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CINCO HORAS CON MARIO De Miguel DELIBES Ed. Destino, Barcelona NUESTRAS lamente que era la definición de la gramática en nuestra edad escolar. Pero ¿y la vida? ¿Se habla como estos esquemas daban a entender? Los lingüistas nos fueron sacando cada vez más del cómodo error en que estábamos y se aplicaron al estudio de las formas vitales, impulsivas, del lenguaje. Véase El español vulgar de Muñoz Cortés, o El español coloquial de Werner Beinhauer o ese asombroso Diccionario, del uso del español de María Moliner, para hallar hasta qué punto la lengua habitual, es- -como dice Emilio Lorenzo- -un lenguaje en ebullición cuyas formas expresivas no se ajustan a los esquemas gramaticales de sujeto- verbo- complementos. Pues bien: el libro de Miguel Delibes que ahora se comenta, al recoger como un magnetófono de percepción finísima el hilo verbal del monólogo interior de la protagonista ofrece al lingüista, registrador de las formas vivas, no gramaticaüzadas deV lenguaje, un repertorio fabuloso de formas expresivas, en las que la frase no se arquitectura en unidades cerradas, sino en sucesivos incisos: Y qué cena nos dio, de sueño, que sobró de todo, hasta langosta y caviar, y cómo estaba la langosta, Mario, y qué bien servido, ni las bodas de Canaán como yo digo, que si tu no te propasas una de las noches más felices de mi vida, fíjate, menuda cena, que como ella te dice veniros a tomar una copa el sábado le quita importancia, se piensa que va a ser otra cosa. Pero tú estuviste en un tris de armarla, querido, mira que eres, y te advierto que lo presentí, que no lo creerás... La taravilla continúa, a lo largo de ¡as páginas, de casi trescientas páginas, como un esfuerzo realmente impar de aprehender el lenguaje vivo, coloquial, reflejo exacto del alma de la protagonista. EL CONTEXTO SOCIOLÓGICO. -Este reflejo nos da nítidamente no solo un espíritu afligido de mujer, que hace desfilar con definidor atolondramiento, sino el medio social en que se mueve, así como su contorno afectivo: el marido, catedrático, de ideas avanzadas cuyos conceptos religiosos, políticos y culturales chocan con la rutina, el inmovilismo y la ignorancia de la protagonista, en la que el escritor, imagino, ha querido esquematizar una porción considerable de la mujer de su casa en la mesocracia española. Si en lo lingüístico, el libro es extraordinariamente documental, no lo es menos en el campo sociológico, ya que el cuadro de contrastes entre la mentalidad posconciliar d e I protagonista y la resistencia tradicionalista de su mujer, entre el evolucionismo político del marido y la aferrada desconfianza de la esposa, entre la moral rigurosa de él y la moral aparencial de ella, se establece un juego dialéctico de gran al -ance definitorio, que da a esta novela el carácter de gran retablo de la vida española- -en un contorno provincial- -de extraordinaria fuerza documentadora, para quien se proponga obtener conclusi ones acerca de la realidad mesocrática de nuestro país en la sexta década del siglo XX. -La dedicatoria del libro, a José Jiménez Lozano, ilumina reveladoramenté acerca de las fuerzas espirituales que dibujan la simpatía del protagonista hacia las formas más progresivas y evolucionadas del pensamiento, en todos los campos de la actividad pensante. Libro polémico, pues: libro vivo. Por Guillermo DIAZ- PLAJA EJERCICIO PARA UN ESCRITOR. -rácter psíquico permite romper cualquier La trayectoria novelística de Miguel encadenamiento de tiempo o espacio: tanLelibes está hecha de una suma de to A la recherche du temps perdu como Ulyses se sitúan en un mundo sin mapas fidelidades. Fidelidad al contorno geográfico en que se mueve y adhesión a ma- ni relojes, en un mundo fluido en- el que chamartillo a la lengua en que se expresa. el