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ABC. MARTES 4 BE J U L I O DE 1967. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 32. ABC PRENSA ESPAÑOLA, S. A. TREDACCION, ADMINISTRACIÓN T TALLERES: SERRANO, 61. MADRID, APASTADO NVM. 43 TELEF. 2 ZS 1 7 1 0 UN ACTO DE FE EN LA EXPANSIÓN ECONÓMICA Cuando el ministro de Industria reclamó de nuestros empresarios el acto de fe que requiere la adopción de nuevos riesgos y les aseguró que no darían un salto en el vacío, resumió, en certera síntesis, el diagnóstico de la situación económica que, según conocida expresión, es desesperada pero nada grave. En efecto, las palabras pronunciadas por el señor López Bravo en la inauguración de una fábrica de aceros finos en Basauri compendiaron el actual momento psicológico y la clave de una coyuntura cargada de dificultades, envuelta en un clima de pesimismo y caracterizada por una pérdida de ritmo inversor, reacción lógica ante la incongruencia de muchas consignas, pero al mismo tiempo nos señalaron la posibilidad de remediar los males que nos aquejan no ya acudiendo a la fácil y vaga receta de la reforma de las estructuras, de general coincidencia pero de larga resolución, sino mediante la corrección de una serie de defectos de funcionamiento que boy dificultan la continuidad de nuestra expansión económica. El señor López Bravo no ha dudado en afirmar que el Gobierno tiene la decidida voluntadde proseguir el desarrollo y que está injustificado el vértigo de altura por las cotas alcanzadas, para concluir con una afirmación no menos estimulante: Existen todos los instrumentos precisos para impulsar el desarrollo y, concretamente, para dar un tono más optimista a la actual situación de las expectativas. Estamos persuadidos de la razón que asiste a nuestro ministro de Industria para su optimista planteamiento frente al pesimismo enervante que invade a los más dinámicos sectores económicos, pero no es menos cierto que el país no advierte todavía el ímpetu, el talante corrector o la concreción de medidas específicas que permitan recobrar la confianza a una iniciativa privada, castigada por esa política del go and stop que ha resido nuestra evolución económica estos últimos años, y recelosa de unas programaciones y unos planes cue a su juicio ya están sentenciados. El criterio del Evangelio, Por sus frutos los conoceréis es la norma prudente a que parece aferrarse la economía española, a la que el señor López Bravo pide un acto de fe y decisiones enérgicas y audaces. El ambiente de incertidumbre y desorientación, que se trasvasa recíorocamente entre Administración y administrados, y que tanto perjudica a la actualización de nuestro potencial de desarrollo, debe y puede superarse a corto plazo. Evidente acierto de nuestro ministro de Industria ha sido el no insistir en esa cantinela de las soluciones estructurales. que a tan largo fían el progreso material de millones de esnañóles, v destacar en cambio otros problemas más de eoi ermis, asimismo irrroortantes. para devolver un poco del color perdido a esa pálida tez de nuestra economía eh una coyuntura como la presente, especialmente difícil. El señor López Bravo se ha mostrado una vez más inteligente al colgar de la percha de la insuficiente financiación y de la competencia de las inversiones inmobiliarias buena parte de los males que padece nuestra industria. Tampoco le falta razón y nos parece perfecto airear todos los problemas con la finalidad constructiva de hallarles solución. El fuerte proceso de inversión y la entusiasta respuesta privada a los estímulos públicos ha creado una capacidad productiva que desborda la capacidad de absorción del mercado nacional, con lo que se hace precisa una fluida financiación a largo plazo que dé tiempo al crecimiento interno y al éxito de la gestión- -siempre difícil- -del complemento de la demanda exterior, a fin de adecuar unos niveles productivos rentables que aseguren pleno empleo, salarios europeos y estabilidad monetaria, con unos niveles adquisitivos suficientes que tiendan a equilibrar oferta y demanda, sin presiones infiacionistas, a crecientes niveles también del producto nacional bruto y de la renta nacional. Como nuestro sistema económico carece de esa financiación y las empresas- -que nacen muchas de ellas sin suficiente respaldo- -tienen que acudir al crédito bancario a corto plazo, con sucesivas y onerosas renovaciones en el mejor de los casos, el resultado es la excesiva dependencia de recursos ajenos, la consiguiente carga financiera, qué impide costes competitivos, la acumulación de existencias, con la inmovilización de recursos que representa, y el freno a las nuevas inversiones, tanto por falta de medios