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EDITADO PRENSA M A D POR ESPAÑOLA, R I D DIARIO SOCIEDAD ANÓNIMA FUNDADO AB EN 1805 POR R E D AC CI 0 N ADMINISTRACI Olí Y T A LL E R E S S ERRA N LUCA DE TENA V o, 61 DON TORCUATO UNOS HOMBRES VAN A MORIR ON el cuchillo de obsidiana, teñido por sangre de otras víctimas, el inmolador azteca abría el pecho del sacrificado, extraía su corazón y lo ofrendaba- -tembloroso y palpitante como un pájaro vivo- -al dios Huitzilopoch. Los nuevos sacerdotes de la ciencia (ciencia del bien y del mal la llamó sabiamente el Génesis) ¿a qué dioses sacrifican l o s corazones trasplantados de pecho a pecho si no es al de la publicidad? Los victimarios de Moctezuma creían aplacar así las tras de una divinidad sedienta de sangre. Mas lo hacían a corriente de sus creencias, al servicio de una fe monstruosa, a nivel de unas normas establecidas. De suerte que ni alteraban su ritmo ni atentaban contra la ortodoxia de su religión. Los cirujanos que han vaciado unos cuerpos, extrayendo el que fue su primer motor para injertarlo en hornacinas ajenas, infringen en cambio principios umversalmente acatados. Y no me refiero aquí a los de orden moral, que también los hay, y de envergadura, sino a los puramente científicos, ya que tales industrias contradicen frontabnente las corrientes doctrinales de la biología contemporánea, niegan la evidencia de las estadísticas, convierten la clínica en laboratorio y rebajan al hombre a simple objeto de experimentación. Hasta ahora, salvo los vandalismos científicos practicados en ciertos campos de concentración en la última gran guerra, no se había aplicado al ser humano una técnica, una terapéutica que no estuviese previamente ensayada en otros mamíferos superiores y respaldada por el éxito. Muy por el contrario en estos casos el hombre mismo ha hecho las veces de la rata, el conejo, el cerdo, el mono o el perro, sujetos tradicionales de semejantes pruebas. Sería erróneo reprobar los trasplantes de corazón, entre seres de nuestra especie, sólo por lo que tiene de prueba, ensayo, tentativa o experimento. La gravedad de estas a c c i o n e s torpemente aireadas por la Prensa del mundo como grandes conquistas de la ciencia, estriba en la ausencia de posibilidades, en la falta de esperanza, en el resultado adverso tan conocido como ocultado. ¿Cuál es, en verdad, el estado actual de la doctrina biológica, en lo que a los trasplantes de hombre a hombre se refiere? Digámoslo p o r boca del celebre biólogo francés John Rostand- -hijo del no menos célebre escritor Edmond, del mismo apellido, autor de Cyrano de Bergerac tal como lo escribe en su inquietante o b r a Aux Frontieres du surhumain Así como un injerto es siempre posible entre dos partes del mismo individuo- -trasplantando, por ejemplo, un trozo de piel del antebrazo a la frente- el tal injerto ESTA CONDENADO AL FRACASO CUANDO SE TRATE C DE UN INDIVIDUO A OTRO INDIVIDUO. En este caso, la materia injertada, al cabo de cierto tiempo, perece, se descompone, y es, por último, recha 0 T 7I S posible que hayan pasado muzada por el organismo. A Wj, chos siglos, varios milenios, sin que en estas ardientes riberas Esta afirmación terminante, tan clara O como rotunda, es a la técnica de los in- mediterráneas la pintura haya descubierjertos lo que la ley de Newton a la gra- to la sombra, la sombra de la caverna, vedad: un órgano de hombre no puede la sombra de todo lo que abrasa el sol ser trasplantado con éxito a otro hombre. y, en último término, la sombra de los El cuerpo receptor- -llámese Washkansky, dramas? Ha hecho falta que tras las graBlaiberg o Mike Kasperac- -unirá todas cias renacientes y tras el platonismo que sus defensas, c o m o una ciudad sitiada había cubierto de bellos espectros lie reúne todos sus ejércitos, para repeler la os y muros, el hombre haya visto en intrusión extranjera. Estas defensas o an- la Naturaleza- -y a la vez en el a l m a ticuerpos a c t ú a n indiscriminadamente, una dualidad que enfrenta, patéticos, seautomáticamente y con admirable efica- parados por aristas bélicas, la luz y la cia lo mismo