Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-1 01. it Juan José Gómez Molina (Concursos Nacionales) Gloria Alvarez Supervia (Concursos Nacionales) bería hacer. Hay, claro está, excepciones; artistas que siguen prestando al certamen su nombre y su obra, y hay también, cómo no, nuevas gentes que constituyen la grata sorpresa del visitante. Pero la tónica general es más bien anodina, mediocre. Y lo peor es que casi todos están pintando bien. El oficio mimético lo tiene la mayoría, y así, el tono que llamaríamos manual es no solamente monótono sino también correcto. Lo que se echa de menos es la personalidad artística, la individualidad. Un manierismo formal parece informarlo todo, y, como era de esperar, las que hasta hace bien poco podían considerarse vanguardias hoy se han transformado en inercias académicas. Vemos un paisajismo idéntico a si mismo, un expresionismo que se copia y se multiplica hasta el aburrimiento, una mecanización en 4 as artes del dibujo y del grabado (y éste último debe ser lo más importante de la exposición, empezando por el Premio Nacional de esta especialidad, la exquisita Luna I de Dimitri Fapagueorguiu) una escultura que nos llenaría de tristeza si no supiésemos que tenemos una de las más importantes de Europa, ausente aquí, naturalmente. Viniendo ahora al detalle podemos advertir una como reacción arcnirrealista, fotográfica (Antonio Puche) y melodramática también (Francisco Escalada; Miguel Ángel Pérez Tello resulta fino de color, y Rafael Díaz- Llanos Lecuona, cambiando su casi esmaltada paleta y su intención simbólica por unas composiciones terráqueas de rugosas texturas, parece dirigirse a un paisajismo telúrico y fantasmal. Mil Lubroth, inane y colorista; José Barceló, autor de un bodegón de suntuosa intimidad. Esther Ortego hace gala de un expresionismo tenebroso y repulido, y una sinfonía en grises es el desnudo de Cristóbal Toral. El Jazz de Eduardo Marqués es un decorado; Esteban Lamas se retrotrae a los carteles bélle époque Adolfo Estrada (Concursos Nacionales)