como de ganas de asumir mayores riesgos. En cuanto a la competencia de las inversiones inmobiliarias, es algo tan claro que poco podemos añadir. ¿Qué indus- trial reinvierte beneficios en su prorfa industria, que debe enfrentarse a tantas dificultades y a ese fantasma del Mercado Común, cuar ¿do la especulación de terrenos ofrece a su dinero oportunidades mu- cho más ventajosas? Y nos queda todavía la competencia de las importaciones, que se apoyan en condiciones financieras extraordinariamente generosas, imposibles de igualar por el actual mecanismo de ventas a plazos de bienes de nacionales en el mercado interior. El industrial llega a una conclusión simplista y tal vez injusta, pero cierta: no puede luchar y debe dedicarse a otra cosa. Ante este clima Quisiéramos oue las palabras del señor López Bravo hayan sido el trallazo que remueva actitudes y conciencias. Su diagnóstico es acertado y su aliento todo el posible en estos momentos. Nuestro aplauso a su esfuerzo hábil y político, basado en la verdad de su aserto, en la realidad de unos medios al alcance de una acción gubernamental coordinada que debe resolver cuanto antes las incógnitas que apesadumbran al empresario español. Sin embargo, todos sabemos- -y nuestro ministro de Industria el primero- -oue obras son amores. El país está sediento de medidas concretas, incluso aunque perciba, con clara intuición, que las mismas pueden ser dolorosas nara muchos. La impopularidad de los tirones necesarios ha de ser arrostrada como una obligación que en conciencia no puede ser desoída. Frente a los incondicionales del pesimismo que fustiga el señor López Bravo, nos reafirmamos en un razonable optimismo, asentado en la firme convicción de nuestras grandes posibilidades, Dero los yerros y la larga espera son casi una eximente para la tentación de volver la espalda al desarrollo. Comprendan lo así nuestros rectores económicos. El Ayuntamiento de Madrid prepara ana actualización y refundición de textos de las Ordenanzas Municipales. La tarea no puede ser más loable. La letra de las ordenanzas- -de casi todas- -es un curioso compendio de anacronismos y reiteraciones. A la inadecuación de las Ordenanzas a los modos de vida actuales se han atribuido, con razón, muchos de los deficientes usos que se observan en la regulación de nuestra vida municipal. Se trata, ahora- -según la información publicada sobre el asunto- dé llegar a una compilación única y, a ser posible, una codificación general de todos los textos legislativos municipales, de modo que en un solo volumen puedan encontrarse todas las disposiciones legales Si esta finalidad se cumple, el municipio madrileño habrá dado un ejemplo de ordenación legislativa, que seria de muy conveniente imitación por otros organismos de nivel superior, porque padecemos de ana auténtica congestión legislativa. Hasta tal punto, que uno de los imperativos de más fuerza es. hoy, resumir y coordinar leyes, simplificar, actualizar normas, para que el ciudadano llamado a cumplirlas no se pierda, aun de la mano de los juristas expertos, en la intrincada legislación vigente. Suponemos que darán su informe no solamente las Delegaciones del Ayuntamiento a quienes afecta cada ordenan- za. sino también aquellos organismos públicos a los qué corresponde, en ma- PUBLICIDAD PARA LAS ORDENANZAS yor o menor grado, jurisdicción sobre la materia. Por ejemplo, sobre la nueva redacción del reglamento de mercados, además de la Delegación de Abastos, deberá opinar el Tribunal de Defensa de la Competencia (por estarle atribuidla, la supresión o modificación de las situaciones de restricción de la competencia que existan en el abastecimiento de las poblaciones como consecuencia de concesiones autorizaciones o licencias otorgadas por corporaciones o autoridades locales y en las disposiciones que se refieran a urbanismo, y por análoga razón, deberá oírse a la Comisión Central de Urbanismo. Si no se hace así, todos los defectos que tiene actualmente la multiplicidad de competencias sobre materias municipales de la capital subsistirán y se agravarán. Digamos, de pasada, pues es tema que reclama otro y cumplido comentario, oue tal multiplicidad de competencias debería haberse resuelto con la publicación de la Ley Especial del Municipio de Madrid. Hoy nos limitamos a cerrar esta glosa de indudable Interés para los madrileños; á pedir que. una vez hecha la nueva recopilación, se dé a las ordenanzas municipales publicidad máxima. Qué se editen, a precios asequibles, y se divulgue dónde pueden ser adauiridas con facilidad. Porqne hasta ahora, conseguir un ejemplar de cada una de las ordenanzas y. reglamentos venia a ser una aventura de ínsulas y de encrucijadas.