Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. M I É R C O L E S 8 DE M A R Z O PE 1967. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 85. xvx x Pá Mtt 9 tei ttm 9 s ¡tí Domicilió PASEO DE LA CASTELLANA, 84 Horario: De dieí a dos, por la man ana, y de cuatro a siete, por la tarde. Entrada: Diez pesetas. EL REAL GABINETE DE HISTORIA NATURAL FUE CREADO EN 1752 El edificio que ocupa el Museo del Prado fue concebido por Carlos III para el de Ciencias Naturales. Todos los continentes están representados en su Sección de Zoología Hace unos días decíamos del Museo del Reloj Antiguo que era tul Museo vivo, porque- todos los relojes en él contenidos estaban dispuestos para ser puestos en marcha en cualquier momento. Ayer, en cambio, liemos visitado un Museo muerto- -el de Ciencias Naturales- un Museo en el que no cabe esperar que ninguna de las piezas expuestas recobre jamás el movimiento que muchas de ellas- -en la sección de Zoología, al menos- -tuvieron en otros tiempos. Sin embargo, se observa en aquellos animales disecados tal perenne aspiración de vida, que obliga a rechazar por inexacta la calificación de Museo muerto. Es más bien un Museo de vida estática; pero vivo. Se diría que hay en aquellas salas una soterrada vida latente presta a vibrar en cualquier momento y transformarse en vida activa. Ante algunos escorzos felizmente sorprendidos por la taxidermia; ante l a expresión voraz de unas fauces abiertas, ante la mirada somnolienta de alguna fie. r a en reposo, se tiene la impresión de que todo el Museo estaba vivo, pero en un instante la vida se detuvo en él, y de u n momento a otro se va a reanudar. Se tiene, en fin, allí la misma impresión qué cuando la movible imagen cinematográfica queda inanimada al detenerse el rodar del aparato proyector. Dan s a n a s de avisar al distraído operador para que devuelva 1 movimiento a la pantalla. El Museo de Ciencias Naturales, con la doble vertiente de instructivo recreo popular en sus salas y de docto establecimiento científico dedicado a la investigación en la gran trastienda- -más bien rebotica- -que son sus laboratorios, h a sido protagonista de una azarosa historia desde que en 1752, reinando Fernando VI, fue creado por don Antonio Ulloa y establecido en la calle de la Magdalena con el título de Real Gabinete de Historia Natural Sus primeros fondos se nutren de curiosidades que existían en Palacio y en algunas dependencias oficiales. No tardó en decaer este primitivo centro, y arrastra Tina vida precaria ¡hasta que Carlos III le da nuevo impulso ti 1867. Años más tarde, el mismo m o n a r c a destina al Museo la planta alta del edificio levantado en la calle de ¡Alcalá, donde también queda instalada la Real Academia de Bellas Artes en los ¡pisos bajo y principal. Es época en que las Ciencias Naturales alcanzan gran desarrollo en España, y el Museo llega a serrino de los primeros de Europa. El ¡mismo Rey, muy adicto al Museo y asiduo visitante de él, encarga en 1785 a VIllanueva el proyecto de un edificio adecuado junto al Jardín Botánico; pero posteriormente el edificio fue destinado a Museo de Pintara y Escultura y se convirtió en el mundialmente famoso Museo del Prado. C E R R A D O E N 1808 Cerrado de 1868 a 1814, vuelve a atrra sus puertas después de la guerra de la Independencia; pero comparte las vicisitudes que caracterizan a la vida del país en la época y vé decrecer la categoría que había alcanzado entre sus iguales de Europa. Sufre otro desahucio: a fines del XIX es trasladado a la planta baja y sótanos del Palacio de la Biblioteca Nacional. A principios del siglo actual pasa fugazmente por distintas instalaciones pro. visionales y en el segundo decenio queda instalado en su actual emplazamiento, al final de la Castellana, donde comparte el edificio con la Escuela de Ingenieros Industriales en forma tal, que sus dos secciones- -Zoología v Geología- -quedan separadas en ambas alas extremas, de- modo que el visitante debe salir al exterior y caminar un largo centenar de metros para completar la visita. Ahora se confía en