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NUESTRAS CRITICAS Madrid, Colección Mairena, l. DEL OTRO LADO De Enrique AZCOAGA Por Guillermo DIAZ- PLAJA De la Heil Aeaiicmw F IDELIDAD. Cumple Enrique Azcoaga más de diez libros de poesías con la publicación de éste. Desde La piedra solitaria y El canto cotidiano aparecidos en 1942, una frondosa teoría de versos, editados aguí o en la Argentina, dejan constancia de su fidelidad a la expresión lírica. Diré en seguida de otra suerte de fidelidad: la fidelidad a si mismo. Así la sucesión de sus libros opera como una suerte de redondeamiento progresivo de su propia estatua de creador poético que va acendrando sus músicas, pasándolas amorosamente por el cedazo del tiempo. LA CONSIGNA. Abanderan el volumen unos versos con voluntad de consigna. Son los que dicen: Con sueños y palabras. Con palalabras y sueños, camino hacia la muerte, viviendo. Con conciencia que sueña con sueños que no entiendo, camino por la vida, muriendo. Versos expresivos de una estética, pero especialmente de una ética. Porgue éste es un libro de pasión meditabunda. Y su eje central es el devenir de la vida hacia la muerte. De ahi que su apoyatura lírica sea el tiempo, la conciencia de lo temporal. Este cuadro de valores basta para poder definir al tremenda radicalidad española del libro, en una línea de dioses mayores que va de Séneca a Quevedo y de Quevedo a Antonio Machado. Basten cuatro versos: sólo estos cuatro: Presumo de haber hecho mi camino. De haberme muerto tanto y de tal suerte. que viéndome posible más que fuerte soy muerto que aún decide su destino. (Pag. 35.i El diagnóstico critico de esta tradición poética es, pues, sobremanera fácil. Pero hay otras cosas. ESTÉTICA DE LO PROVERVIAL. Ya hemos visto que la estética de Enrique Azcoaga camina gravemente por el decir sentencioso, en la buena línea de la lírica del proverbio, del buen decir meditabundo, concentrado en síntesis fulminantes. Es una poesía del ser caminante, y aún diría, heideggeriamente, del ser- para- la- muerte ¡Y qué curiosamente la contemplación de lo mortal es paradigma de lo vital! La reflexión sucesiva del poeta se hace de este capital contrapunto y se apoya en la conciencia con que contempla el caminar del tiempo. Sólo cuando el éxtasis de la música- -Mozart- -lo pone en vilo, lo sitúa fuera de esta meditación: No hay tiempo porque no hay pena. No hay dicha, cielo; no hay tarde. La vida es un mediodía que manase. (Pág. 53 Este juego de- tensión, certeramente manejado, conduce a la etapa culminante de este libro: a los briosos y equilibrados sonetos de su parte final. Son unos versos, a la vez, robustos y delicados, en los que trasciende la más alta y mejor aprendida savia quevedesca: Una inutilidad que persevera. Una perseverancia hecha figura. Figuración siniestra y admitida. (Pág. 84 EL CONTRAPUNTO. Aparte, pues- -pero unida- -a esa meditación trascendente, del mañana ineluctable, de la muerte necesaria y terrible, navega por el libro una silenciosa alegría. Una alegría que viene decorada, y explicada, por notaciones a la música del Setecientos: Haydn, Mozart. E? poema suena entonces a dulce plenitud vital: Delicia de la delicia. Primavera del donaire. Virtud de claveles hechos de agua y aire. (Pág. 53) No todo es muerte en la vida. Hay en el poeta una alegría de sentirse compañero a las cosas que existen, que están, que crean, en suma, su circunferencia de hombre. De todo espero a ser el compañero... Fui joven, novio, esposo... espera, espera. Ahora que camino como siempre dejando atrás en mí alma, lo cumplido y soy cumplidamente un hombre en marfcha, me he convertido en hombre que acomI pane. el algo que precisa compañía, como si los caminos condujeran al que sólo y después se siente en todo. íPág. 39 He aquí, pues, el contrapunto vital y la consigna mortal que juegan el difícil equilibrio de la vida consciente y meditadora, asomada a la orilla agridulce de los años que pasan de la vida creadora de vida. LA FORMA. Una temática así, grave y profunda, requiere un instrumento versal acompasado a su hondura. Utilizará Enrique Azcoaga el romance de arte mayor, endecasílabo, en los poemas de tipo discursivo y plural- Resumen Autorretrato Punto muerto -y, a veces, el verso blanco. Otras, se acerca a los modos más ligeros del octosílabo, también asonantado, que se ajustan bien a su modo proverbial. Finalmente busca en los sonetos la expresión ceñida y rotunda que corresponde a los temas capitales de la segunda mitad del libro. Algunos de ellos son extraordinarios de perfección, de fuerza y de equilibrada hermosura. Enrique Azcoaga Soy algo de ceniza y de madera. De especie insuficiente, de impostura. De piedra residuaria sin salida. SEMILLA Y SURCO PABLO DE AZCARATE Misión en Palestina. Nacimiento del Estado de Israel 230 págs. 160 ptas. Pocos saben que e! ilustre autor de este libro, ex secretario genera) adjunto de la Sociedad de Naciones y embajador que fue de la República española en Londres, tuvo un papel de primer orden en la trabajosa creación del Estado israelí Por encargo de la O. N. U. asumió la Secretaría de la Comisión de Tregua e intervino activamente en la Misión mediadora del conde Bemadotte, muerto éste asesinado en cumplimiento de su tarea. La azarosa experiencia vivida durante cuatro años, de difícil negociación y de riesgos, sobre el territorio de Palestina es relatada en esta obra con una ecuanimidad y un lujo de detalles sin precedentes. Termina con un apéndice en el que se comenta la explosiva situación presente a consecuencia de a gj; r- a de ¡os íeis días. Con mapas ut. -s Je te CORRESPONDENCIA Rogamos quo toda la correspondencia refVrenlo a esta Sección sea dirigida a Mirador Literario y a las seña del periódico: S e r r a n o 61- M a d r i d- 6 EDITORIAL O DonneH, 27- Tel. 226 2 S 13- ladrid- 9 Brusi, 46- Tel. 227 47 37- Barcelona- 6 TEC N O S