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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA, R I D DIARIO SOCIEDAD A N Ó N I M A M D ABC FUNDADO EN 1806 POR DON TORCUATO REDACCIÓN A D m INISTRACION Y T ALLERES: SE R RANO, 61 LUCA DE TENA C UANDO la mutación de todo un mundo y todo un estilo de vida alcanzan las proporciones que se registran hoy- -porque no es que se muevan y avancen los hombres, sino que el que se desplaza es el suelo mismo sobre el que todos estamos- -uno llega a sentir verdadera compasión por los que obligadamente tienen sus manos puestas en los mandos -volante, acelerador, freno- -de la máquina que recorre el camino. Ya hace algún tiempo escribí un artículo que se titulaba Consolación a Paulo VI Procuraba entender- -que entender ya es una forma de- dar calor y compañía- -el drama interior del hombre Montini. Tiene, creo yo, contextura absoluta de intelectual. Quiero decir una inextinguible comezón de comprender como vestíbulo de actuar. La acción es siempre una ruptura del equilibrio mental. Para la persona que ve el camino como una pista que se pierde hacia el infinito flanqueada por las cunetas paralelas y equilibradas del pro y el contra, del si y el no, es heroico decidirse a zanjar a una distancia determinada el camino, y resolverse por el no, por el sí, por el pro, por el contra, con la seguridad angustiosa de que quedase sin atender una serie igual de soluciones posibles y contrarías. Por eso tantas veces, Paulo VI pide, ruega e indica por repugnancia a mandar. Porque no quiere que s u voluntad desmienta con su énfasis el humilde cálculo de probabilidades que le presenta, tantas veces, sú entendimiento. Decidirse es cortar por lo sano Esto se dice muy fácilmente. Pero lo sano se duele siempre de ese imperativo que, por la limitación de las humanas posibilidades, le empareja tantas veces con lo podrido, sacrificando así la justicia al orden, lo dialéctico a lo eficiente. Ahora le ha tocado el turno al padre Arrupe, general de la Compañía de Jesús. La carta a sus hijos es una pieza maestra de voluntad resolutiva. Su redacción y decisión ha sido precedida de mucho diálogo y entrega, de corazón a corazón, con Paulo VI. Los dos- -el Papa Montini y el general Arrupe- -son hombres pícnicos, enjutos, de perfil de pájaro. Yo los veo en el diálogo responsable y resolutivo como dos agudas sierras de carpintero aplicadas al mismo tronco endurecido e impertinente de viejas y viciosas vegetaciones. No h a c e el padre Arrupe nada que no esté en el mismo ritmo y sistema de cuanto ha hecho el Concilio: autoexamen, veredicto sin vacilación, confesión leal, acción consecuente. Con la diferencia de que el padre Arrupe, como general de un ejército ligado con dobles nudos de obediencia, tiene que escribir con mayor desenvoltura autoritaria. No son los destinatarios obispos a los que se les pide esta o la otra renuncia. Son hijos sobre los que se ejerce la patria potestad. Ningún terremoto tampoco. Ya el anterior general, el padre Janssen, escribió a sus hijos una carta en que les prevenía sobre VERDAD Y DOLOR DEL PADRE ARRUPE tro mundo occidental al General misionero que viene de tantos años de hucierta tendencia natural al triunfalismo milde tarea en el Japón, de ser testigo o al desvio orgulloso. Los naturales pe- en Hiroshima de la caída de la primera ligros de los grandes éxitos: no hay sol bomba atómica. Si ahora trata de equilibrar con su bomba de fraternidad y que no produzca sombra. El padre Arrupe no ha hecho otra co- amor, la bomba nuclear del odio y la sa sino escribir con mansa claridad lo guerra, no es más que un. paso lógico que era rumor o murmuración en cual- en su camino de desinterés y ausencia quier esquina del mundo cristiano: hay de compromiso. No se viene de Hirosdeslumhrarse como personas, en todas las agrupaciones o hima para señor marqués. En el hijo coJapón, compañías, que no han comprendido aún legial del estudia amar, no servilismo un misionero ni la importancia del problema social hay adulación. El