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A B C, D O M I N G O 15 DE E N E R O DE 1967. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 95 OPERA EN EL UCEO fDOMENEO DE MOZART, EN VERSIÓN DE LA COMPAÑÍA DE 5 ALZBURGO Barcelona 14, (Crónica de nuestro crítico musical. Una detascaracterísticas más acusadas en la serie de. representaciones liceísticas surge por la. variedad de sus programas. Ahora, en la temporada Que celebra las veinte consecutivas de la empresa que gobierna Juan Antonio Pamias, esa novedad no surge por la inclusión de títulos contemporáneos de estreno, pero sí por los orígenes y épocas distintos en lo seleccionado y por el hecho de que muchas de las obras casi podrían llamarse de estreno. Buen ejemplo La Boheme dé Leoncavallo, que lo constituía para los barceloneses: María del Carmen que rinde homenaje a Granados, y el mosartiano Idomeneo bien merecedora del conocimiento, por abundosa en las calidades peculiares del compositor salsburgués. Mozart escribió Idomeneo a los veinticinco años de edad, en 1781. Veinticinco años para quien a los doce fue capas de ofrecer su primera ópera es ya etapa de madures, de transición para la definitiva madures. El dominio no es sólo indudable: es aplastante. Todo se ve escrito con orden, soltura, precisión y equilibrio, santa virtud del autor. Cierto que no hay la impresionante gama de matices que advertiremos en La flauta mágica la comicidad del Rapto en el serrallo el mágico talismán inspirador de Las bodas de Fígaro la ponderación distributiva insuperable del COSÍ fan tutte o la profundidad aliada con la gracia en el Don Juan pero sí se capta el primor en la orquesta, la fluidez del discurso vocal y la ausencia de sobresaltos que Mozart mismo propugnaba. Ausencia de sobresaltos que, por otra parte i podría señalar él único punto de reserva: la distancia de la música y el dramatismo del tema hasta- la solución feliz. La música no profundiza en la tensión espiritual de los personajes, ni ahonda en el descriptivismo de la tempestad, momento fundamental de la trama. No importa. Siempre tendremos la música misma, y ella será capas de elevar el nivel y sostener la atención, máxime cuando en algunas de las arias, fundamentalmente en las confiadas al personaje de Electra la fuerza melódica se une a la intensidad expresiva, y ésta al virtuosismo siempre lógico. La versión ofrecida por la compañía titular de la Opera de Salsburgo, a las órdenes muy calificadas del maestro Mladen Basic, bien secundado por la orquesta del Liceo- -un poco pálida la cuerda; muy seguro en difíciles intervenciones el primer trompa- alcanzó un nivel global plausible. Más qué señalar aciertos o reservas parciales conviene insistir en esa media en ta que todos coadyuvaron con buen conocimiento y ponderación. En todo caso, quisa se impondría una cita especial para Mamaret Messel, que dio al personaje de Illa una bella voz y buen temperamento. Versión de equipo, como tantas que se ofrecen por escenarios de allende fronteras, bien resuelta con el fondo, muy adecuado, de los decorados del propio teatro de Saisburgo, las pinceladas más brillantes en el conjunto que en los solistas del ballet y unas intervenciones difíciles, salvadas sin excesiva calidad, con cierta premiosidad, portoscoros, sin duda lo más endeble del bloque interpretativo. Dentro de unos días el Don Juan nos acercará a una de las concepciones mozartianas capitales. Antes, Victoria de los Angeles nos regalará su Manon en clima de acontecimiento y expectación lógicos. Bueno es que ampliemos el catá- logo personal mosartiano- -el del salsburgués resulta inaprensible en su totalidad- -con este Idomeneo merecedor del aplauso, que no le faltó por parte del senado liceísta. -Antonio FERNANDEZ- CID. ESPECTÁCULOS EL AMANTE Y LA CGLE DE HAROLD PINTER, EN ESLAVA María Cuadra y Gustavo Rojo, intérpretes de El amanté y colección Teatro Eslava. Títulos: El amante y La colección Autor: Harold Pinter. Traducción