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EDITADO PRENSA SOCIEDAD M A D POR ESPAÑOLA, ANÓNIMA R ID FUNDADO EN 1505 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC se hace en las epidemias para evitar que se propaguen. Para el contagio intelectual no hay ni fronteras ni lazaretos. Hoy fabrica genios la propaganda. Horacio, en nuestros días, no tendría nada que hacer. Sus discípulos no serían tan fieles a sus preceptos, como lo fueron los Pisones. Hace años vi una caricatura inglesa que tenía cierta profundidad. En un pueblo había un turista hablando con un viejo decrépito y, lejos de ellos, se veía otro viejo. El turista le decía al viejo: ¿De modo que es usted el más viejo del pueblo? A lo que éste contestaba: -Lo fui. Ayer he dimitido para descansar y traspasado el cargo a ese otro viejo que ve usted allí, que es mi hijo. He aquí la gran rotación de viejos y jóvenes. Lo grave es cuando los viejos quieren aparentar juventud, para que los jóvenes tengan con ellos benevolencia. Francisco DE COSSIO R ED A CCI 0 N ADMINISTRACIO N Y TALLER E S SERRANO, 61 JÓVENES Y VIEJOS S ON muchos los viejos que se refugian en la nostalgia, pensando que el pasado era mejor que el presente. Para estos, el progresó será siempre peor que el regreso. Desde tiempos remotos el hombre ha realizado muchos inventos. Lo único que no ha podido inventar es una nueva manera de pecar. Asi lo pensaba don Juan Valera refiriéndose a Cleopatra, diciendo que, ésta, en punto a pecar, sabía dónde la apretaba el zapato El choque de las generaciones, en todo tiempo, ha producido el mismo fenómeno. La acción de los viejos consiste en frenar el pasado, en tanto que los jóvenes se esfuerzan por inventar un presente. Es decir, el ofrecer a los demás algo distinto. Cuando los medios de difusión publicitaria eran menores, el fenómeno multitudinario de las nuevas generaciones era menor. Carecían de medios difusores para propagar lo audaz y lo extravagante. Solamente los más audaces se exhibían ante los demás, siguiendo la moda, y se creían seres superiores, no por otro motivo que el de ser diferentes. A veces, estos hombres tenían, además, talento. Y, muchos de ellos, en España y en otros países, han pasado a la posteridad como genios. Cuando la extravagancia se contagia a grandes grupos humanos, tiene su muerte más o menos próxima, por la uniformidad. Es el fenómeno de la moda. Comienza en los audaces que la lanzan y termina al aceptarla todos. Fenómeno de mimetismo que ha ocurrido en cada tiempo. La personalidad, sin embargo, cuando se manifiesta libremente y sin contagio, suele imponerse como valor permanente, aunque no lleguen a comprenderla sus contemporáneos. A veces, en su tiempo, pasó inadvertida, o fue combatida porque, ni los doctos ni los ignaros supieron comprenderla, pero alguien, pasado el tiempo, lo pone en primer plano, y así surgen en las ciencias y las artes los genios. Próximos a nosotros el Romanticismo y el clasicismo, estuvieron en pugna, mas vistas con perspectiva estas dos tendencias, advertimos que en las dos escuelas hubo genios. Moratín tradujo a Shakespeare para escribir en sus notas que Hamlet era una tragedia Uena de disparates. Hoy nadie puede admití como válidas estas anotaciones, y lo mismo Shakespeare que Moratín ocupa. el lugar que les corresponde en la literatura de sus respectivos países. Con esto hemos de pensar que todo es uno y lo mismo, y que los hombres, en el curso del tiempo, se han conducido de modo semejante. Los padres y los hijos nunca se han entendido del todo y, posiblemente, hoy la disparidad se advierte más profundamente, ya que la juventud se encuentra más libre para adoptar posiciones extremas. El contagio se propaga por medios difusores mucho más rápidos que antaño. Y, sin embargo, pensemos que