padre Arrupe viene de coque repensar, de vez en cuando, las fór- mer con Zaqueo; no le va a deslumhrar mulas de apostolado ciertos colegios la mesa de ningún fariseo. Nada nuevo. tienden al monopolio clasista los po- Es el episodio natural de toda reforma bres reclaman una atención preferente de orden o religión. No va a costar meEl coloquio de Papa a General, fuente nos simplificar ciertas cosas en la Comdel claro río de sinceridad del padre je- pañía y ablandarlas de amor, que lo que suíta, estuvo precedido de un coloquio costó- -hasta cárceles y huidas- -descalzar histórico e ideal, de vasco a vasco, de a las monjas y frailes del Carmelo. La San Ignacio al padre Arrupe: dos per- carta del padre Arrupe, con parecer tan files también de sierras cortantes. Tam- cortante a lo vasco, es sustancialmente bién San Ignacio, después de la ilumi- teresiana. nación de Montserrat, quiso engullir en Lo que asombra es que de todos estos un año todas las asignaturas de la Filosofía y la Teología: muchas c o s a s episodios, desde el Concilio a la Congre- -comenta el padre Astrain- -para q u e gación General de la Compañía de Jesús, saliera aventajado en ninguna Tuvo se saquen consecuencias de susto escanque hacer examen, corregirse y marchar- dalizado, cuando tan a la vista está el se a París, a poner al paso su desbo- ritmo moral y ejemplar con que nos encado corcel y dedicar años y libros a señan y amonestan los hechos mismos: apuntalar su primera iluminación místi- examinarse, conocerse, confesar lealmenca. Los éxtasis son malos consejeros pa- te y renovarse con prudencia. ¿No sería ra los cursos universitarios, porque vie- mejor que zaherir la luminosa y libre carnen a ser como empezar por las vaca- ta del padre General, repensar a igual ciones. Todo es un proceso natural. San ritmo las cosas temporales? ¿No h a y Ignacio vivía en la hora del Renacimien- triunfalismo que corregir, orgullo que to. Tuvo gula de estudio. Ahora sus hi- cortar, tópico que excluir? No os majos han vivido la hora del capitalismo. ravilléis de. que la verdad no les gueste No es sino normal que alguno haya sen- a todos es necesario que tengamos el tido la gula del poder o riqueza como coraje de abandonar las obras tradicio- fórmula de eficiencia. Irse derecho al ri- nales que hoy tengan menos importancia la verdad nos traerá problemas en co para revertir sobre el pobre. de Lo que entristece es ver la fruición algunas más nuestras relaciones actuales, poderosos En vez de asuscon que algunos- -de los que seguramen- con los todas esas frases misionales de tarse de te habrán murmurado mil veces del cla- la carta del padre Arrupe, achicándolas sismo de tal Colegio o la preferencia por tales señores- -murmuran ahora, des- poco menos que a una cuestión de orde un papismo integrista mucho más allá den público, convendría temporalizarlas del Papa, de la carta del padre Arrupe, y buscarles sus equivalencias cotidianas. como de manifiesto revolucionario, de ¿Es que no hay nada que confesar y replanteo de la lucha de clases, de mar- enmendar en el orden humano? ¿No han xismo disimulado. Es hasta vitalmente sido muchos, acaso, casi sexualmente autonto implicar en tales declives de núes- toritarios, mandones, germanófüos en su día? ¿No se dio por perdida una guerra por quienes la ganaron? ¿No se creyó en la autarquía económica y en la gasolina sintética? ¿No se hizo nunca algún negocio oscuro? ¿No se hicieron caricaturas violentas de países a cuyas puertas llama luego nuestra economía? Examinar, confesar y enmendar es el ritmo del Concilio, del Papa, del General de la Compañía. Es poco eficaz asustarse de lo que debiera imitarse. Hace poco, escribía- Mauriac: el mundo solo será salvado por unos cuantos Intercambie sus regalos de prometidos, en hombres que estén plenamente en el nuestro selecto y cordial ambiente. Confíenos su mundo, pero que no se parezcan nada problema y será nuestro seguro cliente y amigo. al mundo SAN BERNARDO, 10 (junto Gran V í a) MADRID- 8 José María PEMAN De la Real Academia