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ABC. V I E R N E S 24 DE E N E R O DE 1969. EDICIÓN DÉ LA MAÑANA, PAG. 18, ABC PRENSA ESPAÑOLA, S. A. REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN 7 TALLERES: SERRANO, SI. MADRID. APARTADO MJM. 43 TELEF. 2251710 UNA MACABRA VILLANÍA Madrid, 23 de enero de 1969. Sr. D. Julián Ayesta Madrid Muy señor mío: He leído el artículo titulado Lo intolerable que ha publicado usted, en SP correspondiente a hoy, jueves, 23 de enero, con el seudónimo de 586.847 que corresponde a la numeración- -según me dicen- -de su carnet de identidad. En el mismo número, en la misma página, del mismo periódico en que publica usted su articulo, hay un admirable editorial titulado Decir ¡basta! que comienza así: Lo que acaece en la Universidad está comenzando a rebasar los limites de la tolerancia. En el clima que se ha creado, la institución es un corcho que flota a la deriva. Una Universidad así r puede tolerarla el profesorado, ni el estudiantado, ni la sociedad, pues resulta absolutamente intolerable como organización y como espectáculo. Y ¿qué es lo último que había acaecido en la Universidad comenzando a rebasar los límites de la tolerancia? Que centenares de muchachos unidos en una manifestación de carácter revolucionario, enarbolando banderas rojas y republicanas, después de haber colocado crespones negros en los mástiles de las Facultades de Derecho y Filosofía, llegaron hasta la plaza de Moncloa. donde fueron dispersados inicialmenie por la Policía entre alborotos, carreras y gritos. En las calles de Benito Gutiérrez, Ferraz, Buen Suceso, Marqués de Urquijo, glorieta de Quevedo, Atocha, paseo de Primo de Rivera, ronda de Valencia y Lavapiés se produjeron disturbios similares, alcanzando su máxima gravedad en la calle de Altamirano, donde hubo un choque directo con las fuerzas del Orden Público, cuyos números tuvieron que disparar al aire para disolver a los revoltosos. Entre las muchas y muy graves alteraciones de la paz y él sosiego de la ciudad, ésta del martes, 21 de enero, fue, sin duda, la más grave y aparatosa. Y ¿por qué? La respuesta a este interrogante estaba en boca de todos los vociferantes y respondían al mismo sentido que los crespones negros que se exhibían en los mástiles de las Facultades de Derecho y Filosofía: los inspiradores del desorden habían hecho circular el rumor calumnioso (inmediatamente acogido por los menos responsables o por los viás inmaduros de la población estudiantil) de que su compañero Enrique Ruano Casanova había sido asesinado por la Policía. Tras el cobarde incendio de la vieja gar a tener la difusión de una maliciosamente equivocada información sobre esta muerte. Consciente de las peligrosas reacciones que suscitan bulos de semejante naturaleza. Y con la conciencia, muy clara, de estar rindiendo un necesario servicio de recta información a la opinión pública, en m o m e n t o tempestivo y Oportuno. Encauzar por la senda de la verdad, Universidad de San Bernardo, iras el asalto del Decanato de la Facultad de Derecho de Madrid, tras el más reciente del Rectorado de la Universidad de Barcelona, ¿puede pretenderse que la sociedad quede inerme, permanezca indefensa, sin intentar por todos los medios legítimos la búsqueda, detención y aislamiento de los alborotadores de la paz y el sosiego nacionales? Pues bien, esos hombres, que frente a la subversión realizan el más útil y el más ingrato también de los deberes, estaban siendo acitsados de asesinato, cuando ABC tenía la prueba indubitable en sus manos de que el desgraciado muchacho, que se precipitó al vacío desde un alto piso del número 60 de la calle del General Mola, había sufrido con anterioridad tentaciones de suicidio. Y estas pruebas no eran vagas referencias orales, sino notas escritas de su puño y letra. Notas que según las noticias que usted tiene, habían sido escritas a instancias de un psiquíatra para ayudarle en el tratamiento da un desequilibrio mental de tipo obzssivo ¿Podía en estas circunstancias dejarse correr el delictivo y falso rumor dé que la muerte de Enrique Ruano fue causada por la Policía, salpicando así de infamia a los defensores del Orden Público frente a aquellos que lo perturban? Esta y no otra, señor Julián Ayesta, fue la razón que movió a este periódico a considerar como un inexcusable deber el corte