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que tiene su entraña de granito. Porque una fuente para ser perfecta necesita del granito. El agua debe brotar de la piedra. No hay maridaje más perfecto que el del agua con la piedra: el agua que bruñe en la noche las losas compostelanas; el agua Que brota de las gárgolas de los palacios antiguos; el agua que condecora de musgo los sillares, y el agua aue canta en las fuentes de las plazas... La fuente gallega de más prosapia es la compostelana de Platerías. Se la conoce con el nombre de fuente de los Caballos, por el capricho arquitectónico de los caballos por cuyos belfos manan los chorros abundosos. Al peregrino a Santiago le aconsejo que, en la paz de la noche, haga una visita a Platerías: escuchará la voz de la fuente que mana en el centro de aquel bosque ds piedra milagrosa. Es u n a voz que ya conocen, de tanto oírla, los palacios y las casonas vecinas. Vale la pena escuchar el monólogo eterno de la fuente de los Caballos, y, de vez en cuando, el fuerte aldabonazo- -las badajadas -del reloj catedralicio, mazo solemne que tunde el silencio de la noche. En Galicia hallaréis hermosas fuentes de piedra en cualquier pueblo o villa. Son fuentes donde se dan cita las mujeres para recoger el agua que mana en combas de plata de los caños. Las mujeres, mientras se llena el cántaro, charlan y cotillean. Pero acaso la más gentil de las fuentes gallegas sea la orensana de la plaza de! Hierro. Se halla entre esa fronda de granito que es el Orense antiguo. Es una fuente erguida, airosa, bellísima de líneas, con dos bandejas en lo alto: de la bandeja superior se desborda el agua dejando al adorno de unos verdinosos flecos de musgo. En Lugo hallaremos la fuente de San Antonio, en el corazón de la porticada plaza del Campo. Y en Pontevedra, la de San Bartolomé. Quedan, además, las fuentes de los monasterios, como la bellísima de Las Nereidas que contempló los paseos del padre Feijoo por el claustro abacial de Samos. Pocos motivos habrá para inspirar la musa del escultor más elocuente que el de labrar o erigir una fuente: la fuente, por supuesto, ha de ser de piedra, el más noble de los materiales. (El agua rehusa cualquier otro elemento, ya sea para nacer o para vivir. Para los incontables caprichos del agua puede el artista multiplicar hasta el infinito su genio creador. Así se ve en los maravillosos jardines de Villa del Este, en Tívoli, lugar de ensueño sn el gus se dan cita las, más alucinantes fuentes del orbe. Sí; las cosas tienen un corazón. Y el corazón de cada cosa está en el medio, en el centro, en el lugar en que pondríamos el eje. Pienso, por ello, que la rueda no fue inventada por nadie, como se nos ha dicho. El círculo como imagen de perfección lo llevaba el hombre en la cabeza y lo veía en los astros. Del centro, del eje, nace el círculo. Pues bien; a la hora de poner algo en el corazón de una plaza, de un patio, de un jardín, yo es digo: poned una fuente de piedra, porque el agua fatirá en ella como un corazón que dará vida al paraje... Luis MOUBE- MARIÑO La compostelana fuente de los Caballos, que mana entre un bosque de piedra milagrosaTM