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VIAJE DE MENDANA Don Alvaro de Mendaña, jefe de ia expedición al Pacifico. Piano de ios descubrimientos de Mendafia, según un grabado de la segunda mitad del siglo XVIf. UNA HAZAÑA QUE SE ADELANTO A LA DEL CAPITÁN COOK Por Celsus KELLY ACE ahora exactamente cuatrocientos años U 9 de noviembre de 1567 de la salida de dos embarcaciones del puerto del Callao iPerú) rumbo al desconocido Mar Pacífico. La expedición marchaba bajo la dirección y mando de don Alvaro de Mendaña, quien solamente tenía veinticinco años de edad: los nombres de las naves eran Los Beyes (capitana) y Todos los Santos (almirante) de 200 y 140 toneladas respectivamente; su tripulación no sobrepasaba los 160 hombres: además de los oficiales, cuatro frailes franciscanos y los peritos de tierra, allí iban cerca de 60 mineros, otros tantos soldados y 20 negros que componían el total de la tripulación. OBJETO Y MOTIVO H El objeto y motivo de la empresa era descubrir ciertas ricas islas occidentales en el Mar del Sur y de la costa de Nueva Guinea: si su descubrimiento era satisfactorio, ellos colonizarían y los franciscanos evangelizarían. En este caso la Nueva Guinea era la única realidad. Las islas ricas occidentales eran una sospecha en el reino de la fantasía. Era cierto que los rumores constantes de ias islas de oro existían. Realmente, la opinión contemporá- nea sustentaba que la dorada Ofir de Salomón existía en la dirección de la costa surdeste de Nueva Guinea. No habían pasado tres semanas del comienzo de la expedición cuando el oficial de la Audiencia escribió irónicamente al Rey: dicen que las islas llamadas Salomón están situadas en esta dirección, y aunque no ay quien las aya visto ni saben donde están, dizen que las ay y que ay mucha gente En realidad, el viaje de Mendaña fue sencillamente un descubrimiento. El motivo fundamental del viaje fue diverso: la cuestión pecuniaria era importante para los oficiales de la tesorería. Las flotas de los barcos y los hombres que los ocupan, cualquiera que sea el objetivo de la expedición, cuestan mucho y tienen que ser abonados por la Hacienda Real. Era claro y evidente que en último término el recurso o medio natural y la riqueza de la región descubierta compensarían l o s gastos efectuados. Por lo sucedido, una expedición tal y como la realizó Mendaña debía tener, además de un atractivo por su objeto, un motivo impulsor que encendiese el ánimo y excitara la imaginación, ya que para un hombre del mar. cualquiera que sea el pe-