Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. S Á B A D O 16 DE MARZO DE 1968. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 49. VEINTISIETE MUERTOS EN ACCIDENTE FERROVIARIO EITRE ROBLEDO DE CHÁVELA Y SANTA MARÍA DE LA ALAMEDA Un remolque del Servicio de Obras de la Reníe Los dos primeros vagones del tren se incendiaron se estrelló contra el Ter dé Galicia al inflamarse los depósitos de combustible EL NUMERO DE HERIDOS ASCIENDE, AL PARECER, A OCHENTA, Y NO SE DESCARTA LA POSIBILIDAD DE QUE HAYA MAS CADÁVERES ENTRE LOS RESTOS DE LAS UNIDADES AFECTADAS Santa María de la Alameda 1 S. (De nuestro redactor, enviado especia por teléfono. Terrible. Terrible para las víctimas y para los viajeros que sin sufrir daños han pasado por la espantosa experiencia del accidente; pero terrible también para quienes pudieron prever con certeza lo que iba a suceder sin que estuviera en sus manos evitarlo. El tráfico, por obra en una de las vías, se realizaba por una sola de ellas. La locomotora- tractor que marchaba en dirección a El Escorial debió detenerse en la estación de Santa María de la Alameda. Lejos de hacerlo asi pasó por delante del andén en carrera desenfrenada. Se le hicieron inútiles señales de alto; no podían servir para nada. El ayudante del maquinista venia en el estribo, dando a entender con desesperados ademanes que no era posible detener el pesado vehículo. El personal de la estación sabía que en dirección opuesta se aproximaba el Ter procedente de Madrid. Se manipularon las agujas; pero la locomotora las saltó sin, desviarse de su rumbo, que había de tener fatal desenlace; dio aviso también a la estación de Robledo de Chávela, pero el Ter ya la había rebasado y avanzaba inexorablemente hacia su destino. El resultado del encuentro e s t á aquí, ante nosotros. Hemos dejado la carretera de las Navas del Marqués para tomar un camino todavía impracticable, que es la infraestructura de la futura carretera de Avila. O c h o kilómetros; después, monte abajo, a pie, hasta el fondo del barranco por donde discurre la vía del ferrocarril. Desde lo alto se ven en la noche los reflectores instalados para alumbrar los trabajos; el fuego de dos grandes hogueras, en las que arden traviesas del ferrocarril, y el rescoldo que todavía subsiste en las entrañas del destrozado primer coche del Ter. FANTASMAGÓRICO ESPECTÁCULO Cuando uno se va aproximando, ladera abajo, a aquel fantasmagórico espectáculo que las circunstancias han montado en el lugar del accidente percibe un olor acre. Huele a catástrofe; a brea quemada, a gas- oil, a papel y telas. Es un olor indefinible e impresionante. La parte lateral y la superior del primer coche del Ter cubre a la locomotora- tractor, prácticamente metida debajo de aquél. Los hombres del soplete, encaramados sobre los restos del coche, van separándolos uno a uno arriesgándose a caer con ellos. No sé por qué en esos momentos en que el ánimo de uno está sobrecogido, le viene a la mente el recuerdo del trabajo de los podadores. La locomotora del tren de socorro que ha venido de Madrid tira de la mitad posterior del coche, que está prácticamente partido en dos, y separa con estruendo, polvareda y humo ambas mitades. A la izquierda de la vía se va formando un vertedero de hierros retorcidos, restos de objetos inidentificables, papeles impresos chamuscados- -esos periódicos y revistas que el viajero compra en la estación para entretener las horas de viaje, sin noción, en este caso, de que el viaje iba a ser desgraciadamente mucho más breve de lo previsto. En aquel caos de restos metálicos veo lo único que ha quedado identificable en el coche siniestrado, que es su número 9732. Vuelvo al monte, en la difícil búsqueda nocturna del paraje donde ha quedado el automóvil. Fugitivas nubes compactas ocultaai la Luna, que intenta nítidamente alumbrar aquel siniestro paisaje; pero la ¡interna permite ver entre piedras las huellas de la dramática comitiva que, antes de ser de noche, ha subido por aquí. Por estas trochas, apenas visibles entre los riscos, han sido llevados hasta arriba 22 cadáveres. El caminante vuelve la cabeza y ve allá abajo el resplandor que rodea a las tareas de salvamento. Ahora, después de haber estado allí, el espectáculo se me antoja más siniestro que cuando lo divisaba al bajar. -MENKNDEZ CHACÓN. Sta. María de la Alameda S. Lorenzo de el Escorial ESTACIÓN DE STA. MARÍA Oi ESTACIÓN ESTACIÓN OE ROBLEDO O Robledo de Chávela mes de altos funcionarios de la