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A B C, M A R T E S 10 DE OCTUBRE BE 1367. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 111. LA Ginebra 9. Un joven italiano, Patarchi, llegado a Suiza para trabajar como mecánico, ha hecho un descubrimiento que puede revolucionar toda la industria suiza del reloj. Se trata de un reloj sin esfera ni agujas que puede decir la hora en alta voz El principio del invento es sencillísimo: un reloj- piloto capas de emitir la hora por radio, puede instalarse en un observatorio o en un satélite. Al emitir la hora exacta, ésta puede ser captada por el reloj de pulsera de cada persona. El receptor agregado al reloj de pulsera lleva un transistor minúsculo. El satélite deberá disponer de un reíais de varios canales y de un transmisor de onda larga para las diferentes lenguas y sectores horarios de todo el mundo. Fabricado en serie, el reloj no deberá ser nada earo. Lo que exige un gasto inicial muy elevado es el satélite y las instalaciones que debe llevar. Si se realiza, ya no habrá necesidad de mirar al reloj para saber la hora. -Efe. tales. Exactamente igual que el personaje de Enero, we busca a alguien- ¿quién es ése? pregunta- -en las tarjetas postales que examina y recorta. Nadie tome esta coincidencia ae señ ¿itei (N como una insinuación de plagio. El libro ha aparecido en estas semanas, cuando la obra de Buero estaba en ensayo. Subrayo la curiosísima coincidencia para indicar cómo Buero está inmerso en pensamientos, en preocupaciones, vigentes, actuales en ia literatura europea de hoy. Tanto en La Nacelle que es casi una comedia, como en El tragaluz los seres reales que entran en el contorno de los dos ancianos, en el contorno del padre bueriano, son menos reales para ellos que sus fantasmas, que su mundo de tarjetas postales, evasión y refugio. Por eso, cuando el padre sale por un instante de su mundo postal y recortable, es para castigar a su hijo Vicente por el grave delito moral, humano, familiar, que ha cometido treinta años antes. Todo este material ideológico y teatral, pese a lo señalado, carece de novedades fundamentales, y si hubiera sido tratado a la manera habitual nos parecería rigurosamente pasado e ineficaz. Buero ha querido darte un tratamiento dramático más nuevo. La influencia de Brecht. a qiden tan válidamente ha traducido y adaptado, es evidente. Lá historia se nos presenta como explorada desde el futuro. Los dos personajes de un mundo por venir que nos la muestran sirven para desrealizarfa, desactualízarla, distanciarla y comentarla. En su función hay, pues, cho de Brecht y algo nuevo, de B Valle jo: el comentario moral sobre unos actos vistos en otro plano del tiempo. En otro espacio- tiempo. Pero, y este pero es grave, ineludible, Buero no ha logrado fundir en un todo sus dos tratamientos. Sin los personajes del futw. ro, la obra discurriría igual. Sólo la actitud del espectador, una actitud que se desea crítica, cambiaría. Sería una actitud compasiva, de padecer con los personajes. Be estar dentro y no fuera de la acción y de su tiempo. Es, pues, el tratamiento más un ardid que una función exigida por la naturaleza del drama. Sin embargo, ese ardid introduce el teatro español en esa honda corriente filosófica de considerar el tiempo como un conocimiento no sucesivo del hombre, como un instante único, una duración carente de longitud, la dimensión perfecta, es decir, conclusa y permanente en que habita el hombre. Dimensión que nos ha dado en el teatro europeo obras como El tiempo es un sueño de Lenormaná; El tiempo y tos Conway o Yo estuve una vea aquí de Priestley: La plaza de Berkeley de BaMsrston, piezas en las que tema y tratamiento, estaban perfectamente fundíaos, en tanto que en ES tragaloz la consideración temporal es como un antitema, como una HORA EM? 0 Z Amparo Martí, Lola Cardona, Paco Pierrá, José María Rodero y Jesús Puente, intérpretes, y en el recuadro Antonio Buero Vallejo, autor, de El tragaluz Teatro: Bellas Artes. Título: El debaten en el sentimiento de culpabilidad, tragaluz Autor: Antonio Buero Va- el de denuncia, el amor, el temor a la sollejo. Dirección: José Osuna. Intér- ciedad despiadada, etc. Pieza convencional, pretes: Ssrgio Vidal, Carmen Fortu- sin novedades apreciables y sin mensaje ny. Lola Cardona, Jesús Puente. José trascendente. El padre de Vicente y Mario María Rodero, Francisco Pierrá. Am- se ha refugiado en la locura porque la paro Martí, Norberto Minuesa y egoísta huida de su hijo mayor ha ocasioMar y Merche Abréu. Decorados: Sig- nado, en los tiempos conturbados dé la íredo Burman. guerra, la muerte de la hija pequeña. Este tipo de evasión está ya clínicamente desAlgún día habrá que examinar El tra- crito en la Psiquiatría. Buero lo trata desde galuz esta obra que Buero Vallejo nos un cuidadoso estudio de estas descripcioha ofrecido en el Bellas Artes, como la nes, adobado con elementos de ternura, de pieza en que el autor dobla la esquina de poesía, d desvalida y cruel ironía, caracsu hacer teatral y como la primera en que terísticos de su estilo. Y debo señalar una nuestro desmedrado y pasadista teatro ac- curiosa coincidencia. D a n i e l Boislanger tual, penetra, pisa, en el presente. En el acaba de publicar en París una novela tisubteatro indígena ue se estrena cada tulada La Nacelle en la que dos anciatemporada, basado s i e m p r e en el ¿se nos, amigos, se evaden de la realidad reacuestan, no se acuestan? del vodevil, en conociéndose, a sil capricho, en los persoel costumbrismo de saínete, en la mínima najes que encuentran en sus tarjetas posexploración psicológica de lo burgués o en una superficial sociología chistosa muy cercana todavía al Juan José de Dicenta, El tragaluz se asoma, por fin, a más hondas y actuales preocupaciones: el tiempo como algo universal y absoluto, irreversible pero explora! ie; la conducta humana individual como carga temporal y mudable del hombre. El tragaluz introduce en el teatro anticuado español, cuyas alusiones temporales- -véase Paso, véase Alonso Millán- -se limitan a las quinielas, el fútbol y la zona azul, tópicos, ideas, preocupaciones actuales. En este sentido de esquina, de pivote, de hito, es muy considerable la aportación en que significa El tragaluz Buero Vallejo ha escrito una pieza muy compleja. Diría yo que ha escrito una pieza de autor en crisis. De autor que ha tomado conciencia de que estaba siendo, aun en la excelencia, un epígono de teatros y autores anteriores: testigo de conceptos superados, dramaturgo de formas periclitadas y quiere, vigorosamente, ser un autor de este hoy. De un hoy español con vocación, por fin, europea, universal. El esfuerzo es visible porque El tragaluz tiene dos dramas: Juan José; Alonso Mülán el que le sirve de asunto o de pretexto, o ssa el conflicto de Vicente y su familia, y el de la lucha del autor con su tema y la forma dramática que ba querido darle. SI examinamos el primero, el de tema, nos encontramos con una obra dramática, i melodramática, en sane unos seres se