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CURSO DE FILOSOFÍA (Viene de la t ág. 4 de Mirador. escolásticas simplistas, está dentro del espíritu aristotélico- tomista. Lo más revelador de la fórmula propugnada por Zaragüeta es su revalorización de lo corpóreo dentro del unitarismo y, en definitiva, su tendencia realista y empírica. En mi opinión, las dos aportaciones filosóficas más importantes de Zaragüeta son sus teorías de la sustancia y de la voluntad. El demoledor análisis oue hizo Hume de la metafísica aristotélica, y que luego desarrollaron los fenomenistas y los positivistas, asestó un golpe tan duro a la idea clásica de la sustancia, que se imponía una revisión profunda desde la perspectiva del pensamiento tradicional. En Ja renovación del replanteamiento hay que situar a Zar güefca como un precursor. Ya en sus primeras obras aparece una caracterización de la sustancia como sistema y se establece una vinculación ontológica entre lo sustantivo y las propiedades y accidentes. A medida que avanzamos cronológicamente, estas ideas de Zaragüeta van adquiriendo, en sus libros posteriores, una expresión más acusada y completa. Pero lo que, a mi juicio, resulta revelador es que en la línea apuntada por Zaragüeta se mueven la teoría de la sustancia de Ángel Amor Ruibal y la de Xavier Zubiri, aunque es evidente que cada una da ellas significa, respecto de las precedentes, una avance no sólo por la elaboración conceptual, sino por las decisivas innovaciones que cada uno aporta. Este es, sobre todo, el caso de Zubiri, quien en su magna obra Sobre la esencia extrae todas las posibilidades de una interpretación de la sustancia como sistema y da a la doctrina una radicalidad, un acabamiento y una perfección que la distancia muy considerablemente de sus antecedentes españoles. Pero todo esto pone de manifiesto hasta qué punto late en la posición de Zaragüeta una intuición fecunda. Los psicólogos empiristas habían dirigido desde casi todos los flancos fuertes ataques a la interpretación sustancialista y trimembre del alma humana. Desde posiciones metafísicas, Schopenhauer había fundado sobre la voluntad algo parecido a un monismo. Y, sin embargo, muchos escolásticos se obstinaban en la viejas tesis: la volición es irreductible al sentimiento, al conocimiento y a la sensación, es decir, la voluntad como distinta de la facultades sensitivas y también del intelecto y la memoria. Se insistía infatigablemente en separar el llamado apetito sensitivo o deseo y la volición propiamente dicha. Contra todo esto reacciona frontalmente Zaragüeta en el que a mi me parece el más original de sus libros, su tesis doctoral Teoría psicogenética de la voluntad publicada en 1914, de la que poseo un ejemplar, y que hoy constituye una auténtica rareza bibliográfica. Creo que tiene razón Zaragüeta cuando considera la voluntariedad como una cualidad de todas las actividades humanas y como una transformación del ímpetu vital. Hay que decir que esta tesis, por él elaborada sistemáticamente, tiene precedentes tan poco sospechosos como el de San Agustín, cuyo es el texto: La voluntad está en todos los actos de los hombres, t? más, todos los actos no son más que vol intad. Y el propio Tomás de Aquino dice más de una vez que voluntas procedit ab essentia animae Es sorprendente que la doctrina de Zaragüeta no haya tenido una huella más profunda dentro de la psicología neoescolástíca. Teniendo en cuenta su grado de elaboración y sus consecuencias antropológicas, esta visión unitaria del dinamismo humano debía haber sido la más utilizada de las contribuciones de nuestro pensador. Zaragüeta ha aportado a la Filosofía una serie de correcciones y elaboraciones del sistema aristotélico- tomista dentro de la corriente neoescolástíca. Pero a la filosofía española Zaragüeta ha aportado, además, algo que, a principios de siglo, era como un aire fresco con todas las características de un espíritu renovador. El incorporaba a nuestra Escolástica las posibilidades de la escuela de Lovaina, es decir, una apertura a la ciencia del tiempo. Hoy nos resulta difícil calibrar la capacidad estimulante de aquella operación intelectual. Creo sinceramente que a ella se debe no poco de nuestra renovación filosófica. Pero, al propio tiempo, Zaragüeta ha legado el ejemplo de su vocación científica, de su dedicación universitaria, de su liberalidad comprensiva y de su humanidad generosa. En un ámbito habitúalmente tan enrarecido por sarracinas de escuela como ha solido ser el de la Filosofía, muy singularmente en España y, sobre todo, en nuestro dividido y violento siglo XX, Zaragüeta se mantuvo siempre en el sereno decoro que es propio de la vida teorética. Monárquico, católico y escolástico, en una Facultad