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MADRID, -SÁBADO 4 DE ENERO PESETAS DE 1969- NÜM, lg. 592 TRES DIRECTOR: TORCUÁTO LU CA D E TENA. DE PÓSITO L EGAL: M- 13- 1958- 100 PAGS. HABRÁ GUERRA EN ORIENTE MEDIO ESTE AÑO, AFIRMA AL AHRAM (Crónicas e información en págs. 17 a 20. LA CESIÓN DE IFNI ES UN PASO ADELANTE EN LA POLÍTICA DESCOLQNIZADOBA DE ESPAÑA El destino de los Kennedy parece ser- -sino fatal- -la victoria siempre Washington 3. (Crónica de nuestro corresponsal, por telex En el crepúsculo de la Administración demócrata del presidente Lyndon Johnson, se ha producido hoy en esta capital un hecho parlamentario significativo: la ascensión de un joven político ambicioso al segundo puesto de mando de la mayoría demócrata del Senado. En efecto, después de una apretada votación secreta entre los 57 miembros demócratas de la Alta Cámara norteamericana. Edward Kennedy, el último de los hermanos Kennedy, ha sido elegido al puesto de whip literalmente látigo que en la terminología parlamentaria anglosajona significa aproximadamente el diputado encargado de velar por los intereses de su partido en las Cámaras, en este caso, el Senado, la Cámara Alta. Desde 1965 el whip demócrata del Senado era Russell Long, un conservador sesentón del Estado sureño de Louisiana, activo, simpático, conservador e influyente en la trayectoria de la Administración. Desde hoy es Edward Kennedy, de treinta y seis años, con sólo un mandato en la Cámara. No es que Long renunciara a su alto puesto. Todo lo contrario. Long trató de mantener su posición, sostenida ferozmente por los senadores conservadores y los sureños de su partido, pero Kennedy le disputó el puesto y acaba de ganarlo hoy por una votación de 31 votos en favor y 28 en contra. El jefe de la mayoría demócrata es el senador Mike Mansfield, del Estado de Montana, un liberal moderado y blando. que ha ocupado el importante puesto durante varias legislaturas. Kennedy sabía que no podía aspirar a la jefatura sin provocar un serio conflicto partidista, pero ha atacado con mucho sentido de la oportunidad parlamentaria al senador Lona y ha ganado una victoria en la que nadie creía. Una vez más el apellido Kennedy y la ejecutoria liberal del último de los hermanos del clan de Hyannis Port ha triunfado en el poderoso Senado norteamericano, rompiendo todos lós precedentes de edad, prioridad y tradición. El triunfo de Edward Kennedy en la intersante votación de hoy es notable en muchos sentidos. Primero, significa que la trayectoria del Senado será llevada con un criterio reformista durante la Administración republicana de Nixon, sostenido por un ala liberal que en el dramático curso de la guerra de Vietnam dio murhn u hacer a la Casa Blanca de Lymflon Johnson, hasta hacerle la viUa imposible. Un equino Mansfield- Kennedy al mando de la mavoría senatorial, sostenido mor un Coi St 4 de Asjintos Exteriores wsiríiáo por William Fulbright, puede dar ahora, a su vez, mucho quehacer a una Administración Nixon en minoría en ambas Cámaras. En segundo lugar, la elección de Edward Kennedy, planteada abiertamente como un desafío de los jóvenes turcos a los viejos conservadorp complacientes, rompe el precedente histórico de la edad y el tiempo de servicio en la Alta Cámara, donde la emergencia de un senador de treinta y seis años era inconcebible. Long estaba muy seguro de derrotar a Kennedy, y lo decía en voz alta, casi riéndose del joven senador de Massáchusetts. En tercer lugar tenemo 3 la evidencia de que el tercero de los Kennedy está dispu- esto a quemar las etapas políticas para encontrarse n 1972, al término del cuadrienio Nixon, en posición de aspirar seriamente a la máxima candidatura de su partido, la presidencial. Después del asesinato de su hermano Robert por el jordano Sirham Sirham en Los Angeles, en el mes de abril del año que acaba de terB i i n a r- -una ensangrentada proyección norteamericana del trágico Oriente Medio- el menor de los Kennedy, anonadado, guardó un largo silencio político y vivió durante meses encerrado en sí mismo y en el seno enlutado de su familia, sin ni tan sólo acudir al Senado. Cuando los jerarcas del partido, a la desesperada, trataron de reciutarlo para la batalla presidencial de la Convención de Chicago, en el pasado agosto, Edward Kennedy se ne- (Infurmación en pág. 25) gó y apoyó a Hubert Humphrey, el candidato que salió, en definitiva, de aquella malhadada Convención. Después de aquella elección y aquella derrota de noviembre, el joven político de Massáchusetts volvió al Senado y se mantuvo silencioso y enlutado en su escaño. Acaba de verse que estaba esperando su momento, y el momento ha llegado para disputar un puesto de distinción y mando a un veterano como Russell Long. Nadie parecía creer en su victoria, pero el destino político de los Kennedy parece ser- -como un uno fatal- -la victoria siempre. No hay duda que la victoria parlamentaria de hoy es un movimiento avanzado de un peón de ajedrez hacia un jaque al rey en 1972, cuando Edward Kennedy tenga cuarenta años. ¿Por qué, si no, la batalla de hoy? Si las dramáticas muerte- de sus hermanos mayores en el tumultuoso panorama político americano hubieran moderado las ambiciones de este último de los Kennedy, ipor qué disputarle a Long su puesto de mando en el Senado? Ese síndrome Kennedy, ese fenómeno psicológico de los jóvenes actores de una tragedia política norteamericana, esa aspiración incontenible y calculada al Poder y a la notoriedad nacional en este momento de crisis internas, dramas familiares, riesgos exteriores e increíbles hazañas astronáuticas, tienen, me parece, un elemento shakesperiano o la fuerza de un capítulo de Tucídides. -José María MASKEP. Madrid. (De nuestra Redacción. Se acabó la hibernación política del último de los Kennedy, como parausado por el signo de Arlington desde el pistoletazo del hotel Ambassador. Ted, el joven senador por Massáchusetts, ha adelantado el primer paso sobre las huellas de sus hermanos en el camino hacia la Casa Blanca. El destino, engranado en los cálculos estratégicos del partido derrotado en las urnas de noviembre, ha como abocetado en las elecciones para la vicejefatura de la mayoría demócrata en el Senado la figura de quien, en 1972, pudiera ser el Kennedy segundo en la presidencia de las Estados Unidos. i Es la promoción de Te. d a la tarea de velar por los intereses de su partido en la Cámara la primera maniobra de fondo con que los demócratas se disponen a enfrentarse con la aún no nacida Administración republicana. Es un cálculo a largo plazo. Pero es también la señal de que en los cuatro años que distan de las nuevas urnas, Nixon se va a encontrar con una oposición parlamentaria tenaz y batalladora, movida sobre el eje diamantino de la juventud y él mito. La revancha del partido demócrata avanza ya hacia él futuro por la doble vía de la leyenda y la dinastía, por el sendero de la sangre derramada. Apoyada en una juventud dramatizada por él nombre.