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LA ARQIHTECTBRA COMO RESPETO DEL PAISAJE H A sido inaugurado el n u e v o Real Automóvil Club de Madrid. Y en este Madrid agobiado por el tráfico excesivo, por los especuladores del suelo, la noticia ha de destacarse porque no se trata de un edificio más ni de unas instalaciones deportivas más. supone algo mucho más importante y que raras veces se consigue: una obra ejemplar. La dificultad de las ejemplaridades consiste en que están basadas en las renuncias y en los sacrificios. Se prescinde de lo fácil, de lo tentador, apuntando a otras metas trascendentes. El camino no es cómodo y corre siempre paralelo a la incomprensión, pero, a la larga, siempre sale victorioso. Cuando los arquitectos José A. Domínguez Salazar, Carlos de Miguel y José Luis Sanz Magallón, recibieron el encargo de proyectar el edificio de la nueva sede del Real Automóvil Club en un paraje excepcional de las cercanías de Ma- EL NUEVO REAL 1 AUTOMÓVIL CÚJB UN EJEMPLO DE SERENIDAD, DE GRACIA Y AUDACIA drid, podían haber sentido la comezón de la espectacularidad, que tanto se lleva, podían haber escuchado la fácil voz de querer deslumhrar con audacias, pero supieron prescindir de todo lo accesorio para situarse en la difícil renuncia. Hemos dicho paraje excepcional, y- quedamos cortos. En unas colinas que llegan hasta la carretera de Francia, manchadas por las últimas olas del mar de encinas de El Pardo, teniendo enfrente la recortada silueta azul de Somosierra, de La Pedriza, con las dos notas blancas de l o s caseríos de Colmenar Viejo cerrando el horizonte por la izquierda y el de San Agustín de Guadalix por la derecha, había que situar el nuevo Club de los automovilistas. El programa a desarrollar era ambicioso y complejo: además del nuevo edificio social, un autódromo, piscina e instalaciones deportivas, campo de golf de 18 agujeros, y rodeando todo esto, una urbanización con parcelas para chalets y casas fin de semana. Ahora se inaugura la serie de edificios del Club, y, si todo ló demás que se haga insiste en la misma línea de sobriedad y buen tono, Madrid tendrá, en una de sus entradas, algo que podrá ser mostrado como ejemplo, sobre todo de respeto al paisaje. El sitio era tan bello que tos arquitectos tuvieron la humildad de no entrar en competencia con él, sino de plegarse a sus exigencias componiendo con notas blancas de cal, terrosas de tejados, doradas de maderas de pino, una arquitectura pegada al terreno, levantando sólo lo suficiente, ni más ni menos. Ni más que pu- Todas las encinas han sido respetadas y sirven de telón de fondo a los ventanales del Club que ahora se inaugura. El campo de golf se extiende bajo las encinas. Dominándolo todo, con su altura discreta, las edificaciones del Real Automóvil Club de Madrid.