republicana, laica y raciovitalista, ja- más confundió las discrepancias religiosas, políticas o filosóficas con la hostilidad personal. He aquí un ejemplo que algunos discípulos nos empeñamos en seguir, aunque tantos presuntos liberales se obstinen en hacerlo imposible. Este Curso es, desde el punto de vista del autor, una obra sencillamente definitiva; es la cristalización de una larga y laboriosa vida filosófica. Por su contenido y por su significado dentro de la existencia del que ha sido maestro de tantas promociones de universitarios españoles, la aparición de estos tres volúmenes constituye el acontecimiento intelectual del año 1963. Es cierto que la casi totalidad de estos materiales era ya conocida, y dentro de otra sistemática habían sido recogidos en Filosofía y vida (1950- 1954) Pero en esta refundición cobran nueva actualidad, se configuran dentro de los esquemas clásicos, se ratifican las grandes líneas y se matizan algunos extremos. Esta Curso es, sin duda, uno de los libres que hay que tener en cuenta al hacer la importante historia de la filosofía española en el siglo XX. Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA ESCRITORES AL HABLA ANA MARÍA L vivir en soledad debe resultar muy difícil. La soledad es para unos necesidad vital, pero para otros es asfixiante. Es preciso poseer una vida interior muy rica para que no aniquile y una imaginación muy poderosa para que no acabe secando el espíritu. Ambas cosas: vida interior e imaginación, las posee, sin duda, en alto grado Ana María Matute. Ella ha escogido la serena belleza de Sitges y la acogedora soledad de un ático para estar mejor consigo misma. La primera impresión que da esta escritora es de timidez e inseguridad, pero luego se descubre cierta dureza en sus rasgos y una como agresividad en su mirada que uno no se esperaba. Tal vez sea así la reacción natural, ante el desconocido, de los tímidos y muy sensibles. En cualquier caso. Ana María Matute irradia ese mismo atractivo oí misterioso, ese mismo encanto fugitivo, bes y. no han marcado caminos, como de luz crepuscular, que caracterizan aireado la atmósfera de la novela. Han hecho vincha bien, como Baroja en su mosu literatura. -Durante un tiempo estuve muy preo- mento. Con pantalón de pana y un mechón de cupada por la forma de hacer novela y con el casi convencimiento de que la no- pelo rebelde sobre la cara, me ha recibido vela había muerto, que era un género to- Ana María Matute. Hay libros esparcidos talmente acabado, pues, ¡claro! existían por la alfombra y amontonados en un rintantas opiniones- y tantas tendencias y tan- cón. Intentaba, cuando llegué, limpiar y tos modos de ver y hacer, que parecía que poner un poco de orden en las estanterías. -El idioma castellano es el peor idioma todo lo que se había hecho hasta ese momento Jtabía que barrerlo, que el escritor que existe para escribir, a mi modo de tenia que ser una persona totalmente es- ver. Abriendo siempre las puertas al error, pues me equivoco mucho, me he equivocacondida, que no se sabía nada de ella. Y llegó un momento que me hice un lío es- do y espero que seguiré equivocándome. pantoso y pensé que me acababa como no- El castellano es el instrumento menos invelista o que no lo había sido nunca, si es dicado para mi literatura, para lo que a que era la literatura como se decía o, me- mi me parece que tiene que ser la literajor, como se divagaba. Luego he salido de tura. Si yo pudiera dominarlo, escribiría este desconcierto, pero con la misma duda en inglés, que es el idioma perfecto, no que he tenido siempre: el saber si lo que sólo para la poesía, sino también para la hago es bueno, mediocre o malo, pero, eso prosa... seria el ideal para mis ilusiones sí, con la autenticidad de que soy capaz. expresivas, sin embargo, tengo que escribir He escrito y escribo como yo sé escribir. mi idioma. Yo lucho mucho con el idioma, Si vale, estupendo y, si no, mala suerte. porque el castellano es demasiado conYo soy incapaz de juzgar a los novelistas, creto, demasiado... i No sé! ¡Cada palabra ni, además, tengo ningún derecho. No hay es como un pedrusco! Entonces, cuando duda que hay unos nombres que han con- quieres explicar una serie de cosas como, seguido después de la guerra, mejor que por ejemplo, algo que para mí es impormarcar un camino a la novela, el romper tantísimo en una novela, que es poder exunos moldes. Porque ¡os que han querido presar to realidad invisible, e intentas enimitar a Cela se han estrellado, los que tonces esto diciendo: Torrejón de Ardoz n han querido imitar a Ferlosio, concreta- y íocón y recajo ves que es muy mente con El Jaramá también se han difícil. estrellado. Estos autores y Laforet y DeliAhora advierto que le faltan a sus ras- E