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E I) 1 1 I RE sv i) O 1 O K ESPAÑOL V. 1 MM R f í) FUNDADO Eh 1905 POR DON TORCUATO LUCA K E D A C Ct 0 D Vil N I STR 4 CI 0 N i so M IED I) D Y T V I EE R E s DE TENA s E K K X 0, 6I E L mundo de la f a s cinación y de la p o e s í a e s t á sufriendo un duro quebranto. Porque el misterio- ¡tan necesario! -se despuebla y a h u y e n t a Porque todo ese hemisferio de lo misterioso, de lo inefablemente bello y metafórico en que se movían concertados e intactos el corazón y la luna, por ejemplo, se nos ha desplomado de repente. Siguen el símbolo y la alegoría, es verdad; y siguen las apelaciones y los recursos al corazón y a la luna, pero con el temor de encontrarlos deshabitados, silentes, con su mecánica soledad y su mudez habituada. Pero ahí están, al alcance de la mano descifradora, descendidos de la región de los sueños y de los amores imposibles, en la escueta desnudez de su realidad desvelada, como la inocencia perdida. Con ello han ganado, ciertamente, la ciencia y la investigación, la anatomía y la cosmogónica celeste, que avanzan a marchas inverosímiles y nos aproximan con enorme precisión al conocimiento, cada día más prodigioso, de la arquitectura íntima de lá naturaleza y de la inf i n i t a complejidad del ser. Vivimos a prueba de maravillas, aunque, en realidad, apenas si nos maravillamos ya de nada. Caminamos con prisa desesperada y no hay tiempo más que para angustiarse v devorar distancias. O, acaso, para divertirse a todo remo. Vamos logrando tantos bienes, muy mal distribuidos, que. al fin. nos sentimos empobrecidos y cansados. Sentimos fatiga y tristeza. Es que funciona mal el corazón. El corazón y la luna están en quiebra: han perdido la exención y el fuero de sus dominios, antes intocados. No es que propugnemos e! cultivo de la ilusión y de la dulce mentira poética o sentimental. Es que se necesita- -como siempre- -de una isla de seguridad donde arribar y huir de tantas realidades que fatigan y duelen. Es que da pena que el corazón- -y también la luna- -vayan perdiendo el secreto de su historia. Uno mira, en una noche serena, a la luna contemplativa, que es ya sólo un astro apagado, con su fría y estéril entraña de cobalto, y teme no poder decir ya con el poeta: MI t, tti r i.l ¡17. d i- I r l. ii. t. ÜM EL COR sobrevenido el d e s crédito. De hecho hay sint o m a s que denun: Om Í ny ¡r s. cian que el corazón está en crisis en la literatura y en la vida. Y. como conse; 1 n ñ a- i O i (U ru í. t t i li. cuencia, cabe señalar un déficit considerable en las reservas del amor. El amor e n ¡y i- n t i l u l va degenerando en negocio, y la vida en Por lo que hace al corazón tenemos cálculo. Se peca más que con el corazón que admirar sin reservas a esos navegan- con el cerebro. Por eso es más ardua y tes expertos- -argonautas audaces- -q u e problemática la regeneración. Brecht hason los cardiólogos, que se han hecho blaba del esfuerzo que cuesta ser malo, a la vela mar adentro del corazón, por las porque el mal se ha hecho cerebral. El avenidas de la sangre caliente y miste- corazón suele capitular ante el dinero. riosa, y se han posesionado de su juris- Y ese es su fracaso. La mujer frivola dicción. Ellos han penetrado en la ciu- apela al corazón para todo; pero también, dadela de! corazón, han asaltado el cas- frivolamente, le liquida sin compasión. tillo y sorprendido 1 a s subterráneas y Cierto es que se ha abusado del coramisteriosas acequias de la sangre. Em- zón; se le ha complicado en todos los barcados en la aventura de descubrir hasta dónde llegan sus riberas, han tomado menesteres y se le han adjudicado todas el corazón, como un pájaro moribundo, las grandezas y todos los desatinos. Los temblando de pavor y de esperanza, en- enamorados, los poetas, los sentimentatre sus manos angustiadas, y como ha- les y los elegiacos le han abrumado de bilísimos relojeros le paralizan y le echan literatura y lo han llevado casi hasta los andar, le sustituyen las piezas o le sutu- deslindes del ridículo. Por eso se dan ran y dilatan con sutilísimas manipula- gentes, livianas de sentido, que se averciones. güenzan de tener corazón. Es un atraso. Todas esas conquistas anatómicas so- Hasta las mujeres- -aunque no conviene bre los fundos del corazón son prodigio- generalizar demasiado- -van d é s e rtando sas, indudablemente. Pero los poetas no del corazón, que era su baluarte defensivo pueden disimular su pena ni su acento de mejor artillado, sobre todo las niñas prielegía. El corazón ha perdido terreno. El maverales, que se asoman a la vida con corazón í su costumbre: respondía deportiva despreocupación y tienen pribien a la llamada poética, a las apelacio- sa por demostrar que no se asustan de nes ai sentimiento y al perdón, a ia belle- nada y creen que el corazón es un esza y al sacrificio. No sé. Era como un torbo. embarcadero para la ilusión y lo indesci ¿Qué ha sucedido? El corazón tiene frado; como el refugio seguro para los recursos definitivos y las razones últimas una memorable y gloriosa historia. La e inapelables, como cuando acudimos al Iglesia brotó del corazón de Cristo, como reza la Liturgia. San Agustin, el gran corazón de Dios. lírico de ¡a verdad, después de muchas Es cierto, por otra parte, que no son los médicos ni mucho menos los que han peregrinaciones, halló a Dios dentro dt licenciado al corazón por inservible y en su propio corazón viajero. San Francisco desuso. Ha sido la gente, eso que llama- de Asís, el enamorado, les descubrió a mos la gente que ha sometido al co- las cosas el lenguaje inefable del corazón. razón a presiones difíciles de soportar, a San Juan de la Cruz rompía el muro de experiencias demasiado crueles. Es po- la noche oscura sin otra luz ni guía, sino sible que le hayamos fatigado con exceso la que en el corazón ardía Y Antonio y apelado a él con incontinencia. Y le ha Machado, el poeta de todas las horas, parece que sigue diciendo a todos ¡os desentendidos del corazón: NDIDO o t I- I 1; ÍVÍ ilf n -i u SUS OFICINAS U; i te i iiijii nlir ¡i f i i. r. iZ i i r nvinla i- I tl r 1.1 u- s i i. i í r i i i i i r fi i j ¡n 1 i m i- r i r- n- i Y habría que sustituir los versos de Fray Luis por los de Pastor Díaz, que, en plena embriaguez romántica, le d i c e a la Juna, desencantado: EFIHE Hermanos Miralies, 93 No decretemos la decadencia del corazón a pesar de esta crisis. Aun le quedan muchas jornadas p a r a ia emoción, la poesía. -la caridad y eí éxtasis. No hay ue desertar del corazón. Lo necesitamos. Porque, a pesar de todo, es algo más que un simple músculo de fibras lisas y estriadas. Bastante más. P. Félix GARCÍA