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P R E N S A ESPAÑOLA, S. A. REDACCIÓN, ADMON. Y TALLERES; SERRANO, 61- MADRID FUNDADO ABC EN 1906 POR DON TORCUATO L. UCA EDICIÓN DE ANDALU- cIA s DE TENA CAR D E N A L V I L LA ILUNDAIN, 9 E LA PARED A pared. El límite. La soledad. Eso cree el hombre. Eso cree el poeta. El poeta tiene un amigo albañil, también poeta. El poeta ha llevado humildes oficios serviciales. Sabe lo que es la vida. El poeta cree en la pared. Todo poeta, todo hombre, necesita una pared, unas paredes. Una pared, cuatro paredes, mil doscientas ocho, trece mil paredes, un millón, mil millones cuatrocientas cuarenta y ouatro mil paredes. Sí, muchas paredes. La Humanidad defendida, abrigada por paredes. Pero también sabe el poeta: Pared de piedra, tan endeble, torre de naipes en el alto ventisquero. Hurtaste, sf, al Influjo del milagro mi emboscado vivir, y, sin embargo, tu propia permanencia, tu oobljo fragilísimo en medio de la noche, oual papel de fumar entre el pulgar y el índice de un loco, tu durarme en pie tantos Instantes como oaben en un alma, no fue menor milagro, tal vez la forma humana del milagro... ¿Basta la pared? Oigamos de nuevo al poeta. Va a rematar su poema, d e l que hasta ahora sólo he venido comentando o citando fragmentos: Pero dentro del hombre siempre queda Intemperie sin fondo, y puede ahogarse en la cisterna sin que nadie acuda, sin que nadie se asome a ver qué pasa. La Pared es el título, el título y el símbolo, de un libro de poesía de Salustiano Masó. Salustiano Maso es uno de nuestros mejores y más hondos poetas. Bastaría el poema que de él he recortado y recordado, haciéndole t r a i ción, para asegurarlo. Pero Masó es uno de esos poetas que no escribe sino cuando está henchido de idea y de emoción interior, inquieto y generoso de su propio pensamiento poético. Entonces, sin desaparecer el hombre, con todo el hombre dentro, aparece el poeta. El poeta es siempre un ser de excepción. No sólo porque haya pocos, muy pocos, hombres dignos de ese nombre. Sino porque en él el estado de poeta es un estado de excepción. Y como todos los estados de excepción, peligroso. El poeta Salustiano Masó lleva publicados algunos libros, y todos interesantes, jugosos, imaginativos, cálidos. Su técnica va de uno en otro depurándose. Su dominio de la palabra se acentúa. Su visión de la vida se torna, cada libro, más limpia y más transparentemente comunicada al lector. Salustiano Masó se ha ido enamorando de la palabra. Otros instrumentos, utensilios de sus profesiones anteriores, los ha ido arrinconando. Ahora se gana la vida con la palabra, aunque no sea precisamente con su propia palabra poética. A ésta la deja en hermosa libertad para soltarla sólo cuando sabe que necesita vuelo. El último poema de La Pared no es del ser ni del estar, no es esencial ni existencial. Es el enser hermosa palabra que se diría que él ha descubierto, y, con ella, una posible nueva filosofía. El enser es el ser, con un en por delante, o más bien dentro, ya que en la melodía del idioma no po- L demos profundizar y encerrar sílabas debajo, infrapuestas a otras sílabas. Pero si alguna palabra nos da totalmente esa sensación es la de enser que parece la más profunda, por más inocente, manera de ser. La humildad del enser es también sü gloria. Y el supremo, el último enser del poeta es la palabra, su palabra. Tengo una oasa, un horno, una fuente, una copa de cristal, tengo herramientas, tengo libros, tengo un par de sandalias, un oamino, una fbftijula, una estrella polar y algún amigo. Soy pobre, mas lo tengo todo por la palabra, Todo esto que nombro e Infinitamente mis. Ámbito humano de los casi seres: cosas, enseres. Por la palabra me llego al ser. El poeta, que ya había empezado mucho antes, continúa creciendo en emoción de hallazgo para terminar empalmando con el principio, con la p a r e d Y el sentido total del libro se ahonda y engrandece. Te cojo a manos llenas, oh