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CUARENTONES EN ESPACIO L A gran vencida por el triunfo del Apolo VIH no ha sido- Rusia, que ahí sigue en empírea carrera con los norteamericanos, sino la capacidad de improvisación española que se adquiere entrenándose en el arte desidioso de no pensar por adelantado. Si los pesimistas se empeñan estoy pronto a admitir que nuestros planes de desarrollo, los únicos de nuestra historia, son dos colecciones de disparates. Muy bien: siempre serán desatinos mucho menos graves que la ausencia tradicional de plan alguno. Con un pincho de angustia y pasmo en las entrañas hemos visto ¡desde casa! el disparo sobrecogedor de Cabo Kennedy, la Tierra hecha un ovillo por miles de kilómetros de perspectiva, la Luna a tiro de tren de cercanías y el exacto regreso sobre el Pacífico de los tres astronautas, hombres en la edad del mejor rendimiento, cuando se equilibran la valentía y la cautela, la disciplina y la iniciativa, la serenidad y la audacia, la previsión y la juventud. Aquello no era una hazaña, una gesta ni un viaje; no hay palabras para describirlo porque las conocidas están hechas para hablar de lo conocido. Sólo el cuatro de octubre de 1957, en el estreno del concierto en bip- bip del primer spunitk se tensó de modo comparable la emoción mundial. Entonces, por la sorpresa. Ahora, por el cumplimiento matemático de todo un fantástico plan. Los hombres que hayan adivinado una parte, siquiera una parte, de la millonaria cantidad de previsiones que ha necesitado ese pavoroso disparo hacia la Luna, siguen estupefactos. Sólo la ignorancia pueril o la frivolidad distraída pueden acostumbrarse a la Imponente noticia: ¡El hombre... en la Luna! ¿Cuántos hemos arrodillado el corazón para agradecer a Dios la coincidencia increíble del espectáculo con nuestro paso por la vida? ¿Por qué nos ha tocado verlo a nosotros y no a espíritus grandiosos como el de Newton o el de Kepler? ¿Qué habrían dado ellos por asistir? De esta verídica fábula brotan a centenares las moralejas aplicables a cualquier nivel: individuos, familias, empresas, naciones, alianzas y continentes pueden aprender de ella. ¿Qué habría sido necesario para que el Apolo Vlil no fuera hoy ni siquiei- a un proyecto? Lo primero, el retraso de la ciencia y la industria norteamericanas o, lo que es casi igual, un sistema estacionario de instrucción, sin afán vanguardista. Es decir, que no se puede ir a la Luna si antes no se tienen las escuelas, la universidades y la investigación en todos los terrenos que algunos proponen comprensiblemente en lugar del viaje a la Luna. Después, la falta de rivalidad. Los Estados Unidos se pusieron a esto porque, de pronto, oyeron los bip- bip de aquel spunitk y, poco después, el nombre de Gagarin. La moraleja es obvia: la competencia será siempre la espuela casi insustituible de la acción. En tercer lugar, un individualismo incompatible con el equipo habría truncado el proyecto del Apolo VIII (Entre nosotros se cita el individualismo como vicio irremediable del español. No es verdad. El individualismo es un efecto de la falta de previsión organizadora que ha sido, ésta sí, una de las características dominantes de nuestra vida. Denle ustedes un buen jefe a un grupo epañol y verán si sabe, o no, colaborar. De ello daba ya testimonio el Poema del Cid) En cuarto lugar, ni los Estados Unidos ni Rusia se habrían disparado al espacio si no pudiesen contarlo. De aquí se deduce la importancia cardinal de la información, como remate proselista de las políticas y las empresas humanas. El sistema de propaganda soviético (la noticia después del resultado) insinúa que no están ellos muy seguros del éxito; ¿temen anunciar sus hazañas por miedo al fracaso y a la publicidad contraproducentes? En todo caso, ese recelo acompaña siempre al mutismo intencionado y subrayaría el mimo Con que los rusos cuidan su mo do informativo. Pero el método norte americano (luz, taquígrafos, televisión, ra dio. Prensa y cartas sobre la mesa, desd el principio al fin) es una prueba cate górica de seguridad y, sobre todo, el apa rato de información que los Estados Uní dos armaron con muy buen juicio y aú: mejor derecho, para remontar su autor i dad literalmente hasta la Luna y justi ficar ante tirios y troyanos la dantesd inversión de dolaras. Su crédito políticl y técnico se ha agigantado de tal modj que pudieron hacer el engno ante Core del Norte firmando tranquilamente 1 que les pidieron a cambio de la tripula ción del Pueblo ¿Podría sostenerse aho ra que les Estados Unidos siguen en Viet nam por mantener su prestigio? Si as fuera, abandonarían ya esa guerra si perder un punto en el respeto del munde Para empezar, no sería menguadjo divi dendo. Por último, ni un olvido, ni una ocu rrencia, ni una corazonada, ni una genia lidad repentina, ni un solo más o me nes entre las miríadas de previsiones Desde lo sencillo, como la edad de lo astronautas y su estado civil (felices pa dres, con mujeres bonitas e inteligentes lo que avivaba el deseo de volver) hast lo simibólico, como el versículo del Gé nesis en las entrañables fechas elegida para el salto celestial, todo estaba en u: plan total en el planteamiento, total e: su anchura, total en su profundidad, to tal en los cálculos, la exactitud y la coor dinación. Y esta es la moraleja que, por encina de los demás, conviene destacar; la vic toria definitiva de la previsión concien zuda sobre el recurso instantáneo. Fo eso, en nuestro trabajo, en nuestra em presa, en nuestra España, ¡demos coriTl puerta en las narices, de una vez, a la ocurrencias remendonas y a los que vie nen a presumir de capacidad de impro visación! Juan Luis CALLEJA