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TRIUNFO CLÍNICO DOCTOR HUERTAS c Ji o L descubrimiento de Fleming y su consecuencia, la medicación antibiótiea, ha producido una transformación tan absoluta en la farmacología, que la mayor parte de las drogas que haca unos años recetábamos diariamente, han quedado relegadas al reino del olvido. Los libros de terapéutica anteriores a la segunda guerra mundial, salvo excepciones, resultan perfectamente inútiles. Pero entre los pocos fármacos que se van salvando de este avatar hay uno: la aspirina, santa aspirina, como dijo cierto escritor, que sigue manteniendo su prestigio, su hegemonía. Este último mes de diciembre, con motivo de la gripe asiática que se ha extendido por los Estados Unidos, Inglaterra y norte de Europa, casi todos los países que sufren su invasión la han tratado con el clásico medicamento antitérmico y analgésico. En unas declaraciones hechas por el jefe provincial de Sanidad de Madrid, doctor Turégano, según leímos en las informaciones de una agencia periodística, negaba la existencia de la enfermedad en nuestra patria, pero aconsejaban tomar cuando se observasen los primeros síntomas, unas tabletas de aspirina. Esta correcta criteriología terapéutica del doctor Turégano la compartimos todos los médicos; pero lo que ignoran muchos es que fue un profesor del glorioso e histórico Hospital Provincial de Madrid, don Francisco Huertas Barrero, quien introdujo y difundió en España los famosos comprimidos de la Casa Bayer. Ello ocurría el último año del pasado siglo, a las pocas semanas de su descubrimiento. Sabido es que la guerra francoprusiana del setenta había dejado encendidos los rescoldos de las hogueras del odio, y los avances científicos de los sabios alemanes tropezaban con una barrera infranqusable cuando intentaban salvar sus fronteras. El ácido dieter- salicílico, cuya síntesis se había logrado por el doctor Gerhardt en 1880 y que fue sometido a diversas transformaciones y experimentos, adquiere el nombre de aspirina que le asigna don Francisco Bayer, el farmacéutico da una humilde botica pueblerina que gozaba extraordinaria fama comarcal, pues poseía además cuatro años da la carrera de médico y era el consultor indiscutible en todos los casos graves de la localidad y varias leguas a la redonda. Las pastillas de ácido etersalicilico produjeron magníficos resultados en una epidemia de gripe, llamada por otros influenza que asolaba a toda Prusia. Por aquella época llegó a Alemania el español doctor Huertas. Este doctor, don Francis- co Huertas Barrero, hombre de gran talento, poseía un espíritu inquieto, abierto a todas las novedades y sorpresas científicas que llegaban a su conocimiento, máxime si se referían a cuestiones relacionadas con su profesión. Comprobó la eficacia de la aspirina, y en su maletín ds viaje Introdujo varios tubos. Cuando regresó a Madrid encontró su sala del hospital de la calle de Santa Isabel, así como las de sus compañeros, don Simón Hergueta y don Antonio Espina, llena de bronquíticos y bronconumónicos griposos. Los médicos de asistencia domiciliarias no tenían tiempo para atender en la población madrileña a los numerosos clientes que les requerían. Los casos, por lo general, eran graves. En pocos días subió muchos grados la fama de los profesores del hospital por sus curaciones gracias al nuevo medicamento traído por el doctor Huertas. En las sesiones que se celebraron en la Sociedad Española de Higiene y en la Real Academia de Medicina expuso los fundamentos de su sistema. A partir de aquel momento la aspirina fue adquiriendo predicamento y popularidad, no obstante lo difícil que resultaba conseguir el producto, pues hasta muy entrado el siglo, sobre todo después del Congreso internacional de 1904, las farmacias españolas no estaban abastecidas suficientemente. El doctor Huertas Barrero es una de las grandes figuras de la Medicina española más injustamente olvidadas, y hoy son pocon los autores aue le citan en sus libros y conferencias. Nació en Cáceres el año 1845, vino muy joven a la Villa y Corte, ingresando en las primeras oposiciones al Cuerpo facultativo de la Beneficencia Municipal. Por cierto, que su fama tuvo un curioso origen, debida a la célebre fractura del peroné que sufrió don Práxedes Mateo Sagasta, cuando era presidente del Consejo de Ministros, a quien le hizo en un servicio de urgencia la primera cura, aplicando un aposito con el que el paciente se encontraba bastante tranquilo. Llegaron después dos acreditados cirujanos, levantaron el vendaje, rectificaron la cura, pero con tan mala fortuna que aparecieron fuertes dolores. Empezó a sentirse muy molesto y no podía descansar. Entonces pidió que buscasen a Huertas, y que fuera él quien volviese para entablillarle la pierna como lo hizo la primera vez. Suerte, casualidad o perfección de técnica, lo cierto es que don Francisco Huertas, que nunca se había dedicado a cirugía de huesos, tuvo un éxito completo y quedó para siempre como consultor obligado de don Práxedes. La propia Reina Regente le felicitó por esta curación. Otro episodio histórico curioso del doctor Huertas es haber traído a nuestros Doctor Bayer meólos científicos del hospital el primer tubo de la reacción Wasserman, que aquí nadie conocía. Ello fue en un viaje que hizo acompañado de Gregorio Marañen, cuando éste preparaba su matrimonio con Lola Moya, hermana política de una hija de Huertas. Lo cierto es que Félix Hoffman, buscando a instancias de su padre, reumático crónico, un salicilato de buena tolerancia gástrica, encontró que el mejor era el ácido etersalicilico, sintetizado algún tiempo atrás por el profesor Gerhardt. Así, definitivamente, el profesor Dreser la Introdujo en terapéutica a principios de 1899, y Bayer, que perfeccionó su preparación, la bautizó con el nombre de aspirina. Esta palabra deriva de otra alemana: spirsaüre. Todo ello se llevó a cabo en la oficina de la antigua botica de Leverkusen, a diez kilómetros de Colonia. Se llegó al descubrimiento de la aspirina después de largos y concienzudos trabajos. Entre estos trabajos precursores figuran los que se refieren a la antipírina y fenacetina, realizados en los laboratorios de Huechst. En relación con estas investigaciones fue sometido a revisión, tanto en sentido químico como en farmacológico el ácido acetilsalicílico, que hasta el año 1898 no había tenido apenas aplicación terapéutica, porque todos los ensayos hechos hasta entonces se habían realizado con preparados completamente Impuros, por lo qu 3 con su empleo entraban en acción principalmente sus distintos componentes, el ácido salicílico y el acético. Pero la prueba realizada con un preparado completamente puro, la aspirina, obtenido por un procedimiento especial en los laboratorios de Elberfeld, dio resultados muy diferentes respecto a su actividad. Una vez más se confirma con la introducción en el Hospital Provincial de Madrid por don Francisco Huertas de la aspirina y de la reacción de Wasssrman, la frase de Cajal: Cuando España no pudo tener la iniciativa de los grandes descubrimientos, fue la primera en aceptar los de otros países. Dr. J. ALVAREZ- SIERRA