palabra, te barajo en mi baza decisiva oontra el no ser, te edifico, pared oontra la nada, te arrojo, piedra viva, al fondo de mi posl ble eternidad. Palabra, palabra mía, mi vida, mi enser (no sé si soy, no sé si sé) Pronto, pronto, pronto, esta misma noche te repartiré oon mis her manos. ¡Palabra mía, justifícame! Gerardo DIEGO De la Real Academia Esvafiola DE LA INTEMPERANCIA A NDAMOS, a lo que parece, a prueba de intemperancias y demasías, como desentonados y metidos en la curva peligrosa de la insensatez, o dicho más eficazmente, de la pérdida del sentido. Por eso chocan, los hombres y viven en un clima de agresividad y de intemperancia, que termina en la irritabilidad y en la falta de entendimiento. Acaso sea por la prisa con que nos movemos o acaso por la complejidad infinita de problemas, cada día más espinosos y apremiantes, que, al no encontrar una solución inmediata y satisfactoria, RATICIDA IBY 8 1 5 2- S protege su salud y asegura su hacienda INSTITUTO IBYS BÜAVO M U 8 I U O Vi MAOR. O (3) se les pretende buscar otras soluciones a fuerza de voces agrias y de intemperancias que pretenden ser razones definitivas. Es que el mundo marcha a un ritmo desmesurado, casi podríamos decir q u e disparatado, a pesar de todas las excelencias de esta hora, cargada de enigmas y de esperanzas. Pero es posible que no estemos a tono con lo que esta hora problemática exige de todos. Vivimos indudablemente bajo el signo de lo excesivo y de la confusión. Y como consecuencia, de la intemperancia y del desabrimiento. Para lograr efec t o s ruidosos se busca lo alarmante, lo explosivo, la salida de tono, y se apela a la disconformidad, aun a costa del equilibrio, de lo torpemente innovador. Se cultiva el descontento por sistema, y la violencia, la desarticulación como recurso. Más que edificar, parece que lo que urge es demoler, desacreditar lo que no va con unos determinados criterios y en nombre de no sé qué exigencias de renovacionismo, sospechoso de impotencia, o de autenticidad- ¡qué palabra tan desatinadamente traída y llevada! y de no reconocer ni virtud, ni eficacia, ni sentido, a nada de lo habitual, de lo cotidiano y recibido, porque todo ha de ser problemático y desmelenado y duro p a r a tener vigencia y razón de ser. Es un modo de confundir el talento y la capacidad con la petulancia y con los modos broncos de los intemperantes. Predomina la destemplanza, el descomedimiento, en la forma de tratar cuestiones candentes, que requieren ponderación y madurez. Sobre todo cuando se plantean problemas arduos de gran alcance religioso y moral. Es, posiblemente, en este terreno, que es el más comprometido, donde mas se ha perdido el respeto, la gravedad y el entendimiento; donde más se denota y con más intemperancias y desmanes se trata de lo humano y de lo divino. Y lo grave es que ese respeto y esa dignidad debidos a lo sagrado, compatibles con todas las renovaciones fecundas, lo han perdido no pocos de los que por dedicación deben profesar respeto y sumisión a algo superior e intangible, que no puede estar a merced de impertinencias ni salidas por la tangente. Los intemperantes, que son no pocos, creen que es lo mismo emplearse en desafueros verbales y actitudes demoledoras que edificar y renovar y respetar lo que en la vida estará siempre por encima de intemperancias y desmesuras. De aquí nace- -decía Gracián- -que estos tales intemperantes, muy pagados de su paradoja, solicitan la ocasión y andan a caza de empeños, van a la con- versación como a contienda, levantan las oorfías, y, hechos arpías insufribles del buen gusto, todo lo arañan con sus acciones y todo lo desazonan con sus palabras. Pues ¿qué, si les coge este picante humor algo leídos, aunque sepan las cosas a lo necio, que es mal sabidas? Se pasan luego de bachilleres de presunción a licenciados de m a l i c i a monstruos de la impertinencia Es que donde la intemperancia reina se apaga y agosta el entendimiento. P. Félix GARCÍA