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taban, como hoy, admitidas hasta en la televisión, y lo que en un artista extranjero resultaba tolerable, en uno nacional exponía a silbidos, pateos y dicterios afectantes a los progenitores. Pero España es la tierra de Don Quijote y el primer atrevido fue Ernesto Foliers, joven no mal parecido, aunque sin la fuerza persuasiva de Bertin, si bien cantaba con mayor afinación al imitar a las estrellas y luceros de las variedades de fabricación hispánica. Remedaba con acierto a Pomarina, La 0 h ya, Raquel Meller, Adelita Lulú, Paquita Escribano y otras figuras del género frivolo consagradas en 1911. Interpretaba también danzas de salón colaborando con su gentil esposa, y su actuación sorprendió al público sin escandalizar, pues al a diario el cartelito de No hay billetes Edmond de Bries envenenó con sus victorias teatrales a incontables sujetos que se arrojaron a la imitación de estrellas provistos de miriñaques que hubieran podido cubrir el pilón de La. Cibeles, peinetas tan empinadas como la Telefónica, abanicos gigantescos y otras impedimentas de costosa adquisición. Suplían con. el lujo la carencia de facultades artísticas; pero los imitadores de estrellas de variedades cayeron en gracia al público y surgieron docenas de ellos, como las setas después de la lluvia. En Cataluña, más intensamente en Barcelona, entronizóse Manuel Izquierdo, por sobrenombre Derkas, hijo de padre malagueño y madre filipina, nacido en la calle Bertini, Mirco, Alfredo Mayo, Luis Escudero, Narzy, Morandally, Antonio Alonso, Arnaldo, Pepe Amorós. Luisito Carbonell, Pastrany, Rubens, Antonio Oliver, Graells, Darwin, Fregolino, Vianor, Manolo Rodrigo, Rafael Llofrid, Córdoba, Martini. Miller, Rigoberto, Alvaro de Blanca, Mario de Lerma, Antonio España, Albertini, Wander, Curro Vargas, Difranco, Ibozin, Jesús de Castro... fueron suplantadores de la femenidad, con mayor o menor arte; pero invadieron en tal cantidad los escenarios de variedades, que la mamá de una cupletista exclamó en cierta ocasión lamentando que desplazaran a las mujeres auténticas: -A todos los hombres así los mandaría yo a Fernando Poo. A lo que opuso un perspicaz oyente: DERKAS Consiguió el primer premio en un concurso de belleza femenina celebrado en Berlín, sorprendiendo la perspicacia del jurado. Y se armó un revuelo... FREDDY El imitador de estrellas de más exquisita distinción en los años veinte, luciendo una toilette que todavía en 1968 asombraría en la televisión como una creación suntuaria. MONSIEUR BERTIN En su imitación de la fam o s a dlvette francesa Paulette Darty, especie de Celia Gámez en el París de la belle époque GRAELLS Imitador de estrellas puretonas, cuando perdió esbelteces juveniles. descender el telón Ernesto Foliers desenvolvía una existencia irreprochable. Pero su triunfo fue oscurecido por la aparición de Ascensio Marsal, por remoquete Edmond de Bries, cartagenero radicado en el castizo barrio de Lavapiés, de regular estatura, ni guapo ni feo, mas dotado de una maravillosa distinción y fastuosidad en sus arreos femeninos, que hacían abrir una boca como una espuerta a los hambrientos de riqueza suntuaria. Sedas y pedrerías, gasas y terciopelos, lentejuelas y tisúes, mantones de Manila y, especialmente, plumas de todas clases y colores, convertían a Edmond de Bries en una reina de Saba de la edad de oro del cuplé. Imitaba a Pastora Imperio con rara maestría, y a la Bella Chelito en la famosa rumba de Alvaro Retana y Quiñito Val verde, originando en sus actuaciones verdaderos arrebatos de entusiasmo. En el teatro Fuencarral de la villa del oso y el madroño, realizó prolongadas temporadas, colocando del Cabildo, de Manila, siendo el autor de sus días promotor fiscal de la Audiencia de Cebú. Competía en fastuosidad suntuaria con Edmond de Bries, pero sin igualarle en originalidad y buen gusto y logró figurar como vedette de rango en la Alhambra y el Coliseum, de Londres; el Empire, de París; el Wintergarden, de Berlín; el Casino, de Buenos Aires, y el Principal Palace, de la Ciudad Condal. El más desopilante de los imitadores de estrellas, por el tiempo en que estos señoreaban los tablaos varietinescos era Dorian, festejadísimo por todos los chulánganos de la cabecera del Rastro. Descarado, simpático, ingenioso, trabajaba sin pelucas y por su rostro barbilampiño, de correctas facciones, sus acentuadas redondeces y su aspecto desafiante, se adueñaba inmediatamente del público bulliciosa, cuyas jocundas interrupciones sabía contestar con singular gracejo. -Pero, ¿cree usted oue cabrían todos allí? El último imitador de estrellas digno de consideración fue el conocido con el nombre de Freddy, a quien Ofelia de Aragón, siendo empresaria del madrileño teatro de Romea, presentó como atracción en 1931. Al triunfar en España el Glorioso Movimiento Nacional, las autoridades determinaron prohibir la actuación de los imitadores de estrellas; mas para recreo de los aficionados al arte morboso existen actualmente algunos intérpretes de la canción moderna qus no precisan miriñatíues, peinetas ni mantones de Manila ¡para evidenciarse sus continuadores. Mejor servicio prestarían al arte y a la música dejando los micrófonos y recluyéndose en sus dDmicilios para hacer jerseys de punto. Carlos PORTUNY