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E H estos tiempo actuales, que lo misino e habla del holocausto nu olear que de streap- teases deücadísimos preparados para puritanos, hasta la comida sude presentársenos de la man e más decorativa. Agüella sencillez perejülstksa de la merluza en salsa verde o 1 ingenuidad un poco insulsa de las albóndigas de ternera tratan de reemplazarse por minutas de ana espectacularidad subyugante, encontrándonos con te la cocina casera preferida como ea natural por los amantes del sentido coman y de la buena mesa, ae ha retirado un poco a cuarteles de invierno ante la irrespetuosa invasión de platos con algo de apoteosis revisteriles. jHay que ver el partido que tos cocineros han sacado 1 rábano, por ejemplo, olvidándose de las guarniciones donde el tomate asado tenía algo de renta escasa! i Qué tonos, qué tonos Joviales y variopintos los de las comidas de nuestros días si las comparamos con aquellas en las que la pepitoria rodeaba de fantasía a los pobres volátiles caídos! Cuando el celofán hizo su irrupción masiva en nuestra época civilizada me apresuré a considerar la falta de prestigio de un mundo que lo necesitaba para abrillantar su pobre atractivo. Hoy que un plato de sopa, por ejemplo, puede convertirse en una aventura gastronómica con calidades casi expresivas, quiero saludar a la comida con seax- appeal 8 e la hora y recomendar a los gourmets capaces de estos lujos, que visiten las salas dé exposiciones para no quedar en ridículo mte los maitres Aquello de pedir unas sopas de ajo espesltas ya no ¡puede hacerse, cuando lo que se lleva es exigir una crema a lo Van Ooffh de primera época Esos anticuados, que en el maravilloso momento de entrecot suelen pedirlo poco pasado tienen que ponerse a la altura de las circunstan- das y reconocer que lo que conviene después de unos entremeses expresionistas o de una sopa Wlaminck es un entrecot ni Matisse ni Braque o en el peor de los caaos, unas costillas muy Picasso para terminar. En el plano de las aves, en w vez de pato a la naranja exíjase pato Van Dongen o en todo caso, pájaros Renoir o capones Utrillo pensando, como es lógico, en los mundos pictóricos de estos artista Debiéndose a la hora de los mariscos y de los postres no confundir unas ostras frescas con unas ostras Marie Laurendn con frambuesa ni un jugoso melón del tiempo con ese melón Klee, pigmento anaranjado que próximamente nos ofrecerán en las tabemitaf, donde aún vamos a comer algún que ot o cocido o las inefables Judías coloradas. La comida con seax- appeo. r, sin embargo, es una consecuencia inevitable de la pedantería coyuntural de la hora. Cuando tantísimas entes hablan de la manera mas delirante y los apósteles ió la libertad suelen ser los caricaturistas en vez de los poetas no es nada extraño que el arroz con leche- -que a mi ove ha parecido siempre una de la cosa mas deudosas de este mundo- e vea reemplazado por las nueces con pipermín tremendamente expresivas, y la macedonla. de frutas, antaño tan decorativa por un postre Mondriaa que el otro día me dieron en una de esas casa donde lo mas elegante es sentarse en el íuelo, resuelto a base de crema violeta, dátiles deshuesados, granadas primerizas y alguna que otra galleta de esas que saben a materia. SI problema no es hacer de lo que ae tiene algo mejor, sino de lo raro una realidad alimenticia. Lo que pretende la comida con seax- ape T no es convertir v lo ñútetelo en un manjaír casi poético, sino disimular a lo decorativo, esa falta de consistencia que tiene todo lo que actualmente incluso celebramos, volatilizado lo legitimo, lo auténtico, lo verdadero y casi lo real Engalanar una mesa desde el servilletero al potaje, adornando éste y aquél con primores estimulantes, siempre ha sido grato. Ahora bien, reemplazar el huevo de pollo de granja o de la chuleta de puerco bien nutrido por esas cosas llenas de seaxappeal que ahora constituyen la alegría, por lo menos, de las grandes revistas ilusradas, alarma al hombre de buena fe. A mí me parece muy plausible cualquier campaña contra lo vulgar o lo mediocre, y en este sentido, si la comida con seaxappeal intenta algo parecido, punto en boca. Yo no me niego nunca a que el habitat del hombre sea cada vez más digno y mas noble, siempre y cuando la cosa sea exigida por la nobleza y dignidad de su poblador. Sin embargo, meter a crudos sin pretensiones en espacios decorados a la última, sabe a algo demasiado fraudulento. Tomarse una sopa que tenga menos substancia que firulitez decorativa, equivale a un afán suicida bastante ridículo. Y si es verdad que lo ridículo, batido con lo pedante ha llegado en nuestro tiempo a cimas inescalables, no es menos cierto que lo más decente resulta desear comida sencilla para la mayor cantidad de gente posible en vez de manjares superferolíticos para opulentos desganados. A muchos también nos resultarían admirables los platos con seax- appeal en un mundo de salud, posibilidades, de futuro indiscutible. Pero comerse cualquiera de esos que contemplamos en las publicaciones de lujo además, en una época donde tantísima gente no tiene lo suficiente para alimentarse, debe ser como tratar de digerir difícilmente a un indudable agente provocador... Enrique AZCOAOA