que será trasladado a la Ciudad Universitaria, donde podría realizarse la instalación soñada por quienes a él dedican sus afanes, de modo que las espléndidas piezas apiñadas en las vitrinas fuesen presentadas en dioramas, a semejanza de como están colocadas las. capras hispánicas -El Museo se asfixia aqur por falta de espacio- rios dice su director, don Francisco Hernández- Pacheco, miembro dé la Academia, de Ciencias y catedrático de- la Facultad, del mis mo ramo, que aparte de su vinculación personal al Museo estafca familiarmente vinculado a él por la presencia de su padre, el profesor don Eduardo Hernández Pacheco, que fue jefe de la sección de Geología, Paleon. iologíáy Prehistoria. Más recientemente, además de los Hernández- Pacheco, los hermanos José María y Luis Benedito, y los Chaves, don Conrado, que fue preparador en el Laboratorio de Taxidermia, y su hijo don Ángel Chayes, escultor taxidermista. Gentes todas, las que antes pasaron y las que actualmente están en él, que. han amado y aman al Museo como a algo muy entrañable. Nos acompaña en el recorrido por las salas el jefe del Laboratorio de Taxidermia, don Manuel García tJorens, que está en el Museo desdé 1914, cuando todavía era un muchacho. PIEZAS NOTABLES Y con- él vahíos contemplando lo más notable entré tantas cosas; nó tables: en la sección de Geología, las vitrinas de los, meteoritos y ía colección de piedras preciosas, entre las que hay. amatistas, esmeraldas, topacíos ágatas, -espléndidos ejemplares de cuarzo cristalizado del- Delfinado y un grupo de cristales dé- azufre de Conil (Gádiz) Por. cierto, el M iseo posee también una colección de todas- las piedras preciosas mencionadas en. las Sagradas Escrituras. El esqueleto de diplodocus, con veintiséis metros de la cabeza a la cola; los restos fosilizados de uii- megaterio y de elefantes deivalíé del Sjanzanares. En la seccióM de Zoología; donde están representados todos los Continentes, destacan el famoso, toro de Veragua; la jirafa y el elefante africano regalados por el duque de: Alba, famoso este último por su tamaño, que ronda los cuatro metros de alzada el antílope negro con el que el conde de Yebes batió, en Angola el record mundial en la caza de esta especie; el elefante malayo que fue regalado a Garlos III, las capras y rebecos r e g a l a do s por. Don AlfóriTiene el Museo también en su historia una anécdota tan curiosa cómo insólita. El 28 de febrero de 1787, su director, a la sazón don Enrique Izquierdo, se dirige al conde de Floridablancas Quedan colocadas en este Real Gabinete las dos astas cortadas a un hombre por- el cirujano don José Correa, que se sirvió remitirme con fecha 25 dé febrero, con el testimonio que acredita este suceso extraordinario. El testimonio es un acta levantada con todas las formalidades y avalada por el escribano don Francisco Acebal, en la que consta que un distinguido caballero de unos setenta y siete años de edad, poco más o menos e presentó en el domicilio del cirujano con dos monstruosidades que, según se demostraba, eran- del mismo color, dureza, sustancia y figura que las de un carnero. Firman el acta toes testigos que presenciaron la insólita doble amputación. iír; v Por cierto, ese parentesco nos lleva a detener la atención en una curiosa circunstancia: en como la vocación por las Ciencias Naturales se ha transmitido de unos miembros a otros en la misma familia creando tradición. Varios apellidos estuvieron doblemente representados por p a dres e hijos en las tareas y el cuidado del Museo. Así, los Lozano Rey, los Alvarado, los Rioja, los Bolívar. Antes futTon, por los siglos XVHI y XJX, los VUlanova. Antes de abandonar él Museo de Ciencias Naturales hemos pasado, por el La boratorio de Taxidermia. I a contemplación allí de las pieles flácidas que aguardan el trabajo de los- taxidermistas, mueve a la admiración, después de haber visto en las salas la obra acabada: aquellos animales que parecen aguardar el soplo divino para reanudar la interrumpida acción en flue fueron sorprendidos. MENENDEZ- CHACON (Ilustración de Tauler.