Renfe, que lo servían doce empleados. Había salido de la estación del Príncipe Pío a las doce treinta y cinco, con dos unidades destinadas a Vigo y dos a La Coruña. SERVICIO DE AUXILIOS DETALLES DE LA CATÁSTROFE Madrid. (De nuestra Redacción. Veintisiete muertos y unos ochenta heridos es el balance, todavía provisional, de víctimas del accidente ferroviario registrado ayer cerca de la estación de Santa María de la Alameda, en la línea Madrid- Hendaya. La catástrofe se produjo cuando el tren Ter de Galicia chocó con un remolque de transporte de raíles, en el kilómetro 70,500, entre aquella estación y la de Robledo de Chávela, exactamente a la una y cincuenta y seis minutos de la tarde. No se conocen todavía las causas técnicas del desastre, si bien parece que el remolque, sin frenos, se lanzó, favorecido por la pendiente, a más de cien kilómetros por hora, por un trecho en que la vía es única por las modificaciones en el tendido. A tal velocidad, el remolque se estrelló contra el Ter 251, con destino La Coruña y Vigo. La fuerza del encontronazo fue impresionante: su estruendo pudo oírse a mucha distancia; el remolque quedó empotrado en el primero de los cuatro vagones del Ter, y a los caracteres, de por sí dantescos, de la catástrofe, se unió el incendio de los depósitos de combustible liquido del Ter, cuyas dos primeras unidades quedaron materialmente destrozadas por las llamas y la colisión. De la magnitud del siniestro puede dar idea el hecho de que al menos veintitrés- -puesto que no se descarta a la hora de redactar esta información la posibilidad de que sean más- -viajeros perecieron allí mismo; otros dos, trasladtidos urgentemente en helicóptero a El Escorial, fallecieron a poco. Poco antes había pasado de largo el remolque por la estación de Las Navas, y seguido su desenfrenada carrera por la de Santa María de la Alameda, pese a las insistentes advertencias y avisos que se le hicieron. El Ter iba ocupado por ciento cincuenta y un viajeros, y parece, según infor- PISOS CON TRES DORMITORIOS CALEFACCIÓN Y PARQUET ENTRADA ÚNICA EDIFICA COCA S. A. EMPRESA CONSTRUCTORA 8 5 0 0 0 PTAS FACILIDADES HASTA. 96 MESES PUfcRTA DEL SOL. 9,3 1- Inmediatamente se organizaron los servicios de socorro a cargo de la Guardia Civil, médicos y vecinos de las localidades próximas. Se utilizaron helicópteros para la evacuación de los heridos más graves y gran número de ambulancias; también partieron para el lugar equipos de la Renfe para limpiar la vía. Se personaron también con la máxima rapidez el gobernador civil de Avila; el general Corrochano, de la Guardia Civil; el consejero delegado de la Reníe, señor Moreno; el delegado del Gobierno, el director de la primera zona y otros mandos de la Renfe. El presidente del Consejo de Administración, señor Calvo Sotelo, y el director general fueron inmediatamente informados en Cataluña, donde se encuentran, y el señor Calvo Sotelo se dirigió a Madrid. El rescate de los muertos, casi todos horriblemente mutilados o carbonizados, era dificilísimo, y para su identificación, en el caos del siniestro, se esperaba la llegada de los familiares. Como decimos, no se descartaba la posibilidad de que en el maremagnum de hierros retorcidos se fueran encontrando más cadáveres. Mientras en el lugar del suceso se procedía a la evacuación de heridos y muertos, la Residencia de la Paz, en Madrid, estaba en estado de alerta, con todos los servicios dispuestos para la recepción de víctimas, llegándose a paralizar los ascensores y habilitarse medidas para la llegada rápida de vehículos y helicópteros. Kn el hospital de El Escorial, pese a que el director, don Juan Herrero, no quiso hacer manifestaciones, se ha sabido que las curas empezaron a practicarse a las tres y media de la tarde; fue preciso hacer varias amputaciones; a las nueve y media de la noche quedaban en el centro siete heridos, la mayoría de- ellos graves, y se apuntaba la posibilidad de que fuera preciso realizar más amputaciones. Junto al director del centro trabajó desde el primer momento diverso personal facultativo, entre el que figuraban los médicos don Ricardo Fernández Capilla, alcalde de la localidad; don Abraham Sorio, don José María Bengazones de la Fuente y don Salvador Bartolomé. Entre los viajeros figuraba UB doctor en Medicina, el cual hubo de ser trasladado al sanatorio de la Renfe, en Madrid, ya que sufrió un agudo shock nervioso, a consecuencia de los intensos trabajos motivados por su asistencia a las víctimas