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crónica semanal de las letras CIEN AÑOS DE FECUNDIDAD H ABRÍA cumplido ahora, tal día como hoy, 13 de marzo, el siglo, cifra redonda. Cien años de soledad, acompañada por sus indeclinables y puros amores: sus libros, su familia. Cien a ñ o s de fecundidad. Más de quinientos libros deja y un linaje que proclama su origen. Florece ahora su recuerdo y su ejempo, como florecieron los viejos romances en sus manos estudiosas y atentas; con aroma nuevo. Sinfonía completa y rica y caudalosa ha sido su vida y su obra. No puede decirse que nada ha fallado sino la vida. Esos meses de menos para el júbio grande y la genera alegría que pueden entenderse, ahora, como una fidelidad del destino, como un miramiento del calendario para el hombre que fue el silencio, la intimidad, lo más ajeno al brillo y al alarde, la autenticidad emocionante. Nunca quiso ser bandera de nada ni de nadie; ni de sí mismo. Y todos los que hasta él se acercaron pudieron casi tocar con las manos eso tan hermoso y raro que llamamos la bondad junto a la sabiduría. Árbol perenne, pasarán muchas primaveras y seguirá dando sombra, cobijo, luz, compañía. Iremos a sus libros, y volveremos siempre para gustar la hondura de su saber y el sabor, el esmerado decir con que nos comunica sus descubrimientos. Era un hombre sabio, no por su ciencia tan sólo, sino por su vivir. Nos dio. lo mejor suyo: el. talento alumbrante y creador; su amor por el idioma; su emoción histórica. Y fue celoso de la intimidad, de la familia, de su hogar, de la modestia de su casa, en paz y sencilla. Ahora, tal día como hoy, hubieran hecho fiesta grande los académicos y los- hombres de toda Condición. La habríamos hecho todos los españoles. Quizá hubiera sido demasiado ruido. Y él era silencioso. Lleva mucho porque mucho deja. Y v i v i r á, porque ha vivido. Con nosotros queda, en flor renovada de belleza, como la que hoy quisiéramos ofrecerle en cálido homenaje desde estas páginas. -S. J. uu D