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C a r m e n Seco en la época de sus triunfos. 4 4 T A Herida del Tiempo -título de I una comedia en la que e s t u v o eminente- -nos ha robado poco a poco y se ha llevado definitivamente a una de nuestras mejores actrices. Hay destinos fulgurantes que con un crescendo indefinido buscan un final brillante, cortado a pico; un final de tragedia o de drama romántico. Hay, por el contrario, vocaciones q u e sólo buscan la calidad y la mejor dedicación al trabajo; esta era la línea de Carmen Seco, actriz. Actriz ante todo. No sé si en los tiempos actuales de popularidades rápidamente conseguidas en el cine o la televisión- -o incluso en la publicidad- en que las compañías se h a c e n para un solo reparto y no existen teatros de repertorio podría darse una personalidad artística como la de Carmen, modesta, burguesa, cariñosa, hasta maternal en la vida, pero amplia completa e importante en escena, donde desaparecía, por así decirlo, para reaparecer encarnada en cada personaje. Así, una mujer pequeña se convertía en la arrogante Mrs. Conway, de la ya citada Herida del Tiempo o en la dominante Bárbara Petrovna de Los Endemoniados Siendo una maravillosa actriz dramática sabía lograr los más sutiles tipos cómicos. como el de la inolvidable Madame Arcati, la vidente de Un Espíritu Burlón Tenía una de las voces más bellas y, sin lugar a dudas, la mejor dicción de la escena española. Era una delicia oírle decir el verso. Por ello ha sido una maestra excepcional que ha dejado escuela en el Real Conservatorio de Madrid, en el que era catedrático de Declamación. Conocí a Carmen por el año 40, a raíz de la guerra, cuando entró a formar parte de la compañía del Teatro Nacional María Guerrero. Había sido primera actriz de la compañía de Ricardo Calvo, con quien había hecho todo el reportorio clásico y romántico. Pues bien, con toda esta ejecutoria de maestra y de primera figura, no recuerdo actriz más disciplinada, más atenta a la dirección ni más puntual en los ensayos. En los muchos años que hemos trabajado juntos no recuerdo tampoco haber tenido que suspender una función por su causa, ni haber tenido que sustituirla una sola vez por enfermedad. Sí recuerdo, en cambio, que al hacer el papel de Brígida en el Tenorio, con trajas de Dalí, tenía que salir con la cara tapada por una malla con dos cuentas negras en lugar de los ojos. Mira cómo me han puesto vino a decirme, y en su cara invisible se traslucía la desolación. Procuré convencerla del impacto que produciría ese rostro sin facciones (lo produjo en efecto) Disciplinada, pero no convencida, se puso la media y, como siempre, bordó el papel. Los versos del acto segundo: ¡Bah! pobre garza enjaulada dentro la jaula nacida, qué sabe ella sí hay más vida ni más aire en qué volar Sonaron como música celestial. Cuando fui a felicitarla, y a tranquilizarla respecto al efecto conseguido, advertí que la malla que le cubría la cara estaba empapada en lágrimas. La actriz había obedecido. La mujer no se había resignado. Poco a poco fue aceptando menos papeles hasta desaparecer por completo del mundo del teatro. Se quejaba de falta de memoria. Creo que el último papel que hizo- -quizá por amistad- -fue el de Amanda, en Fuera es de Noche comedia con la que se inauguró el Teatro Recoletos. Después... el retiro, la jubilación, una vida tranquila. Y se ha ido sin ruido, de puntillas, como se pisa en un escenario en el que sigue la representación. ¡Adiós, Carmen Seco! Luis ESCOBAR