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ABC. V I E R N E S 31 DE E N E R O DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 61. INFORMACIONES TEATRALES Y MEDIDA POR MEDIDA DE SHAKESPEARE, EN EL ESPAÑOL Berta Riaza, Agustín González, Guillermo Marín y José Luis Pellicena Teatro Español. Titulo: Medida por medida Autor: William Shakespeare. Versión española: Enrique Llovet. Dirección: Miguel Narros. Intérpretes: Guillermo Marín- José Luis Heredia, Agustín González, Víctor Valverde, Fábio León, César de Borona, Mari Carmen Prendes, Dionisio Salamanca, José Luis Pellicena, Javier Loyola, Juan Sala, Berta Riaza, Eva Guerr, Fernando la Riva, Narciso Rivas, Tomás Simón, Francisco Benlloch, Ana Belén, María Jesús Hoyos, Carlos del Pino, José Manuel Cervino y Francisco Vidal. Decorados: Ortiz Valiente. Figurines: Luis de Ben. Música: Carmelo Bernaola. Medida por medida que a los precursores inglesas del romanticismo, a los exigentes lakistas de principios del siglo pasado no les gustaba, está ahora de moda. En 19 S 6 tuye ocasión de ver en el teatro del Est parisién, situado en la pintoresca barriada de Menümontant, la versión francesa de Michel Armand, montada por Guy Retoré. Miguel Narros se suma, entre nosotros, a esa estética que rehabilita la pieza de Shakespeare recusada por la crítica decimonónica. ¿Desde qué punto de vista aborda Narros la actualización de una comedia que está considerada como una de las más difíciles de entender y, por consiguiente, de interpretar, del genial autor inglés? A juzgar por el evidente respeto al texto que demuestra el adaptador, en una versión fidelísima, milimétricamente modernizadora, parca en el corte, aguda en la intención, finísima en los desarrollos y en los rodeos, elegante y eficaz en el léxico, desde el plano de un rea ismo intemporalizador, o sea, en la sumisión a una peripecia no inscrita e i tiempo ni en lugar, sino atinente a la permanencia más rigurosa de la condición humana. Se nos plantea, pues, algo así como una comedia de intriga, como, lo que en rigor es, un cuento italiano renacentista, a dos pasos todavía del medievo: como una representación que viene directamente de los misterios y las moralidades del teatro inicial. No repetiremos lo que los excelentes programas del estreno recogen de la alta información que poseía aquel gran traductor de Shakespeare que fue Astrana Marín. Shakespeare, partiendo del original italiano, de la versión española, de las modificaciones coetáneas e n Inglaterra, arma un drama misterioso, ambiguo, cargado de simbolismos y de alegorías, en las que la crítica más moderna- -por ejemplo, la de Wilson Knight- -ve nada menos que una intención bíblica. Medida por medida podría haber sido pensada por Shakespeare como una alegoría o ilustración del drama de la redención humana, como un conflicto entre la Ley y la Gracia que termina con el triunfo de ésta. Los simbolismos que encierran los nombres de los personajes principales abren estas pistas. Mariana es María, más Ana. La Virgen y su madre. Angelo, en ana teatral antifrase simbólica, es el ángel caído, en cierto modo el demonio. El duque Vicencio, es el vencedor, ¿el redentor? y el texto está cuajado de imágenes bíblicas, de temas de parábola que se envuelven en tornasoladas polivalencias; que se expresan en el forcejeo de unos caracteres inciertos, en rigor despreciables, que se debaten en situaciones dramáticas que ponen al descubierto los aspectos más sórdidos de sus almas no ya en el caso de Angelo o de Lucio, sino en el de Isab l o el propio duque. Hay paralelismos flagrantes, como el del alcaide obligado a ser más benigno con el corrompido Bernardino ¿Barrabás? que con el casi inocente Claudio ¿Jesús? Pero aun prescindiendo de este rebuscado esoterismo, Medida por medida con la brillantez del pensamiento, con la primorosa construcción a la que sólo podría reprocharse un final demasiado bien traído, con la riqueza de sus ambientes y personajes tratados de manera realista, es uiia pieza magistral, sugestiva, bullente de vida, de