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ABC. V I E R N E S 9 DE M A R Z O DE 1968. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 5. INFORMACIONES Y NOTICIAS TEATRALES Y CINEMATOGRÁFICAS Cara deplata de Valle Inclán, en el teatro Beatriz PRESENTACIÓN DE EL VERANO EN EL VALLE INCLÁN En el teatro Valle Inclán presentó Trino Trives la comedia de Romain Weingarten, traducida y dirigida por él, El verano En un decorado de Ensebio Sempere, Enriqueta CarbaUeira, Alberto Alonso, Francisco Cecilio y Juan Francisco Margatto, interpretaron los dos actos de la pieza con atención creciente del auditorio, que al fituzl premió su labor con una larga salva de aplausos que hiso levantar el telón numerosas veces. Mañana publicará ABC un comentario crítico de esta obra. Inclán se convierte en mascarada y cuadro plástico de figuras de cera caprichosamente animadas. Y, sin embargo, a pesar de todo eso, de cuando en cuando la emoción brota y el sentimiento estético nos invade. El relato, más novelesco que teatral, reducido en la escenificación de la obra a una continuidad épica de instantes culminantes, nos gana con su desarrollo lineal, en el que hay un agitado ir y venir de unos a otros, por esos escenarios entre San Clemente y Viana de Prior, que son el campo reconstruido, idealizado por Valle Inclán para las andanzas de su marqués de Bradomin y de este don Juan Manuel de Montenegro al que conocemos en las primeras páginas de la Sonata de otoño ante de verlo demoníaco y religioso, soberbio y arrepentido, feudal y arcaizante en la hermosa trilogía de las comedias bárbaras ¿Es éste un camino para el teatro moderno? Yo creo que no. Que esto es lo menos transportable de la estética teatral valleinclanesca, pero no por eso deja de ser admirable la capacidad de condensación dramática del escritor y su fuerza para crear estampas expresionistas que van desde Goya al teatro de la crueldad de Artaud. Tal vez una realización menos realista, más especial, más de alusiones, más desnuda tuviera la fuerza de darnos el dramatismo valleinclanesco en su desnudez, bella fruta de palabras y luz. Pero ése sería otro intento. En éste, insisto que muy devoto y meritorio, quedan mezquinamente inmediatos los datos realistas del decorado y lejanamente simbolizante la música de Montsalvatje, cuyas leves resonancias folklóricas ni nos dan a la Galicia de las comedias bárbaras, ni a su jocundo paganismo, ni a su alucinada superstición religiosa. En la labor interpretativa, errada como conjunto, desafinada si es lícito usar esta fórmula de crítica musical, hay que destacar el esfuerzo notable de Luis Prendes por dar a ese gigantesco don Juan Manuel de Montenegro el de la estentórea voz. En algunas escenas, y fundamentalmente en la de la seducción de su ahijada y en la final de la obra, obtiene grandes efectos de actor. Vicente Farra resulta débil, superficial. No ahonda en ese personaje tornasolado y cruel que es Cara de plata Magnífica Eugenia Zuffoli, a cuya hermosa voz, sin necesidad de remedos de acento, le va la música de Valle Inclán; desgarrada, aunque no exactamente como convendría, Paquita Ferrándiz, y muy en su punto Ramón Duran. La interpretación de Luis Torner es muy desigual. A momentos de gran calidad añade otros en que se le va la línea del personaje, y José Cerro, en so gran escena, acierta a dar el gran guiñol, a ser el pelele goyesco que hubiera placido a nuestro eran don Ramón de las Eugenia Zuffoll, Ramón Duran, Silvia Tortosa, Vicente Parra y Luis Prendes Teatro Beatriz. Título: Cara de plata Autor: don Ramón del Valle Inclán. Director: José María Loperena. Intérpretes. Eugenia Zuffoli. Luis Prendes. Vicente Parra, Ramón Duran, Luis Torner. Paquita Ferrándiz. José Cerro, Silvia Tortosa. Rafael Calvo y otros. Decorados: Emilio Burgos. Música: Xavier Montsal vatje. Dar la comedia bárbara de ValleInclán Cara de plata la expresión plástica que supone su incorporación al escenario es una empresa que por si sola suscita admiración y merece aplauso. El joven director Loperena y su aguerrida hueste teatral han realizado un trabajo meritorio y difícil. lo que no quiere decir, en modo alguno, que hayan logrado lo que Eugenio d Ors llamaba la obra bien hecha Siento tener que disentir en el que supongo será general coro de alabanzas. A mí, profundo conocedor de Galicia, en la que he vivido no menos de una docena de años, enamorado de su literatura, que he escudriñado desde Meendiño a Cunqueiro, con algún largo y entrañable trato con la obra de don Ramón del Valle- Inclán, esta versión de Cara de plata no me ha gustado. Conviene puntualizar que esta negativa no es a la totalidad de la representación, sino a sus aspectos fundamentales. Detalles hay excelentes y aciertos notables. Hay, desde el principio, un fallo grave 7 fundamental: el ritmo de la palabra. Toda la musicalidad expresiva de ValleInclán cae destrozada por un gravísimo error. Unos actores tratan de imitar- -y lo hacen pésimamente- -el acento gallego; otros, incapaces de esto, cortan la prosa creando unas cesuras caprichosas. Casi todos confunden el grito con la salmodia; el agolpamiento silábico no estediado can la declamación basada en los valores prosódicos tan ricos en la prosa del autor de las Sonatas Asi, lo que tendría que ser una gran sonata- -Valle- Inclán continúa en Cara de plata el mundo galaico medievalizante, estilizado y solemne de Sonata de otoño añadiéndole ya acentos esperpénticos- lo que tendría que ser un mundo musical es una algarabía de sonidos desordenados, descoyuntados, inevitablemente estridentes y faltos de la honda melodía del autor, tan estudiada por especialistas estilísticos que no es necesario citar aquí. Roto así el encanto musical de la prosa, el propósito realista de Loperena nos introduce en una Galicia de cartón piedra, tópica, pero desecada. En el pequeño escenario del teatro Beatriz son imposibles las atmósferas que el drama bárbaro necesita, y el dato, el documento visual aparece falseado como esos bares pretendidamente de estilo gallego, cuya decoración consiste en piedras y vieiras, mentira que ya copian hasta no pocas tabernas y mesones de Galicia. Por estos dos inocultables, enormes fallos, la Galicia antigua, bárbara, mezcla de superstición y satanismo, de humildad y soberbia, de sadismo estetizante y feísmo expresionista; la Galicia honda, recreada, milenaria y futurizante de Valle