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IOS ANOS LOCO AMOR, SIEMPRE AMOR GUNAS DE LA JUVENTUD Por Begoña GARCÍA- DIEGO AY cosas que no han cambiado nada: el olor a nardos en primavera, el trio de las esquinas madrileñas cuando sopla el viento serrano, la falta de comprensión entre padres e hijos, el miedo de los niños a la oscuridad, la impresión maravillosa del primer baño de mar luego de nueve tediosos meses de oficina, y el amor. Y es que el amor siempre es el misvw, aunque parece que ha cambiado un poco en ia forma, últimamente. Sin embargo, otras que creíamos inmutables tales como la enemistad entre las religiones, la lejanía de la Luna y la muerte de cada persona con su propio corazón en el pecho se han heclio añicos con el progreso. Hoy somos íntimos de los judíos con cara feroche que venían pintados en la Historia Sagrada, merendaremos en la Luna el año que viene y a poco que nos descuidemos nos iremos al otro mundo con el corazón de una chiquita de color, por ejemplo, que se pegó ¡a castaña, mortal e. l mismo día que nosotros necesitábamos sus jóvenes ventrículos. Yo creo firmemente en el progreso indefinido y sé que todo está hoy mucho mejor que hace cien años y que hace veinte pero peor, seguro, que dentro de cien e incluso dentro de veinte. Los niños de ahora están más sanos y se crian con mayor facilidad que los de antes porque la dietética y la medicina han dado un gran paso. Los muchachos rebeldes a los que tanto se critica son, a mi parecer, estupendos, puesto que no se resignan a convertirse en borregos y reclaman su derecho a opinar, su derecho a elegir, su derecho a comportarse como adultos y poseedores de voz y voto. Algo ha cambiado el amor y también a mejor, naturalmente, pero sólo en ia superficie, porque es un sentimiento inmutable como el Sol, firme como una de esas rocas viilenarias, fuerte como una tormenta en el campo y tan irrompible y duro como una maroma de barco. Las parejas de los parques madrileños, los novios jovencitos en los cafés de provincias, amarillos de tedio y de luz de neón, los prometidos ya maduros que se cogen las manos un poco avergonzados en los merenderos de las afueras usan el mismo ff