de aquellos rumores y no el burdo y soez afán de necrofagia política que tiene usted la audacia de acusarnos hoy en su artículo titulado Lo intolerable y que es, además de ligero, tan intolerable como su titulo. A la luz de las consideraciones más arriba expuestas, considero, utilizando las propias palabrcs de usted, que no hace falta gozar de una sensibilidad ética excepcional para sentir la más profunda repulsión ante una violación y tergiversación semejante de los deberes patrióticos que nos movieron a cortar de raís los pretextos calumniosos de las manifestaciones revolucionarias. Y si la serenidad se impone algún día a la ligereza- -cosa que siempre es de esperar en un hombre como usted, que pertenece a la noble carrera diplomática, donde la prudencia y el sosiego privan siempre sobre el arrebato frivolo e irresponsable- -tendrá oportunidad de meditar, utilizando también sus propias palabras, quién ha cometido en esta ocasión una macabra villanía Suyo affmo. Toretiato LUCA DE TENA Director de ABC aunque esta sea dura, aunque no quiera ser atendida, los sentimientos públicos es, sin duda alguna, uno de nuestros primeros deberes como periodistas. Salir al paso de interpretaciones equivocadas de una tragedia privada con resonancia de drama social, extirpar la calumnia, cortar ¡la mentira es parte sustantiva de este; deber. i Preciso sería profesar una muy alterada j idea de principios cristianos y humanis- l tas, para, en nombre de los mismos, pre- i ferir la prevalencia de la mentira, o la duda de la calumnia, actuando como resortes de violentas reacciones sociales, antes y mejor que la restauración de la verdad, aunque ésta deba llegar a través de la respetuosa revelación de un fragmento de vida humana, consumada ya, por desgracias sin remedio. LOS CARAMELOS ENVENENADOS Cuando sobre un hecho de los que, por a naturaleza, tocan en la parte más viva de la sensibilidad pública, comienza a tejerse una calumnia que hiere hondamente esta sensibilidad, la conmueve, la trastorna y desvía, un elemental deber, nacido del concepto de responsabilidad ciudadana, reclama el uso de todos los medios lícitos para restablecer públicamente la verdad objetiva. Para cortar, de raíz, la venenosa planta de la maledicencia, que puede perturbar incluso opiniones bienintencionadas y juicios de hombres de Trien. Este empezaba a ser, por desgracia, el caso del suicidio de Enrique Ruano Casanova. La más grave deformación de la verdad, la que podía presentar el lamentabilísimo desenlace de una vida como un hecho violento con tipificación penal, había comenzado a extenderse. Tanto y con tal fuerza, que esta torcida opinión sobre la muerte del muchacho fue el acicate de incidentes, incriminaciones subversivas y manifestaciones, dentro y fuera del recinto universitario. Desbordadas hasta la plaza de España, y por diversas calles de Madrid. ¡Contagio de un bulo histórico, malintencionado y vil, que nos trae a la memoria aquel otro de los caramelos envenenados, repartidos por curas y frailes, donde lo único que ciertamente se repartió fue el veneno encerrado en la falsa noticia! Y que como aquél, pudo haber provocado una jornada de triste memoria en la vida madrileña. Por sentido de la responsabilidad que atañe a los periódicos en la orientación de la sana opinión, A B C publicó unosfragmentos y unas reproducciones de la caligrafía original- -en grabados- -del diario del infortunado muchacho. Y lo hizo con sincera y sentida consideración hacia la pena de una familia respetabilísima y dignísima y a la realidad de unos hechos y circunstancias tan dolorosos como veraces. Y lo hizo, también, condolidamente, porque es natural dolerse ante la tragedia de un alma atormentada y perseguida. Y ¿por qué lo hizo? Porque la lectura de este diario descubre, con evidencia cegadora, la crítica situación patológica depresiva que empujó a Enrique Ruano Casancva a adoptar tan desdichada y tremenda resolución. Lo hizo porque a la vista de su escrito el gravísimo rumor queda calumnioso, destruido. Por c o n c i e n c i a y por consciencia, A B C publicó los fragmentos del diario. Consciente de la gravedad que podía lie- COMUNIDADES Y PROPIETARIOS DE FINCAS URBANAS Ofrécese administrador con experiencia, disponiendo de oficina, organización adecuada y asesoría jurídica. LOSADA. Argensola, 3. Teléfono 2219.304