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HOMBRE CORONADO mínatoria sobre sus adversarios, pero mas que en ironía las contrariedades le hablan enriquecido en serenidad. Lo que a él le importaba no era haber sido condenado o exiliado, sino la causa de tal condena y el sentido que él daba a su exilio. Todo parece como si hubiera vivido hasta 1936 para publicar Los moderados y desde entonces para comprobar sus profecías. Uno de los hombres que le conocían mejor, y a quien él estimaba más, Saint Paulien. ha escrito: Fue en 1936, dos meses después de la constitución del Frente Popular cuando apareció su obra maestra, Los moderados AI principio no fue para muchos más que una obra centelleante, una manifestación pirotécnica; en efecto, los buscapiés, l a s cascadas, las bengalas, los bouquets y los cometas se suceden en ella y mezclan en el cielo negro sus colores deslumbrantes. La mayoría de los moderados admiraron ese suntuoso fuego de artificio, cerraron el libro y no pensaron más en él. Creo que los cohetes de Los moderados han subido tan alto que se han quedado prendidos en las estrellas Treinta años más tarde puede abrirse el libro al azar y encontrar sobre la civilización: Es preciso mirar en lo profundo y en lo extenso de la historia, el esfuerzo de las diferentes sociedades humanas, que parecen, elevándose separadamente, destacar valores que les son comunes, de suerte que podría decirse que cuando llegan hasta donde el hombre puede alcanzar, sus murallas son más bajas que sus palacios y no impiden a quienes van en ellas mirarse libremente. Así es como Aristóteles y Santo Tomás se responden, como Cicerón podría conversar con Lavoisier, como los más nobles de los cruzados y de los musulmanes cambian las mismas irradiaciones de caballería; como un jesuíta y un sabio chino, producidos por dos mundos casi sin relación, se encuentran, sin embargo frente a frente en el mismo plano Estas fraternidades involuntarias, al cabo de esfuerzos separados, este encuentro supremo de quienes no se han buscado, es sin duda lo más b- llo que pusda ofrecer nuestra especie. Si la palabra humanidad tiene un sentido es cuando tiembla como un fultíoi obre esa reunión de algunos hombres ¿Quién no pensaría en los mejores momentos de un Chateaubriand? No e el valor lo que les falta, sino la energía. Pierden la facultad de íntervenii en las cosas y atestiguan una fuerza dí alma admirable para soportar las catástrofes que, quiza correspondía a ellos prevenir ¿Se piensa que este texto data de 1936? Es verdadero como una página clásica eterna. La claridad es total Ni una sombra, pero también ni una maldad en la intención. Ningún sarcasmo, ni siquiera ironía; casi benevolencia, siempre la mesura. Escuchad: Demasiado imbuidos de lógica para estar prendados de lo real, Sobre Francia: Es, a la vez, el país que mas adecuados para regentar los hombres más ha abusado de la igualdad y el que que para regirlos, pero instruidos, labomenos la ha gozado ¿Fue La Rochefou- riosos, metódicos, de una probidad rigurosa, de un patriotismo tormentoso, tanto cauld más luminoso? más de Sobre los moderados Puesto que no ellos convencidos de sus méritos cuantoestenían la prueba en sus triunfos hay más que un partido en Francia el que colares; tanto más seeguros de sus caliengloba la izquierda y la extrema izquier- dades cuanto éstas no se desligaban jada, y que los moderados no son otro, más de la gracia o ¿qué son, pues? Son los restos de una so- bres que representanla grandeza, esas homlo que podría ciedad. Cuentan más en el aspecto de se las cimas de la mediocridad se llamarFrancia que en su historia. En ningún dispuestos a ser los aristócratas de sentían sitio ese desfallecimiento de los mejores púfclisa, mucho menos frivolos, sinla Reduia, habría sido tan sensible como en Fran cía: parece que los hombres que forman pero atambién menos amables que aquequienes pretendían reemplazar Y la élite de la nación la abandonan, que llos su en se aislan en el capullo de sus cualidades esoscorazón se anega cuando piensaamaque se encierran en el claustro de sus vir- bles tiempos más frivolos, pero más la cuando era tudes. Se dirían que no se desarrollar, monarquía abrazar tan natural para a la Francia entera más que para abstraerse, que no se reali- en sus brazos zan mas que para anularse. Se hacen un poco demasiado delicados, demasiado buenos, un poco demasiado pacientes para esta mundo: se cree a veces ver un santo iniciarse en ellos, pero también se ve así ¿Tras haber tenido tanta razón, puede n: hombre terminarse. No aumentan su Bonnard merecer el reproche de haberse mérito más que desvaneciendo su relieve. equivocado al rechazar en el tiempo que le condena, destruye sus dioses, y contra el cual su muerte solitaria y casi anónima es una sentencia definitiva? Su expresión favorita para designar al humanista hecho de paciencia y de audacia, de cultura y de novedad, eterno en su rejuvenecimiento y siempre clemente, era: el hombre coronado. Muchas veces me repetía: Es necesario saber bien lo que era el hombre coronado para saber de dónde venimos, lo que hemos perdido y lo que podemos reconquistar porque no carecía de esperanza Tan cultivado como los más grandes del siglo XVíu, tan gracioso, no menos lúcido, era el polo opuesto de la esterilidad de aauíllos. El texto que escribió sobre la muerte en el exilio supera a todos y los ccmolsta: Plenamente convencido de que asistimos a una caída Inmensa del hombre y de que fuerzas materiales de una potencia irresistible trabajan, sin cesar y por todas partes, para reducir a la uniformidad, a la insignificancia, a la vulgaridad, a esos seres humanos que se distinguían antiguamente por la fantasía de tantos caracteres diversos, persuadido de que el hombre deja tras de sí las cimas de! arte, el heroísmo y la santidad, seguro de que mi propia patria pertenece al pasado, debe resultar mucho más fácil abandonar un mundo en el que nada queda para retenerme y del cual no tendré que echar de menos más que la luz... No hay aquí bastante vida para que nuestra alma esté contenta Se habrá podido t T psar al visionario de la primera fra i hombre coronado, enteramente en la J V ma, queda invencible. Jean VStXi