malas pasiones, de mala fe, de ACORDE S f Q JARDÍN DE INFANCIA MUSICAL NIÑOS de 2 a 6 años Externos y por horas General Oraá, 50 Carmen Pérez Dudas Tei. 275 23 94- 243 0810 malas personas, espejo pesimista de un mundo sin pureza o donde la pureza carece de caridad, de astucias innobles, de rigores secretamente injustos. Es una diatriba contra el abuso del poder. Un alegato en pro de la clemencia. Una denuncia de la condición humana. Si la peripecia queda lejana a los condicionamientos sociales del hombre de hoy, la imagen sigue siendo válida y el alarde de maestría teatral deslumbrante. Miguel Narros ha aprendido a lo largo de su breve carrera en el Español a respetar el valor de los grandes textos. De la frivolidad con que un día superficializó un texto de Tirso, ha llegado a esta sabrosa meseta en que sabe dar un t e x t o de Shakespeare Ubre de acciones secundarias, colocando al actor que profiere las sentencias más graves, al borde del escenario; suspendiendo, a veces con exceso, la acción de los demás; haciendo oír, oír, oír, sin por eso olvidar que también hay que ver, o sea, logrando un plausible equilibrio entre el justo predominio de la palabra y el sostén vigoroso de la plástica. Ha logrado Narros una interpretación que sin duda alguna es la más alta, la más valiosa de su trabajo en el Español. Si algo le encontramos que sobra, es un poco de música ambiental. Si algo le falta, es algún movimiento de sorpresa, de pavor, íe emoción por parte de personajes de ambiente y principales que no hablan en escenas como, por no poner más que un ejemplo, la de la reaparición de Claudio sano y salvo. La plástica está muy bien servida por la sobriedad colorista del decorado, por la brillante sequedad intemporal de los figurines. Ortiz Valiente y De Ben han creado una escenografía de contraste, adecuada al contraste de personajes y situaciones. Bernaola sirve al teatro desde un concepto casi cinematográfico del sonido ambiental, del sonido- decoración, del sonidopremonición, del sonido- comentario, ñero, en su inteligente labor se ha exf- e- en cantidad. Unos cortes en la partitura pueden levantar aún más los valores in. slectuaies y vocales de algunos parlamentos fundamentales. En el embridado acierto del trabajo de montaje, la actuación de les actores es sobresaliente. Guillermo Marín crea con vigor, con entonación siempre justa, con precisión fonética sin roces, el tipo del duque Vicencio qu es uno de los más difíciles de todo el teatro shakespiriano. Cuando se hizo Medida por medida en París, como ya he escrito, un crítico tan fino, tan experto como Guy Dumur, aseguraba gue Laurence Olivier sería quizá el único actor que podría interpretar perfectamente ese duque balanceado entre lo serio y el humor, la grandeza y lo ridículo; la moral más exigente y la más lasa. Marín da esas dimensiones, esas contradicciones con una eficacia y seguridad que ni el mismo Olivier superaría. Berta Riaza es una gran actriz y su Isabel lo confirma siempre oue el personaje está en primer plano. Quizá en momentos en que ella no está en la escena principal, sino que compone un conjunto, baja de nivel. Es éste un mínimo reparo a la actriz y al director. Excelente Pellieena, que gana constantemente en seguridad, en expresividad y que consigue honda emoción en su duplicada escena de la cárcel. Muy superior a todas sus actuaciones anteriores. Valverde, que hace vivir y palpitar la fanfarronería de su personaje. Muy bien, sin un reparo José Luis Heredia, extraordinaria de colorido, de propiedad, de vida. Mari Carmen Prendes, realmente deliciosa y muy gracioso, pintoresco, mínimamente excesivo, Pionisio Salamanca, exacto piví e en ue gira la contraposición de malos declarados y malos hipócritas. Agustín González es un actor de enorme fuerza dramática. Su Angelo es elocuente, no ya en la palabra, sino en el gesto. El dramatismo de la lucha interna, lo exwresa el a tor sin alharacas, sin gesticulaciones, con rigorosa disciplina artística. Javier Loyola. Fernando la Riva, y los encargados de personajes