y dirección: Luis Escobar. Intérpretes: María Cuadra, Gustavo Rojo, Miguel Ángel y Sancho Gracia. Decorados: Luis Viudes. Fondos musicales: Cristóbal Halffter. La llegada de Harold Pinter a lo que hemos dado en llamar teatro comercial español se ha producido apenas dos años después del triunfo del dramaturgo inglés en París, lo que prueba, al mismo tiempo, la atención despierta de Luis Escobar a las grandes novedades teatrales y la extraña, pero cierta, apertura de nuestro teatro a conceptos y formas de expresión artísticas que nos han estado vedadas durante muchos lustros. Harold Pinter es un autor nuevo. En la rica generación teatral inglesa aparecida en la posguerra su nombre supone una I í ii GARCÍA ASENSIO, SEMIFI- I NALISTA EN EL CONCURSO I DE DIRECCIÓN DIMITRI ¡MITRÜPOULOS DE NUEVA I YORK Nueva York 14. Al Concurso In- ternacíonal de Dirección de Orques- ta Dimitri Mitropouiós se han presentado cuarenta y un. candida- tos, correspondientes a diez países; f Han quedado semifinalistas trece maestros, entre los cuales se encuen- tra el director español Enrique Gar- cía Asensio, titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión española. Las pruebas semifinales del Con- curso, que vienen desarrollándose en el Carnegie Hall, tendrán lugar el lunes día 16, y las finales, el 19. Preside el Jurado el director de la Orquesta Filarmónica dé N u e v a t York, Leonard Berstein. -Efe. proa en lo que, para entendernos, se denomina teatro de vanguardia. Va mucho más allá que los jóvenes coléricos como Osborne y Wesker, estancados en un inconformismo, suburbial en lo técnico del teatro épico, concebido por Bretch. Va y llega a un mundo espiritual e intelectual no regido ni por la lógica ni por la moral, que han estado en uso para los autores británicos h a s t a Kattigan, Priestley y Green. Entra Pinter en un mundo eoneeptual, donde el autor no habla, no opina, no juzga, condena o absuelve a sus personajes; no toma partido ni por ninguno de ellos ni por formas morales preestablecidas. Esta indiferencia, este detachement este destacarse, separarse de sus personajes y de lo que les acontece es el esfuerzo más considerable realizado por un autor en el sentido de dar vida, de crear vida, sobre un escenario. Para que haya vida es preciso que exista independencia entre el creador y sus criaturas. Los personajes de La colección y de El amante son seres estrictamente independientes de Harold Pinter. Viven, ejercen sus pasiones, obedecen a sus caracteres individuales, a su cultura, a su ámbito espiritual. Y nosotros, los espectadores, los vemos vivir, actuar, sin que ni ellos ni menos el autor nos expliquen sus actos ni los móviles a que obedecen. De ahí que, presenciando estas dos piezas, cada espectador Hieda llegar a diferentes conclusiones. ¿Ha engañado Stella, real, efectivamente, a su marido, Harry? ¿Se ha liberado por la confesión falsa de un sentimiento y una necesidad verdaderos? Y Bill, ¿miente al confesar su complicidad de unas horas con Stella? Si no ha estado íntimamente con ella, ¿ha pensado el acto amoroso como una liberación, como una recuperación de su condición de hombre? 1 Muchas más preguntas hay que formularse cuando cae el telón sobre la pregunta con que James, el marido, trata de confortarse y la sonrisa enigmática de Stella. Porque en La colección nos introduce Pinter en el mundo de los deseos no realizados, 0 de los impulsos reprimidos, de las protesta ahogadas por la cobardía, de los celos que luchan contra la contención por los principios sociales y hasta de clase. Todo se desliza untuosamente entre dos verdades: la objetiva, la exterior, la de los hechos, y la subjetiva, la interior, la de los deseos. Harry, James, Stella y Bill son tres hombres y una mujer, oprimidos socialmente dentro de sus cuerpos; son, fundamentalmente, por la capacidad de contención y de silencio, tres hombres y una mujer ingleses; cuatro seres que forman dos bandos antagónicos; el de los