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diera en ningún momento parecer soberbia humana, ni menos que no cubriera todas las necesidades de sus moradores. Los verdes, tan regados, de los nuevos campos de golf, constituyen un verdadero tapiz para la colina del Club. Los tópicos por algo llegan a serlo, y nunca, como en este caso, las rezumantes praderas del césped parecen tanto un sedoso tapiz. Un cuidado exquisito en la elección de los materiales constructivos: ladrillo visto pintado de blanco en todas las fachadas exteriores, carpintería de pino Melix en su color natural, tejas viejas procedentes de la Cartuja de Sevilla, patinadas por dos siglos, pavimentos de grandes losas de pizarra procedente de Bernardos (Segovia) celosías y techos de madera, los muebles tapizados en cuero en su color natural. Todos estos materiales, dentro de unas gamas negras, blancas, sienas, entonan perfectamente con el paisaje circundante de encinas y rastrojos, de césped y cielo alto. Y entre los tonos discretos y plantados, aún saltan esas notas cromáticas de las urracas con sus elegantes c o l o r e s dominicos. En el siglo de la supertécnica, la arquitectura ha comprendido que tenía que humanizarse para que el hombre pueda sobrevivir. Y ha vuelto a ser original volviendo a los orígenes. Tal vez alguno de los futuros usuarios de este nuevo C l u b hubiese preferido algo de eso que los incultos llaman moderno confundiendo frivolidad con audacia. Este Real Automóvil Club no pasará en unos pocos años, como le pasa a esas cafeterías a la última Y no pasará porque está basado en 1 a s mejores tradiciones constructivas locales, puestas al día con un sentido del más riguroso humanismo. El paisaje penetra en el edificio y constituye su ornato, los muros y los techos enmarcan la obra de arte insuperable. Aunque tampoco faltan obras de arte dentro. Como ese mural tan interesante del escultor José Luis Sánchez, realizado sobre losas de hormigón patinado en color plata, utilizando sólo piezas niqueladas de coche. Es ésta una obra dentro de las corrientes escultóricas más actuales norteamericanas y alemanas, que pone uir toque necesario de nuestros días en la sobriedad ambiental del Club. Diez grandes y seguros dibujos de Lorenzo Goñi, con esa ironía alada que sólo él sabe, narran diez momentos de la historia del automóvil. Un mural de azulejos del pintor Ignacio Cárdenas, situado detrás del mostrador de la cafetería, con deliciosas actitudes de jugadores de golf. Celosías de madera realizadas por el pintor José María de Labra, que demuestran cómo un trabajo de ebanistería puede convertirse en ipieza escultórica perfectamente integrada en la decoración interior. ¡Y aún hay que mencionar otros nombres de artistas, el de Javier Arana, que ha dirigido el trazado del campo de golf, y el de Pinto Cohello, que ha supervisado el amueblamiento. Un verdadero trabajo en equipo en el que los arquitectos sabían muy bien lo que querían hacer, lo que no debían hacer y con quién querían hacerlo. El resultado es una obra llena de serenidad, de gracia humilde y refinada a la vez, de audacia en ciertos momentos necesaria, para demostrar que se está al tanto de ella, todo lo cual supone un buen ejemplo para que sea apreciado por todo aquel que tenga capacidad para ello. No todo van a ser monstruos urbanos en Madrid, también, de cuando en cuando, se producen estas obras, que devuelven la esperanza perdida. Que sirva de ejemplo es lo deseable, como respeto al paisaje y como lección de la más difícil de las virtudes: la humildad. J. RAMÍREZ DE LUCAS Rincón del bar. En primer término, una de las celosías de madera realizadas por et pintor José María de Labra. Al fondo, un mural de paneles que se iluminan interiormente. Sobre la blancura de los muros de ladrillo visto encalado, destaca el volado de la escalera- terraza con barandilla de pino en su color natural encerado.