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NUESTRAS CRITICAS Editorial Planeta. Barcelona. N PREMIO En la lotería nacional de la literatura Tía obtenido, este año, Manuel Ferrand el que oten pudiéramos llamar premio gordo al ser seleccionada su novela Con la noche a cuestas para el Planeta 1968. El galardón le sitúa, pues, en un plano preferente de actualidad, asi como en el riesgo honroso de una crítica exigente. Ciertamente, por otra parte, este premio continúa una excelente trayectoria del escritor, destacado ya por su novela El otro bando con el premio Elisenda de Monteada, 1966. Veamos lo que nos trae ahora este joven escritor sevillano, de vocación segura y cierta. LA CUADRICULA. -La novela de Manuel Ferrand está inserta en el más enraizado realismo. Corresponde, pues, a la situación estética que empadrona el ochenta por ciento de la narrativa española. Esta cuadrícula, que define y sitúa un modo de hacer, es, al mistno tiempo, escenario de un relato encerrado entre las líneas de encrucijada de un barrio residencial de Sevilla. Esa humanidad que se mueve en las páginas de la narración está, también, sometida a las coordenadas de un vivir sórdido y humilde. La peripecia, finalmente, se moverá en la línea elemental de unos sucesos que oscilan entre la anécdota insignificante y el melodrama o el folletín. ESTUDIO EN GRIS. -Sobre este esquema situacional, la novela de Manuel Ferrand debe animar su relato, a tempo lento, sobre unas criaturas humildes: Tirso, el campesino fugitivo del pueblo, que encuentra en la ciudad el modesto menester de vigilante de unas obras; Castro, el sereno lisiado, con guien comparte la larga noche desvencijada y triste de los que velan, para que los demás descansen. Este observatorio nocturno, en el que todos los ruidos adquieren importancia, y en él que todas las sombras alcanzan medrosa significación, ofrecen una temática suficiente al narrador, que ausculta con sensibilidad muy fina este contexto que rodea el relato. Hcra de destemplanzas, en que las estrellas se van borrando poco a poco, cansadas de toda noche en vela, mientras por encima de las azoteas y contorneando las torres llega una luz tenue, difusa, cenicienta, como si fuera neblina. Hora de escalofríos definitivos, de huesos traspasados, de lividez, de estómago vacío. Por la calle pasó un coche. Luego, un ciclista. En seguida un carro con ruedas de camión, tirado por un jaco. A lo m e jor, un trapero. Llevaba las riendas un hombre envuelto en pelliza que alentaba de vez en cuando- riá -a la mustia caballería. (Pág. 35. Sobre esta escenografía devastada, el escritor sitúa un trama anecdótica: un accidente de automóvil: la pérdida de una cartera conteniendo una suma en metálico: las largas conversaciones en la que los dos personajes centrales comentan los su- CON LA NOCHE A CUESTAS De Manuel FERRAND Par Guillermo DIAZ- PLAJA De la Real Academt i Ü cesos, y al final- -simbólicamente- el hundimiento de la casa en construcción donde se albergan tos protagonistas. Toda esta sucesión anecdótica está vis- ta desde la pupila de los mismos y bajo su peculiar perspectiva mental. Es, por lo tanto, una visión derrotada como ese jardín de noviembre que se describe en la novela, con las ramas finas, desnudas, de los árboles clamando al cielo, con la savia dormida hasta que llegasen los pájaros en bandadas Pág. 18? EL ENCUADRE. -No siempre. El encuadre sociológico del relato escapa, alguna vez, a la mirada de los dos interlocutores para ser observados por un personaje de cierta tensión intelectual, el escritor exiliado que, regresando a la ciudad, la analiza con su óptica de recién llegado: -Esta es la ciudad de las grandes fiestas, de las funciones benéficas, con dos estadios de fútbol y ni un solo teatro. País de analfabetos que tiene los colegios más suntuosos de España. Y si hablamos de música, ¿qué me dice usted? Para que la gente vaya a un concierto, tiene que ser de marchas procesionales. Ahora, eso si, de aquí son los mejores rejoneadores, las mejores cupletistas y los jornaleros más buenos, más solicitados por media Europa. Pág. 189. Esta mentalidad escrutadora es, un poco, la del novelista, que hace desfilar por páginas de su relato una pequeña humanidad de picaros, aventureros y mujercillas, cuya característica general es la miseria o la ignorancia. Manuel Ferrand Et Ubro de bolsillo Alianza Editorial 5 oQ s Pfialos t i t i libreril e kiasc kiMtiltet Cn 0 ttts coitfctrion, íam trom torno oto la Historia j política de la E paña contemporánea, 1868- 1902! MELCHOR rERNANBEZ- ALMAGRO s JSÍ LENGUA Y HABLA. -Probablemente esta calidad humana aconseja al escritor el uso de una lengua muy simple. Los personajes se expresan en la forma coloquial, recogida de acuerdo con el canon realista del relato- usté llegad -gue afecta no sólo a una peculiar ortografía, sino a unas formas del habla dominadas por el cliché tópico, simplificado por una muy elemental conciencia intelectual por parte del hablante. Desde el punto de vista de la prosa del narrador, también el contenido sociológico del relato parece afectar al estilo que se mueve con una sencillez descuidada, de, estirpe barojiana, construida al hilo del relato, con el simple propósito aparente de permanecer fiel al canon de una elementalidad comunicativa. En algunas ocasiones- -muy pocas- -intenta el escritor una breve evasión, al modo de las greguerías ramonianas. Por ejemplo: Ya estaban encendidos los luminosos, llenando en diversos tipos de letras la gran pizarra de la noche. Rótulos con intermitencia, como guiños, o fijos y seguros de su cometido. Los letreros desbordaban por las fachadas el fulgor de sus venas como si por ellas circulara el zumo de todas las luciérnagas del mundo. En el gran muestrario de la calle, el relámpago domesticado, dócil, el que no amedrenta ni al más asustadizo, desplegaba el babel de siglas, de extranjerías, de nomenclaturas sin pies ni cabeza. Fág. 150. Pero estes momentos son, como digo, excepcionales en el curso del relato.