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EDITADO PRENSA M A D POR ESPAÑOLA, R I D SOCIEDAD ANÓNIMA DIARIO FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA yi A he apuntado JÍ alguna v e z la mucha influencia que el progreso y los descubrimientos técnico- científicos han tenido en las artes y expresiones del espíritu humano. Descubrir o perfeccionar el acero o el cemento es inventar una arquitectura nueva. Todavía Zorrilla, en plena autonomía de su creación romántica, p ód ía adjudicarse aquella mitológica y volátil partida de nacimiento: mi madre fue una alondra, mi padre un ruiseñor Fero Le Corbussier, el mago de los rascacielos, p o d í a cantar: mi padre fue el acero; mi madre, una mezcla de yeso y amianto Así se ha llegado al extremo, no ya de que la técnica influya sobre la creación artística, sino que ella la invente y la imponga. Así en el caso del nacimiento del cine Que los hijos de Calderón, Shakespeare o Goethe, se quedaran atrás, en cinematografía, con relación a los hijos de Edison, revela bien a las claras que el proceso creador del cine hizo su itinerario al revés: de la técnica a la creación. La novedad y punto de arranque estuvo en que, de pronto, resultó que se podía retratar el automóvil que cae por un barranco, el caballo que despide al jinete por las orejas. Entonces se inventó un argumento al servicio de esas posibilidades: en el que habían que pasar muchas cosas a fin de que pasaran ésas. Contra lo que se suele decir, los grandes actores fueron, muchas veces, los dobles de los que se tiraban su nombre de un quinto piso. Hasta en la misma literatura escrita, la creación se produce, a menudo, del rebote de una técnica, aunque ahora sea sociológica. Los americanos han creado una sociedad capitalista y maquinista que, por tener de todo, tienen incluso la literatura que critica a esa misma sociedad. O Neill, Lewis o Faulkner son las máquinas de criticar las máquinas; los capitalistas de denuncia del capitalismo. Por todo esto, el cine no debiera ser llamado el séptimo arte Es el arte número uno de una nueva serie de artes. Como la Prensa no debe ser llamada el cuarto poder es el primero de un nuevo escalafón de poderes. En esa lista de arte y poderes nuevos ocupa, en seguida, un puesto destacado, la televisión. La T. V. se basa en el hecho novísimo de convocar a millones de espectadores de todas clases y niveles. Así como Manolete inventó la faena de muleta mirando al tendido, la T. V. ha inventado la vida mirando al televisor. Llevado éste al comedor para aprovechar el tiempo, él es el responsable de muchas soperas servidas por la izquierda del señorito y de muchas sopas vertidas por el señorito en el enjuagador. Por eso, en todas partes, la T. V. es una organización estatal. Es la democracia de los ABC dictadores y la dictadura de la democracia. En el mundo entero, cuanto aparece en la pequeña pantalla tiene el aire de un intermedio sedante, de ésos que introducen los payasos mientras se arrollan las alfombras y se monta la jaula de los leones. La T. V. tiene muchas veces el aire provisional de estar llenando el tiempo en espera de que aparezca De Gaulle, Fidel Castro o Johnson. Además, las cosas que éstos dicen suelen ser mucho más trágicas o cómicas que las que dicen los actores. Pero esta morfología del gran invento recién nacido se hace en España doblemente visible teniendo en cuenta lo difícil que es, entre españoles, lograr un montaje donde todo tiene que ser disciplina y puntualidad. Hablo de esto con la entrañable experiencia de quien ha frecuentado los Estudios, cuando se hacía el programa El Séneca que algún día volverá al aire cuando le den un sitito en los programas. (Con esto contesto a las muchas cartas que me interrogan sobre el tema) Los Estudios catedralicios de Prado del Rey presentan, casi plásticamente, esa extrema instalación de técnica- arte: distribuidas algo así como en El entierro del Conde de Orgaz d e l Greco. Arriba, piso alto, un rompimiento dorado y celestial; abajo, piso bajo, unos españoles muy aplomados sobre la tierra. En el piso alto, cuanto cabe en España de organización y cuadros sinópticos. Abajo, cuanto cabe en España de improvisación, genio y cólera. Arriba, funcionarios. Abajo, actores. Arriba, el Estado que es mucho más sociedad anónima que las S. A. que él legisla y reCorta. Abajo, la sociedad comiqueó! que es todo lo contrario de anónima, porque la máxima compensación radica en que figuren sus nombres- -actores, músicos, peluqueros, fotógrafos, electricistas- -en la lista previa de cada programa. Arriba, un mundo que juega a parecer muy americano. Abajo, un mundo d e l todo celtibérico. REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: 61 SERRANO LOS ACTORES EN LA Iff TiT A ü l I I A lf J. Jl 1 1 J D e l piso de arriba como la Anuncíese en iodo el mundo por medio de la edición aérea semanal de A B C un edificio nuevo, se destilan órdenes e iniciativas que abajo se convierten en geniales milagros contra reloj. Yo no quiero dejar pasar más tiempo sin consignar mis loores para los actores de la T. V. española. Siempre ha sido peligroso ocupar los pisos bajos. Casi todos l o s problemas laborales del teatro l- rico se iniciaron, antaño, por la orquesta: por- que ocupa un foso lóbrego que viene a ser como la subconsciencia del escenario. Los actores saludan desde el luminoso proscenio. Muchas veces, allí sube también el director de orquesta. Pero los abnegados violines y chelos lo más que consiguen es que el director, con gesto condescendiente, les invite a ponerse de pie en el foso: con lo que el público llega a verles, cuando más, la calva o la coronilla. Por eso canto el loor de los actores de T. V. mineros del arte que han superado toda la psicología del piso bajo. Canto al que llega a las ocho de la mañana para un ensayo que, al fin, empieza a las cinco de la tarde. Canto al que está todavía en el plato vestido de c o n t r a b a n d i s t a a las seis, y media, y a las siete ha de estar en el teatro Lara vestido de cura. Canto al que toma un taxi para repetir la grabación de una escena entre la función de las siete y la de las once, porque la escena se transmitirá a las once y media. Canto a los que esperan que les suban el sueldo cuando a los del piso alto les suban el presupuesto. Canto a los que tienen q u e aprenderse una obra en verso de Tirso de Molina, entre dos novelas en prosa. Canto al que en el maratón Prado del Rey- Eslava se quedó sin cenar y me contaba luego: encima llego y me mandan vestirme de camarero y servir una bandeja de emparedados de jamón, con objetividad y no beligerancia, a la actriz que hacía de duquesa Que Dios bendiga a todos esos actores de la mina. Son los que luego mis lectores ven, muy cómodos, en la butaca de casa, sin medir bien todo lo que hay de heroicidad y exigencia detrás de cada palabra y cada gesto. Son ésos que conocéis ya hasta por la voz desde el cuarto contiguo al del televisor. Esos q u e casi forman parte de la familia. No seáis cicateros en escribirles, en felicitarles, en darles ánimos. Porque en esa distribución de olimpo y fieles mortales, de cielo y tierra, que es la casa de Prado del Rey, no es la tierra o piso bajo la que pide el milagro al cielo o p i s o alto. Al revés. Es el cielo el que le pide el milagro a la tierra. José Marta PEMAN De la Real Academia Española que atraviesa el techo y las paredes de humedad