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ARTE Y ARTISTAS burlando su tremendista intención, resulta lo que se dice muy decorativo. Salvador Victoria insiste en su asepsia geometrizante, y casi todo lo demás empalidece ante el gallardo grito de color de Luis García Ochoa, mi otro premio imaginario. Riten Miller es una delicia de color y de ritmo, y nos parecen sencillamente cautivadores los blancos y grises de Cajal Garrigós. Manuel Baeza, sosteniendo sus misteriosas grafías, se muestra mejoradísimo de materia, casi exquisita ya. Antonio de Miguel, otro gran ignorado, se ratifica como pintor de cuadros que son un portento de equilibrio entre su intención y su virtud expresiva. Arturo Peyró sigue siendo delicado. María Calvet, muy bien aquí, se arriesga a borrar líricamente cuanto compone. María Antonia Sánchez Escalona parece inspirarse en las pasadas musas de Anglada Camarasa. Alberto Duce pone en la Sala VIH una nota de elegancia poco frecuente; Demetrio Salgado toa pintado un gran desnudo, y Nellina Pistolesi, con huellas vazquezdianas, ha compuesto una Visita que la corrobora como pintora. Gloria Alvarez es autora de una patética ilustración; Antonio Rodríguez Marcoida, muy decorativo; poético y simple Palacios Tardez; expresivo y dueño de materia y color Francisco Alcaraz; muy grato el paisaje de Carmen Pérez- Seoane. Mana Antonia Dans nos sorprende con su brusco cambio, en el que ha perdido jugosidad y gracia. Genaro Lahuerta nos da una lección de sencillez, y Roberto To- Palacios Tárdez (Concursos Nacionales) María Moutas, poética en sus azules. Gregorio del Olmo nos desconcierta con su materia abundante, acostumbrados como estábamos a su delicada dicción y a sus transparencias. Eegoña Izquierdo, que es pintora, reHena en exceso su composición, y aquí, en la Sala IV, ese gran solitario que es Francisco Mateos, sobre el que verteremos inútilss lágrimas (como en el caso aleccionador de Solana) el día en que no lo tengamos con nosotros. He vuelto al Palacio del Retiro a ver sus Cazadores concediéndole otra vez el gran premio imaginario. Enrique Gran se pierde al traspasar los limites de sus pequeños formatos. Alfonso Fraile parece agriar sin sentido su composición; Gómez Marco tiene la perfección formal de siempre, y Constantino Grandío nos ofrece una sugestiva interpretación de Sancho y Don Quijote en gris. Elardony presenta un magnifico Interior algo confuso en el toque, y Ángel Medina es aquí gratísimo de color. Martín Caro, siendo un pintor de varias excelencias, aparece perdido en nadie sabe qué búsquedas extemporáneas; Daniel Marino, correcto y entonado, y José Vento (Premio Nacional de Pintura) perdido anda también en un falso expresionismo que. Qomilla Farrés (Concursos Nacionales)