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y poesía, cada día Nace en 1926 en Ciudad Real. Maestro nacional y licenciado en Derecho Estudios y traducciones de poesía portuguesa. Obra: Una lengua emerge Quedan señales La vintura Todo está vivo La cesta y el rio Oda a Nanda Papiri Junio l ÁNGEL CRESPO UN VASO DE AGUA PARA LA MADRE DE JUAN ALCAIDE Te recuerdo callando entre mujeres mientras tu Juan, metido en una caja, aguardaba los puentes de la tierra Yo no le quise ver porque me daba miedo. No porque de la muerte me estremezca ni un muerto me dé espanto, sino porque era Juan con su calva y su frente y con sus labios gordos y sus manos helándose. Entonces me dio miedo de estar en Valdepeñas, de haber llegado en tren por la mañana y haber bebido vino antes de verte. Porque tu estabas quieta en una silla sin pronunciar un verbo y con un gesto de no importarte nada ni yo, ni el tren, ni Valdepeñas, ni tu hermana, ni el cura, ni los salmos, ai el maestro que viene y te saluda. Apenas si sabías dónde estabas, si en tu casa, en la iglesia con las monjas, o en el Ayuntamiento pronunciando un discurso pidiendo que arreglen una calle. Transitaba la gente por la alcoba, y tú, entonces, pensabas en que aquél lleva sucia la camisa, en hilo azul para zurcirla, en niños que ven un aeroplano, en Juan corriendo, en reparar el mueble de las mantas, jan sentarte en el suelo para morir de prisa Cerca estaba tu hijo y hacían fuerza para alzarle algunos, dejo caer objetos, como señal de estancia sobre cada país, desde la altura; Sobre Francia una rosa, como señal de haberla visto; un ala de gaviota sobre Italia, como signo de no haberla tocado; una rama de encina sobre Grecia, como señal de haberla comprendido. Dejo caer un espejo roto tobre las arenas del desierto para dar testimonio de que le he llorado; sobre Arabia unas gotas de vino, porque he escuchado sus plegarias; sobre la India un saltamontes verde, para indicar lo que en llegar tardé; sobre China un cuaderno con dibujos que hacia de pequeño; sobre el Japón un mapamundi; sobre América dejo caer mis zapatillas, sin indicar con ello nada en particular, y, tras dejar caer un grano de arena en Zas Azores, llego, por el Estrecho, hasta mi pueblo y noto, con sorpresa, estar caliente la silla, estar la casa perfectamente en orden y mi madre sirviendo el desayuno. LA VUELTA AL MUNDO Canto a las tierras que nunca he visto. Sin salir de mi alcoba me remonto vuelo, contemplo, escucho.