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UN JUGLAR DEL SIGLO XX LEPE, 0 EL SECRETO DE HACER REÍR SERIAMENTE CABAMOS de perder un amigo. Todos. Cuantos tuvimos a gala estrechar aquella mano siempre abierta al dar y nunca para pedir, y quienes, desde las localidades del teatro, batían palmas con las suyas en estruendoso premio a las horas de regocijo que les hizo disfrutar. José Alvarez Jáudenes- Lepe en las carteleras y la intimidad, porque el pseudónimo absorbió los apellidos, como acontece en los grandes artistas- -ocupa ya puesto destacado en los anales de nuestra escena írívola, como lo llenó, vivo, a través de numerosas temporadas. Tenía lo que conservatorios no prestan, si de nacencia nos es negado: personalidad Maestro de sí mismo, horro de seguidores, carente de discípulos, poseía una seria comicidad que adaptaba a los más antagónicos personajes. Hasta, como Valeriano León, tuvo el talento de utilizar el obstáculo de una voz rotundamente antiteatral para transmutar el defecto, en efecto seguro regocijante. Y tanto como el rostro el ademán, el tono, provocaba seguras carcajadas; aquella afonía que, finalmente, le retiró de las tablas, forzó delicada- intervención quirúrgica y acaso haya sido causa determinante de una muerte A que le llegó por; do más triunfado había Llenó cerca de medio siglo del Madrid teatralero. Casi cincuenta años, la mayoría de los cuales vividos sobre dos escenarios- -Romea y Martín- p u e s apenas cuentan, a efectos biográficos, esporádicas escapadas a alguno que otro. Los triunfos resonantes de José Alvarez surgieron en el desaparecido local coquetón de la calle de Carretas y continuaron en el remozado de Santa Brígida, desde el cual, cuatro años atrás, dijo adiós a la pléyade de seguidores incondicionales. Allá, en el feudo de Pepe Campúa, comenzó a fraguarse el actor particularísimo, al asumir el empresario- periodista la dirección de Maravillas, conjuntamente a la del antiguo Infantil, cuna de la pareja Loreto PradoEnrique Chicote, en l a s fronteras del presente siglo. Para nuevo atractivo, Campúa ideó animar los manidos programas varietinescos con interpolación de breves apropósitos, interpretados por los mismos bailarines, cancionistas y excéntricos inintegrantes del programa. Sin proponérselo había emprendido la dignificación de la revista, apta, entonces, sólo para paladares capaces de resistir la herencia, abundante en picantes, de Chantecler. y colegas. LOS DE ROMEA De algunos de aquellos -asi los denominaban, en el menos justificado inglés- -fuimos responsables Enrique Jardiel Poncela y yo, tanteando fuerzas literarias. No recuerdo si en el primero de ellos- ¡Achanta, que te conviene! apunte sainetesco musicado por Modesto Romero, apareció ya Lepe alternando con Matilde Vázquez, Luis Esteso- ¡q u é pánico le daba hablar lo que no había escrito él! -y Ramper sí, estoy cierto de que, el 10 de octubre de 1926, nos incorporó personaje importante en ¡Qué Colón! bul fonada con música de Rafael Calleja, cuyo protagonista encarnó Pepe Moncayo y en el que hizo su presentación el actor Alady (hasta entonces, ehansonier bajo el sobrenombre El ganso del hongo con que le bauticé yo, desde las columnas de Informaciones en un cameraman que decía cuatro palabras para el desenlace. Después, vinieron otros papeles a afianzar la fama de Lepe y Las inyecciones -de Muñoz Seca y Guerrero- -le valieron grandes elogios críticos. Campúa tomó ánimos y las revistas de Romea congregaron, pronto, al todo Madrid pues damas