
EL ESCRITOR Y SU ESPEJO
GREGORIO GALLEGO
ESCRIBIR ES UN JUEGO DRAMÁTICO REALIDAD- LIBERTAD Moralmente me siento identificado con el hombre común
S
E habla mucho de vocaciones tardías en literatura, pero sería cftiizá más exacto hablar de vocaciones retardadas, retenidas, embridadas, por circunstancias ajenas a la voluntad del escritor y más fuertes que ella. Muchas veces la vena literaria tiene que soterrarse, como el Guadiana, para aflorar de nuevo, pasado un tiempo y un espacio. Este es el caso de Gregorio Gallego, que llega a la literatura de creación en plena madurez ya, tras algunos tanteos, quizá prematuros, que quedaron interrumpidos, como él nos dirá después, por haber atendido solicitaciones más apremiantes en aquel entonces. Debido a este retraso tiene ahora que luchar contra reloj, digámoslo en términos deportivos, para recuperar, siquiera en parte, si no el tiempo, sí al menos la opción a afirmarse como narrador, ganando en intensidad para su obra lo que ha tenido que perder forzosamente en extensión. El haber sido publicada recientemente una novela suya, galardonada con un importante premio literario, nos hace traerle hoy a estas páginas para que sea él quien nos hable de sí mismo y de su obra. ¿Quiere empezar por su curriculum vitae -Muy bien. Nací en Madrid, hijo de una familia de trabajadores. A los doce años ya estaba trabajando. Mis estudios no pudieron ser más elementales, aunque mi ansia de saber era tanta que leía todo lo que caía en mis manos. Alternando el trabajo con estudios nocturnos en academias particulares, me fui creando, la base cultural necesaria a mi vocación de escritor. ¿Cuál fue su primera tentativa literaria? -Fue una novelita que publicó una editorial barcelonesa cuando todavía no había cumplido yo los diecisiete años. Sin embargo, esta temprana vocación novelística se eclipsaría pronto. ¿Por qué? -Me absorbieron las preocupaciones sociales, que encontraban un cauce más fácil en el periodismo. A los veinte años ya formaba parte de la redacción de un periódico madrileño y colaboraba en revistas y publicaciones de provincias. Habían de pasar algunos años y me habían de pasar muchas cosas antes de que me volviera a agarrar la vena novelística. -Bien. Pasado ese período y reanudadas sus tareas de creación, ¿qué libros ha publicado hasta la fecha? -Hasta este momento sólo he publicado dos novelas cortas, a pesar de haber
sido seleccionado en los premios más prestigiosos de novela larga. Los títulos míos que han visto la luz son La maraña en la colección Novela Popular de Alfaguara, y El hachazo que obtuvo el premio Guipúzcoa 1965 y que acaba de aparecer editado por Editores Mexicanos Unidos. -Así, ¿guarda originales en el cajón que esperan ser publicados? -Naturalmente. -Dígame, ¿qué es para usted escribir? -Es un juego d r a m á t i c o realidadlibertad, un juego en el que están contenidos los problemas del hombre como individuo y como ser social. Cada vez que me pongo a escribir es como si me sumer-
giera en un baño imprescindible, dei que siempre salgo rehecho y limpio, con ganas de volver a llenarme de costras, para volver a sentir asco y tener necesidad de otro baño. -El mundo por el que arrastro los zapatos; y mis problemas son los problemas de los que aguantan los empellones en el metro o se chapuzan en las piscinas públicas... Moralmente me siento identificado con el hombre común, que es carne de metralla en las guerras, combustible en las revoluciones y masa en los conflictos sociales. El hombre común es mi gran personaje, el ser querido que me desvela en sus múltiples aspectos de engranaje económico, de candido soñador de quinielas, de chepudo resignado o de carne de presidio. Y la desintegración del hombre, tanto del enano frustrado como del impulsivo que se estrangula en la rebeldía, es lo que me colma de desesperación. ¿Cómo ve nuestra literatura en estos momentos? -A mi juicio, la literatura española cuenta en este momento con un buen plantel de escritores, aunque a primera vista se advierten tendencias inhibicionistas en la temática propia jr demasiada preocupación por la forma y temática de la literatura extranjera. Si la parte más rica y original de la literatura de habla española es la sudamericana, se debe a que, en aquellas latitudes, unos cuantos escritores afincados en la realidad inmediata han metido el rejón en el substrato más profundo del habla popular para recrear la vida y la sociedad que les es co mún. No debemos olvidar que la materia prima del escritor es el idioma, penetrar en las formas dialectales que reflejan los estados conscientes y subconscientes do los pueblos. -Una última pregunta: ¿qué opinión le merece el proyecto de creación de un Montepío Nacional de Escritores? -No sólo considero necesaria la constitución de ese Montepío de Escritores, sino que me parece imprescindible. Resulta absurdo que a estas alturas, cuando todo el mundo busca protección y seguridad en su trabajo, y la mayoría de los trabajadores ya lo han conseguido, los escritores seamos los únicos que vivimos a la intemperie, guerrilleando individualmente o en camarillas con más o menos suerte y mañas, pero sin pasar de esa zona que, sin ser fría ni caliente, nos descompromete a todos y a los más afortunados les permite mirar con desdén a los que van quedando en la cuneta.
¿Cuál es su mundo literario?
OPINIONES, PENSAMIENTOS, IDEAS...
Si algún día profesáis la literatura y dais en publicistas, prevenios contra la manía persecutoria, que pudiera aquejaros. No penséis que cuando se escribe sobre Hornero o Cervantes es para daros a roer cebolla, como vulgarmente se dice, o para abrumaros y confundiros poniendo de resalto vuestra insignificancia literaria. Que no os atormenten enemigos imaginarios que os obliguen a escribir demasiadas tonterías. Hay escritores cuyas palabras parecen lanzarse en busca de las ideas; otros, cuyas ideas parecen esperar las palabras que las expresen. El encuenfro de unas y otras, ideas y palabras, es muchas veces obra del azar. Hay escritores extraños- -y no son los peores- -en quienes la reflexión improvisa y la inspiración corrige. No os empeñéis en corregirlo todo. Tened un poco de valor de vuestros defectos. Porque hay defectos que son olvidos, negligencias, pequeños errores fáciles de enmendar, y deben enmendarse; otros son limitaciones, imposibilidades de ir más allá, y la vanidad os llevará a ocultarlos. Y eso es peor ¡que jactarse de ellos. Antonio Machado