Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
nuda de anécdota, lo trasciende de esencialidad. ¿Realizar el cuadro te resulta fácil? -Sí. La tarea material no supone trabajo. Lo que ocurre es que tengo tan mala, memoria que hay ocasiones en que quiero poner un color y no me acuerdo de cómo lo he conseguido otras veces, y entonces tengo que inventármelo de nuevo o hacer otro. Me lleva mucho trabajo pensar un cuadro. Es el proceso lo que me cuesta. ¿No pierdes las ganas de pintar? -Ah, no, nunca. A veces me quedo parado, pero siempre lo estoy pensando todo en pintura. ¿Compra la gente los cuadros por la firma? -Es posible que haya algunos que lo hagan así, pero no creo que sea mi caso. Lo que sí me ha ocurrido es que alguno haya confesado que empezaba a gustarle el cuadro que no terminaba de entusiasmarle cuando lo adquirió. -Veo que te quedas con muchos cuadros. -Bueno, con algunos. Lo que tiene gra- Bueno, que nos hizo a Leito, mi mujer, y a mí. Leito y Godofredo me hablan de su pueblo con ilusión y con cariño inacabable, con mucha emoción. Su pueblo es San Vicente de Alcántara, donde los adoran y donde las gentes levantaron flores en homenaje a la pareja. ¿Qué da la tierra? -No sé. Muchas cosas. Emoción. -Habíame de Zurbarán. -Ah, qué emoción tiene. Cualquier cacharro suyo está lleno de belleza. ¿No crees que no estaba valorado en lo que valía? -Eso, no estaba. Pero ahora lo está. En las exposiciones de París y del Casón quedó bien claro. Ah, esas vírgenes paletas, con monfletes... ¿Qué cambios reconocerías a lo largo de tu obra? -He empezado y he seguido. Pintaba desde niño. luego he vuelto, sin darme cuenta, al final del tiempo, a hacer lo que estaba haciendo cuando era niño. aquel otro que se las sabia todas: Rafael. ¿Qué ganaste en tus largas residencias en Europa? -Siempre se aprende. Fui retratista de familias aristocráticas. Hacía retratos y creo que se me daban bien. Viví de eso. Luego lo dejé. El retrato ata demasiado. Después, hice figuras. Y creo que es por el año 40, en Málaga, cuando hago bodegones. ¿Has ido prescindiendo de colores? -Pues sí. He simplificado mucho. Antes de poner la pincelada hay que tener la idea. No me gusta nunca empezar la casa por el tejado. ¿Te preocupa mucho la materia, la técnica? -Preparo la tela de manera que quede semiabsorbente, pero para que permita no tener que insistir y quede en un tono mate, sin brillos... ¿De qué pintura te sientes más cerca? -Pues no sé decirlo. Porque creo que de la pintura francesa también estoy fuera. ¿Te preocupa la idea de la muerte? -Nada en absoluto, nada. Lo que me preocupa es el bien de los amigos. Es un hombre feliz. Lo que de veras le preocupa es su pintura. Piensa bien de todo el mundo y acierta casi siempre. No tiene desconfianza. Se pasa el tiempo silencioso. Puede estarse muchos días sin hablar. Esta conversación que ahora intento transcribir es el resultado de tasi un día entero en su casa. Habla muy despacio. Sin ningún brillo, sin reticencia ninguna. Deja los cuadros y los coge de nuevo para volverlos a ver mejor. El hombre y los cuadros son sedantes y llenos de intimidad. A Ortega Muñoz lo que le gusta es irse al pueblo a pintar. Por teléfono dice si o no y se acabó. Sus cuadros están siempre bien compuestos, como su manera de vivir. Se calla, pero no hay angustia. Da una i? npresión de pureza su pintura que es reflejo del hombre y Camón Aznar nos descubrió que hay un ángel que lleva su mano. Pinta de noche y de día, callado y constante, despierto y en sueños. Volvemos a los paisajes actuales. Nunca se da prisa. Si quisiera, con su fama y su mercado, con su nombre, podría repetir tina fórmula y se los quitarían de las manes. Pero el pintor elabora su cuadro, lo nimia, lo pasea por sus recuerdos, lo des- cia es lo que dice la gente que los ve, que me quedo con los mejores. Pero no es verdad. Lo cierto es que me he quedado tan sólo con los que en su tiempo no me quisieron comprar. Ahora, claro, querrían comprarlos, pero ahora no los vendo. ¿Aumenta el interés por la pintura? -Sí, sin duda. Antes se tenían las paredes vacías o con un cromo. Ahora todo el mundo quiere tener un cuadro. Ahora vendemos todos. Se puede vivir de la pintura. Rodales de viñas, como grandes manteles de paz luminosa vuelven ante mis ojos. Cambia el asunto y permanece la calidad y el aliento. El cielo se hace cercano. La tierra nunca es ostentosa. Olivos tristes y encinares machadianos. Es una compañía hermosa. De no haber sido un pintor, Ortega Muñoz habría sido un científico. ¿Qué te ha emocionado más en la vida? -151 homenaje que me hizo mi pueblo. -Pero, ¿no está haciendo falta una antológica que permita reconocer todo esto? -Pues sí, habrá que hacerla. Ha sabido resistir el éxito. Sigue pintando, lejos del ruido de la calle, olvidado de todo. Los árboles son sus amigos. Nos los acerca. Nos ha transmitido un sentido casi religioso de la tierra, una emoción desconocida en nuestra pintura. Hay grandeza en lo que hace, misterio. ¿Qué valoras más en la vida? -La amistad. ¿Y en el hombre? -La fidelidad, la lealtad. Sufre cuando un amigo sufre. Sus árboles no han perdido la esperanza de reverdecer. Su tierra es pobre, a ojos vistas, pero interiormente rica y cavilosa, llena de entrañables encantos, sencilla, pura, absoluta. Son paisajes con alma. Llenos de alma buena. Es un alma OUPV: y limpia la del hombre aue lo i na- pintado. Salvador JIMÉNEZ