lugar y la hora pueden atomizarse, enDiré en seguida que estas dos lealtades se trecruzarse, diluirse o reencontrarse con dan en él, como por naturaleza, derivadas libérrima voluntad. Cinco horas con Made su circunstancia vital. La lengua de rio es un espléndido juego retórico, un Castilla- -de Castilla la Vieja- -fluye en él ejercicio de virtuosismo en el que Miguel como el agua de los manantiales: agua viva Delibes descarga todo el peso de su novela n ese monólogo interior de su protagoy fresca. Y para que esta vitalidad sea nista, a lo largo de casi operante, le basta al estrescientas páginas. critor con auscultar e I Analizaré esta hazaña. decir de las gentes- -las ESTUDIO DEL LENde arriba y las de abaGUAJE VIVO. -Nuestra jo- -con ánimo notarial, operación cotidiana d e trasponiendo a la página hablar se mueve entre los giros y las locuciones la interjección y la gradel diario vivir. Quien mática. A un extremo quiera disponer d e un tenemos, en efecto, las buen repertorio del casexplosiones del ánimo, tellano que hoy se habla que se resumen en una acuda a sus novelas o a palabra o en un grito; sus libros de relatos veal otro extremo, la lennatorios. aua conversacional ordeEn esta novela, Miguel nada racionalmente d e Delibes lleva su buen modo tal que los térmioficio de escritor aun nos gramaticales se coplano que diríamos exrresponden exactamente perimental, acometiencon los de la lógica. Endo la siguiente proeza: tre la intuición pura, de las trescientas pág i ñas predominio afectivo, que del libro se destinan al se fulmina con la voz monoloquio de una muinter jeccional, y la orajer, María del Carmen, Wiguei Oell es. ción gramatical con toque, mientras vela el cados sus verbos y atribudáver de su marido, hace tos, cabe toda la historia de la literatura. transitar por su mente su existencia entera y el cuadro social y familiar en que se ha En cuanto al lenguaje, claro está que la movido. Un ejemplar de la Biblia en la cultura actuó sobre él racionalizándolo, pensantes, inque se supone que la protagonista solitaria acercándolo a los esquemasescribir correede la novela, lee al azar algunos textos, ventando aquel hablar y le sirven al escritor para, al transcribirlos, ahilar una nueva serie de introspecciones. María del Carmen, en efecto, no habla, sino que piensa, y el novelista construye su novela recogiendo el hilo de su pensamiento. Eí libro áe bolsillo EL MONOLOGO, COMO TEMA LITEAlianza Editorial rario. -Aun cuando en más de una ocasión me he referido- -en estas mismas críticas- -a la existencia de un diálogo más o menos explícito en el origen de toda poesía o de toda novela, no es menos cierto que el soliloquio tiene antigua carta de naturaleza. Incluso en el teatro que, por definición es coloquial, hallamos personajes que hablan solos- -ya desde el auto de los a D Reyes Magos Las décimas de Segismun- LU t do, en La vida es sueño son ejemplo insigne de este proceder que, incluso, se in- U- tercala en escenas de varios personajes, es- pecialmente en el teatro del XIX, cuando reza en el texto la acotación aparte y el actor hace al público su secreto confidente, ante la providencial sordera de sus g o compañeros de juego. En la novelar el dia- 55 h- 8 rio íntimo el personaje que se explaya PÍDALO A Sil U 8 RE 8I S escribiendo cartas, era relato en primera O KIOSCO O ÜENITIEHOa persona, en suma, cumplen la misma mi- ESIE ANUHCIO i sión monologadora. Pero es en la novelís- LIANZA EDITORIAL tica más reciente- -de Proust a J o y c e- -APARTADO 9.107 donde el procedimiento adquiere una nue- MADRID C 6) va calidad: la palabra del personaje no se ajusta a la dicción sino que el escritor va Domicilio registrando el hilo del pensamiento: es lo Ciudad desea recibir que se llama monólogo interior cuyo ca- contra reembolso, uo ejemplar deí íibro anunciado.