todo fenómeno de contagio no se combate sino por el aislamiento, como LA CITA ES EN LA LUNA N OS hallamos en trapee de alcanzar la Luna, como primera etapa de conquistas en el ámbito espacial. Quienquiera la aborde, su gloria será del género humano. El solo propósito explica nuestra calidad. Desde el fondo de los siglos los problemas y sus dificultades crearon incentivos para descifrarlos y vencerlas. No importaron los sacrificios, puesto que cada malogro fue uno menos entre los necesarios en el cálculo de la probabilidad. Y no interesa el plazo, desde que el acontecimiento, si de suyo es tan irrevocable como incontenible, agrega hoy un acicate nuevo en la rivalidad entre naciones armadas de sorprendentes proyectiles que apuntan no vengativos a los hombres, sino promisorios y a los cielos. No cabe duda que la codicia del espacio por la inmensidad de sus revelaciones alcanza en este siglo una impulsión maravillosa. Nos remontó en aparatos cada vez más potentes y veloces, hasta Las madres cuidadosas saben lo que vale BALSAMO BEBE lidado de reducir el tamaño de la Tierra, y hasta vencer en su carrera al Sol. Y nunca como ahora se ha creído advertir tanto signo de luces misteriosas para las noches de ansiedad de otras esferas que también nos buscan, inquieren, persiguen y, sobre todo, encantan; desde que las imaginamos como voluntades de conciencias, o almas de sueños... ¡hombres! Ahora, ¿qué propósito nos impele a la aventura de salir de nuestra Tierra firme para arriesgar vacilación en la que decimos Luna desolada? ¿Por qué subir de un mundo plenamente vivo para caer en otro que juzgamos muerto? La verdad es que el solo hecho de existir, no importa dónde, ya es estar inseguro. Lo cierto es que aún lo que suponemos más inerte se halla en constante animación, desde el átomo a la esfera. Los científicos admiten que no ya sobre el asiento de los planetas y sus satélites, sino en el propio campo interestelar subsisten gérmenes y esporas, es decir: substancia orgánica que desciende a los astros y los puebla como a semillas de mayores seres. Menos justo es decir que hay vida eñ el espacio que aceptar que el Universo todo es un enorme almacigo de vida. Y aunque no fuese así, valdrá la Luna cual favorable trampolín de más lejanas excursiones en la dirección irreversible, desde que las dos alas de nuestra estirpe- -ambición y fantasía- -se niegan a retroceder y a limitar. Lo que más vivo nos seduce de la empresa no es fijar dónde hará pie la técnica del hombre, sino el alcance de nuestro espíritu. Es la fe a que aludimos, de que la vida no es privilegio de tales o cuales mundos, sino gradual culminación de todos. Lo que nos fascina, entonces, es que tarde o temprano hemos de hallar a un semejante en lo que aun no comprendemos, o todavía no responde. Que cualesquiera fuesen su conformación y su substancia, si piensa y siente, ya es nuestro hermano universal. Nos encanta, pues, la intuición de un impreciso llamamiento distante, por el que un día las generaciones futuras podrán salir del soliloquio terrenal al diálogo de las esferas palpitantes, d o n d e también como aquí se sufra, pero se sueñe. Lo que nos atrae, sí, más poderosa que la gravitación para los cuerpos físicos, es la quimera que ayer sopló el velamen de los conquistadores de un Nuevo Mundo, por un océano y hacia unas islas que parecieron a su hora sólo poblados de mitos é ilusiones. Mas ellos nos enseñaron, y para siempre, que los sueños suelen ser, aun los m á s fantásticos, anticipaciones promisoras de la efectiva realidad. Valga, pues, la Luna como la primera isla que halló el Adelantado: aquella promisoria de siempre más distantes, y por lo mismo codiciados Mundos Nuevos sobre una mar infinita, cuyo último anclaje sea la eternidad. Edgardo Ubaldo GENTA Montevideo, 1968.