiste en cambio con todas sus fuerzas a abandonar su forma habitual de vida en contacto con la Naturaleza. AI negro le gusta el ocio, el aire libre, el sol, la casa con jardín o en el bosque, el mar o el lago, el relax; y le horroriza el surmenage las prisas, la vida entre cuatro paredes y el clima enrarecido en que viven los occidentales en sus ciudades monstruos. ¿Llevan o no llevan razón en su actitud vital los africanos de la tierra y del ébano? ¿Es que no desea el blanco medio que llegue el fin de semana para desertar de la urbe agobiante y lanzarse al campo, a la vecindad del agua, a la sonrisa del aire puro y del esplendor en la yerba; a la relajación del ocio y la ropa cómoda? ¿Es que el cultísimo inglés, o el supercivilizado sueco, o el sesudo alemán no trabajan todo el año con la ilusión de pasar un mes en una playa salvaje de Almería, para estar todo el día en cueros en contacto con el agua, con el sol, con el viento enyodado, durmiendo en una casa rústica, en un bungalow o en una tienda de campaña, es decir, viviendo como los negros africanos? Y si éstos incorporan aceleradamente los adelantos de la civilización técnica, ¿no nos incorporan al mismo tiempo a los europeos algunos aspectos de la forma de vida de su civilización natural? ¡Con qué facilidad hablamos ds salvajismo al referirnos a los indígenas negros! Si hiciéramos examen de conciencia, tal vez llegaríamos a la conclusión de que si salvaje era la forma de vida en un poblado bantú hace cien años, más salvaje es la forma de vida del blanco actual en muchas de sus grandes ciudades epilépticas de aire enrarecido o v e n e n o s o Los vagabundos de EL CARGADOR DE RAICES Mingóte, en una viñeta genial, decían ante el enjambre de tubos y ruedas dentadas de una nave de trabajo industrial: Lo malo de trabajar en un sitio así es que con el tiempo acabas por encontrarlo muy natural. El África negra se esfuerza, pues, en incorporar la técnica occidental sin caer en sus excesos y en sus aberraciones, sin abandonar la tradicional forma de vida indígena en contacto con la Naturaleza. Es una posición inteligente y respetable. (También los blancos hemos comenzado a reaccionar contra el frenesí de la civilización teeníficada y todos esos movimientos juveniles de los hippies no son otra cosa que la bandera, un poco grotesca, de la aspiración general en busca de una vida más humana á orillas de la Naturaleza. La elementalidad, en fin, no es lo mismo que el primitivismo. Pasar las vacaciones en una playa de arenas tostadas, gozando en bañador del sol y del agua, no es una vuelta a la vida primitiva, sino una conquista de la civilización que ha superado viejos prejuicios artificiales y ha roto las cadenas con las que había trabado sus propios tobillos. Las formas de vida de la cultura bantú y la cultura occidental se han penetrado mutuamente en los últimos años. Lo mismo ha ocurrido con el arte y la música. Yo no tengo muchas esperanzas de que el hombre blanco abandone su estúpida actitud de superioridad, despreciando lo que ignora. Seguirá juzgando al África negra por media docena de novelas de aventuras y unas cuantas películas grotescas. Janheinz Jahn, en un pequeño libro maestro sobre la realidad africana, escribe: No existe una medida universal para el valor de las culturas. ÍOHK Medida con su proph n o r m a- ¿quién nc lo sabe? -cada cultu ra es superior a las demás. Tal vez exista una verdad objetiva capaz de demostrar que la cultura occidental es superior a la bantú. Pero resulta a b s u r d a esa necesidad de los blancos de afirmar que somos meJQsa Las culturas occidental y negra son diferentes, y aunque la nuestra fuera mejor, la de ellos nos puede enseñar muchas cosas. Partiendo de esta base tenemos la posibilidad de estudiar el África bantú desde su propia perspectiva y podremos analizar así, sin juicios comparativos estériles, su religión, su filosofía su arte y su música. Aimé Cesaire, el gran poeta negro de la Martinica, que alumbró, con el senegalés Senghor, ei movimiento de la negritud escribe en su poema El cuerpo perdido ilustrado por Pablo Picasso: yo cargador soy el cargador de raíces- -cargo y me escondo y me estrecho en el ombligo de la tierra Leopold Sedar Senghor, la figura más interesante de la intelectualidad negra, habla también de la mujer desnuda mujer negra a la que el destino reduce a cenizas para nutrir las raíces de la vida Miramos con orgullo el espléndido y frondoso árbol de la cultura occidental, y nos olvidamos a veces de sus raíces, de las raíces de la vida, quizá en trance de agostamiento. Como hemos visto antes con relación a la forma de vida, el África elemental, que no primitiva, nos puede mostrar hoy esas raíces y fecundarlas con nueva savia generosa, en el arte, en la música e incluso en la religión. Senghor escribe de forma impresionante en Chants d Ombre ¿Quién habría de enseñarle el ritmo al mundo difunto de máquinas y cañones ¿Quién lanzará él grito de alegría para despertar a los muertos p a los huérfanos en la aurora? Decidme ¿quién devolverá la memoria de la vida al hombre de esperanzas destrozadas MADRID. 2657802- BARCELONA. 2305838 VALENCIA 272826 Fábrica. Santiago do Compostela Cargador de raíces, el indígena negro tiene también su mensaje profundo para los hombres de buena voluntad. Mirarlo con estúpido orgullo o superioridad desdeñosa sería poco inteligente; sería negarse a aprender de nuevo- y sin embargo se mueve -una serie de verdades elementales desgraciadamente olvidadas j o preteridas. Luis María ANSON