contra los virus de las in- oscuridad. Aquí está otra vez perenne, fecciones que contra cualquier materia obsesivo, oponiéndose a todo posible panv i v a subrepticiamente introducida e n teísmo nórdico, el maniqueismo de 1 o s nuestro solar. Y sin detenerse, por cierto, países soleados. Ahora refqrzado por la a considerar si con tal oposición hace actitud católica frente a la Reforma. un bien o un mal al cuerpo que protegen. Hay que separar el Bien del Mal. Y Les acontece lo que a Charles de Gaiüle: reconocer que el mundo no está sumersu repulsa contra cuanto no es propia- gido en una beata unanimidad, sino que mente lo suyo es superior a toda convi- hay unas teorías solares y triunfadoras vencia; es un movimiento sordo, auto- y otras abismales y tenebrosas. Y el arte mático e instintivo contrario a cuanto se ha incorporado también a esta convenga de fuera. Con esto y con todo el ciencia d e l mundo como lucha. Todo nacionalismo del presidente de Francia cuanto existe es un diedro de luz y de es pura, broma comparado con el ardor sombra, de claridad y de negror. Y los numantino del organismo humano frente dos opuestos son, además, inseparables. a todo lo foráneo. Y gracias a eso vivi- Y para que los rasgos de una faz bromos; los anticuerpos, las defensas, triun- ten alucinantes, imperiosos, tienen q u e fan siempre. Sólo pierden una batalla; ya apoyarse en una masa de densa obscuque, si son vencidos, se produce la muerte. ridad que es como el terciopelo de la Las excepciones a la regla son sólo dos: joya. En estos finales del siglo XVI la Conla de trasplantes realizados entre gemelos univitelinos (que son, como dice Rostand, trarreforma ha endurecido y torneado con un mismo individuo tirado en dos edi- precisión la doctrina católica. Y Caravagciones distintas y los efectuados con gio ha modelado los relieves con el cininjertos que, por decirlo de algún modo cel del sol dando a las sombras una subsinteligible al profano, carecen de vida pro- tantividad tan enérgica y digna como a pia, como los huesos o los tendones. Pero las luces. No se ha estudiado el costado dramáninguna de estas salvedades puede aplicarse a los lances practicados en Sudáfrica tico de esta concepción pictórica. Basta y Estados Unidos con órganos vivos, que que cualquier imagen se plantee así palatieron en otros pechos, al unísono del ra que los rasgos iluminados se adelanmiedo, el gozo, la pena o el amor antes ten gritadores, en llaga viva, imponiendo de ser trasplantados a individuos de dis- su fulgor y su mensaje. Y cortados con violencia no natural, sino doctrinal, las tinto sexo y diversa raza. sombras los respaldan y empujan al priUnos hombres van a morir. La vida mer plano de la emoción. No hay tranque se les ha prestado es vida artificial. sición, no hay diálogo, no hay pacto, no Los latidos que impulsan su sangre no hay claroscuro de medias tintas. A q u í les pertenecen. El reloj que cuenta sus están los dos mundos secos y presentes, minutos está fuera del t i e m p o Quizá juntos el resplandor y la noche. Y lo que- -Dios lo quiera- -futuras investigaciones es más significativo: inseparables. La osresuelvan algún día lo que, hoy por hoy, curidad, como el plinto, el sostén de la no ha sido resuelto. Entretanto, la utili- luz, la mano que levanta la antorcha. Y zación de hombres para sustituir a perros, la luz, requerídora, adelantada, quilla del monos, cerdos, ratas y conejos es conde- universo. nable la metamarfosis de las clínicas quiEl abismo y el rayo en el mismo vaso. rúrgicas en laboratorios experimentales, inadmisible; la publicidad de hechos de Creando por su misma contradicción na intensidad patética que arte no había muy dudosa justificación ética, reproba- conocido antes. Ved elelApostolado de ble las arterias de los humanos transfor- Ribera: son cabezas de Barrio latino, pro- madas en probetas, insufrible. fundas, de dramático pensar. Tienen que En Sudáfrica, en California, unos hom- sostener nada menos que el sí y el no, bres van a morir. el sol y su sombra, el ángel y el diablo. Torcuata LUCA DE TENA José CAMÓN AZNAR LA SOMBRA EN LA PINTURA