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ABC. SÁBADO 16 BE DICIEMBRE DE 1967. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 119 TRALES Y CINEMATOGRÁFICAS Noviembre y un poco de yerba de Antonio Gala, en el teatro Arlequín CON O C H E N T A Y SIETE AÑOS DE EDAD, UNA NORTEAMERICANA PRESENTARA SU CANDIDATURA AL CONGRESO Fue la primera mujer que ocupa un asiento en la Cámara Nueva York 15. La ex representante Jeanette Rankin, de ochenta y siete años de edad, ha manifestado en Watkinsville (Georgia) que presentará su candidatura al Congreso en 1968. Jeanette Rankin fue la primera mujer norteamericana elegida para ocupar un asiento en la Cámara, una de las pocas personas que votaron en contra de que los Estados U n i d o s participaran en la primera guerra mundial y la única que lo hizo por igual motivo en la segunda gran conflagración. Según ella, su retorno a la política se debe, principalmente, al deseo de proporcionar a sus compatriotas la oportunidad de dialogar sobre el conflicto del Vietnam con tal motivo piensa enfrentarse con el representante Arnold Elsen, demócrata por Montana. -Efe. sonajes que ellos son: una cantinera de estación y un hombre del pueblo, vacío de otros ecos culturales que no sean el Kempis y una cartilla de primeras letras. Se advierte en todo momento que los personajes son marionetas, sin autonomía; que se mueven y hablan a través de la trompetilla del autor, y que éste les ha desnudado de toda resonancia auténticamente vital. No tiene Diego eco alguno de su vida, de su profesión, de su condición social, de su drama de hombre político. Todo en ellos, en su situación, es alambicada literatura. Por eso la obra pesa abrumadoramente y el espectador soporta largas tiradas de poesía ecoica para encontrar de cuando en cuando alguna flor de poesía en estado de nacimiento, de fragancia verbal, porque Antonio Gala escribe bellamente, si que amaneradamente. Diría yo que está todavía en esa etapa en que el escritor no se ha desprendido de sus influencias, no ha llegado a su plena autenticidad. Pieza mal construida, fallida en la gradación de situaciones que desarrollen la tensión actual, fallida en la falta de realidad, ni aun poética, de los resortes que mueven a los personajes. Sobrecargada de acentos poéticos, como esa especie de canto erótico de la madre, que trata de ser el contrapunto del canto de la desilusión, de la desmitificación que se produce en Paula y Diego cuando, al cabo de veintisiete años, establecen, por medio de un transistor, el primer contacto verdadero con el mundo de arriba, que no es otro que el mundo de lo real, el que cambia, el que deslumbra, el que se ha perdido, según el autor, con la ausencia y el destierro. El hecho de que como pieza teatral esté Noviembre y un poco de yerba malograda por exceso de literatura y falta de auténtico dramatismo y de veracidad en los personajes no anula la loable ambición temática, la altura a que trata de volar el autor. Pero o se tienen alas auténticas para convertir en poesía el drama de Paula y Diego, drama que se quiere prototípico, o se cae en el barroquismo formal, desprovisto de verdaderas calidades dramáticas. Enrique Diosdado ha hecho un penetrante trabajo de dirección dándole a la pieza unos ritmos que en rigor no tiene. Y los intérpretes son acreedores a un aplauso por su denodado esfuerzo para insuflar humanidad a unos seres de repostería literaria. Amelia de la Torre, siempre gran actriz, está muy ñor debajo ñe su crsaeión en la protagonista de I a muchacha del Alberto Bobé, Amelia de la Torre, Gabriel LJopart y María Guerrero Teatro Arlequín. Título: Noviembre y un poco de yerba Autor: Antonio Gala. Director: Enrique Diosdado. Intérpretes: Amelia de la Torre, María Guerrero, Gabriel Llopart y Alberto Bové. Decorado: F. Torre de la Fuente. En enero de este año dos panaderos, Juan y Manuel Hidalgo, el uno sesenta y dos, el otro cincuenta y siete años, abandonaron su escondite de Barraloque, en Marbella, para acogerse a la Ley de Amnistía que borraba los delitos de la guerra civil. Treinta años de reclusión voluntaria y clandestina. Juan y Manuel, todos los vimos en las páginas de la Prensa y en la pantalla de la televisión, salieron de. su prolongado retiro encanecidos y engordados, pero con todas las apariencias de una simplicísima y robusta salud moral. Antonio Gala ha querido buscarle los tres pies al gato a esa situación que, por los lustros penosos gue la humanidad dice, no es exclusivamente española, sino mundial. Raro es el día en que no aparece en cualquier parte, Francia, Alemania, Venezuela, un voluntario confinado por delitos o crímenes de inicial motivación política. Ha querido buscarle los tres pies al gato y para ello ha renunciado a todas las implicaciones vitales, sociales, políticas, morales, de la situación, como quien, hoja a hoja, va desnudando una alcachofa. Se ha quedado solo con la última entraña del problema: la actitud del hombre ante el amor, la actitud del hombre ante el conocimiento y el disfrute sensorial del mundo. No hay arte sin abstracción. Bien están las abstracciones con las que Antonio Gala desjjolitiza, desocializa su problema. Lo que le importa son las relaciones hombre- mujer en una situación- límite- -ya salió aquéllo- -y la transformación de la personalidad de los personajes sometidos a tan ruda, prolongada, prueba. En torno a ese doble problema radical, Antonio Gala ha jugado a la creación de toda una simbología elemental. Sol y sombra, arriba y abajo; trenes que pasan y soledad estática. El hecho de que Antonio Buero Vallejo haya manejado esos mismos símbolos en El tragaluz con mucha mayor densidad poética, intención política, profundidad humana, desnuda la inanidad vagamente, vocalmente poética de los símbolos de Antonio Gala. Lo que en Buero es sangre, en Gala es tinta. Lo que en Buero es surtidor virginal, en Gala es arroyo de agüitas ya manadas. Quiero decir que el mundo poético que Antonio Gala pone en torno a la situación de Paula y Diego está construido con pétalos, con tallos, con ramas que ya habían brotado. No hay escena en la que no resuenen Casona. Larca, Wilde. Todo es esfuerzo literario; barroquismo formal, incapaz de, como penetra nn bisturí en los tejidos del cuerpo, penetrar en los tejidos del alma. En suma y de una vez. La poesía de Antonio Gala es exterior y verbal. Las aunas de los personajes de Gala son convencionales, ya conocidas, exteriores, cargadas de tópicos literarios, aunque estos sean de la más alta alcurnia. En Noviembre y un poco de yerba vemos a los personajes contarnos incansablemente, con verborrea poética, su pasado. Eso es buena literatura, aceptable poesía de segunda mano, pero no es teatro. Vemos unos instantes de vida a cambio de enormes espacios de relato, de recuerdo. Y tanto en unos como en otro, artificiosidad, preciosismos, casi gongorismos. No encontramos en Paula y Diego verdad humana. No pueden ser tan alambicados, ten poéticos. No pueden haber vivido treinta años en sutiles invenciones, superiores a los per- REPRESENTANTE CONSTRUCCIÓN precisa importante empresa para venta a comisión de artículos de calidad relacionados con la construcción. Escribir con historial detallado al APARTADO 50.706.