
SUPLEMENTO
SEMANAL
DE CRITICA E INFORMACIÓN
do lo contrario. Jamás tuvo otra un epílogo como la suya y, aunque fue muy alto el precio que tuvo que pagar por ella, no se merecía menos el poder escribir un día la historia del Caballero de la Mancha. Sin el Cervantes andariego y pobre, preterido y fracasado es más que probable que no se hubiera escrito nunca el gran libro, que es no sólo su honra sino la de todos los suyos y cuyo caso es único en la historia. Porque hasta ahora sólo una obra literaria, el Quijote, simboliza a toda una nacióií y, con ella, a la Humanidad entera; cosa que no ocurre con ninguna de Hornero, Virgilio, Dante, Shakespeare, Ráeme o Goethe, sus camaradas más cercanos a él en el Parnaso. Es interesante observar cómo entre el legendario Hornero, el divino Virgilio, el temeroso Dante, el trémulo y profundo Shakespeare, el grandilocuente Ráeme y el olímpico Goethe sólo el paisano Cervantes, en la l l a n a prosa de la novela y, por lo tanto, sin alcanzar el coturno ni vestir la clámide, rodando de posada en cárcel y de cárcel en posada baya sido capaz de conseguir esa simbiosis literaria genial. ¿Por qué fue más escritor que todos ellos? La respuesta, en cualquier caso, sería prolija y discutible. Lo que sí me atrevo a afirmar es. que fue más hombre que esos sus camaradas citados por poseer un conocimiento más directo y real de las gentes que forjan la vida de un país que no son los héroes ni los semidioses, por haberse acercado con más humildad y sincero espíritu de comprensión al drama de los seres anónimos. Con otras palabras, por haber sido más humano que ellos, por haberse derramado más, por haber estado siempre con los pies en la tierra y más atento al latir de un corazón cercano que a las resonancias épicas, por haber sido, en definitiva, fcn semejante a sus semejantes. En esto radica su verdadera grandeza y de a h í arranca su incomparable fuerza creadora. A ello se debe también que nos sintamos ten familiarmente en su compañía, como en la del hermano mayor o la del viejo amigo. Para los escritores, especialmente, Cervantes es un perenne ejemplo. No sólo nos dice cómo se debe escribir y cuáles son las metas artísticas a las que debemos aspirar, sino, y principalmente, cómo debe ser nuestra actitud frente a la vida y a los hombres y cuál es el humilde camino que debemos seguir para Segar a su corazón, a su íntima verdad, ya que lo más importante de todo es esa verdad.
LA GRANDEZA
DE CERVANTES
C
UN EJEMPLO
PERENNE PARA
LOS ESCRITORES
Por Ángel María de LERA
OMO en todos los aniversarios de la muerte de Cervantes, este a ñ o también el libro ha abandonado las estanterías para salir al encuentro d e l público en los puestos callejeros y en los carrillos ambulantes, dando asi principio a lo que podríamos llamar primavera editorial A partir del Día del Libro que así se denomina tal conmcimorackm, o precediéndole inmediatamente, como ha ocurrido esta vez en Sevilla, comienza la ronda de las Ferias del Libro que pasa por Valencia, Madrid y por otras ciudades españolas. Y digo primavera editorial por la feliz conjunción de un detalle meteorológico con la reavivación de las actividades editoriales. Así como la Naturaleza estalla en gozos germinales y se renueva por estas tedias, de igual modo las casas editoras reservan para ellas sus mas importantes novedades, rindiendo el debido tributo ala fecundidad. Pero lo que el Día del Libro -que debiera llamarse Día del idioma -nos recuerda preferentemente es a Cervantes, el español más grande y más universal de todos los tiempos. Tan grande que su grandeza no abruma ni avasalla. Personalmente la contemplación de su figura jamás me ha hecho sentirme mínimo, como suele sucederme con ta de otras grandes perosnalidades. Aunque artísticamente él esté en la cumbre y uno apenas en el arranque de su inconmensurable ladera, Cervantes es, ante todo, un hombre y, como tal, entrañablemente unido a los demás, es decir, a todos y cada uno de nosotros. Su historia de hombre humilde, pobre y zurrado por la vida, y su actitud ligeramente irónica para con tos grandes y profundamente conmiserativa para con los pequeños nos lo acerca tanto a todos que, sin olvidar que es el primer escritor de nuestra estirpe, nos parece más bien el hermano mayor o ese amigo, más viejo que nosotros, que al regreso de un largo viaje nos cuenta, en el silencioso casino del pueblo, los pormenores del fracaso de su aventura humana, de qué manera quiso tanto y consiguió tan poco. Porque Cervantes, triste y jocoso, soñador y vigilante, imaginativo y realista, poeta y alcabalero, inválido de guerra y víctima de alguaciles, pretendiente de credenciales y paseante en Corte, cautivo de ajenos y prisionero de propios no sospechó siguiera la gloria que le aguardaba. No resultó, no, fallida su aventura. To-