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No eran bien mirados los hombres del Emperador Carlos V en, ta ciudad de Aquila. Por eso, los españoles construyeron este castillo en el corazón de Italia. El día de Santo Domingo, hombres, mujeres y niños cogen serpientes vivas que lanzan s la imagen del Santo Patrón. construidos en los picos más escarpados, encerrados entre montañas, con un aspecto de lo más inaccesible, que recuerdan a los que de pequeños colocamos sobre cerros de cartón en nuestros Nacimientos... EN COCULLO, UNA EXTRAÑA PROCESIÓN DE SERPIENTES Ei Abruzzo está poblado de estos pueblecitos agrestes, donde la vida es increíblemente dura para sus habitantes. Un invierno con varios metros de nieve que dura seis meses, en los cuales es necesario vivir aislados de todos y de todo. El hombre, en general, se dedica al pastoreo y cuando aparecen los primeros fríos, hacia octubre, coge sus rebaños y se dirige a la llanura, donde vive hasta bien entrado junio. Las mujeres, los viejos, los niños, hacen sus provisiones de trigo, comida y leña y se encierran en sus casas. El pan lo amasan cada día; embutidos, tocino y carne de cerdo llenan la despensa; un buen fuego nunca falta; el Santo Patrón tampoco, y en caso de enfermedad creen en el curandero más que en el médico. Este aislamiento hace nacer costumbres, usos y creencias, que ya sólo en pocos Jugares civilizados se encuentran. Se crean leyendas y tradiciones. El pueblecito de Bisenti presume de ser la patria chica de Poncio Pilatos y otros muchos lugares se tienen por cuna de algunos de los personajes de la Pasión de Cristo. Se cree firmemente a la acción de fuerzas maléficas. Cesas absurdas que nos hacen reír y que los campesinos abruzzeses creen a ojos cerrados. En Caporcíano, el viernes, no se celebra un matrimonio, ni se visita, a los amigos ni... se cortan las uñas... porque éstas nacerían irregulares. Es idea general en las aldeas de montaña que las personas nacidas entre el 24 y el 25 de diciembre son brujas o brujos, y para liberarlas es necesario ir a la viña, cortar un ramo, quemarlo y pasarlo, haciendo la señal de la cruz, sobre el brazo del presunto ser maléfico. ...En Ajelli se dice que las brujas no van a misa el día de Navidad y si fueran, deben escapar al momento de la Elevación... Y ño digamos de los remedios milagrosos que para cualquier caso tienen las viejas del lugar y que trasmiten a sus hijas junto con las palabras misteriosas especiales para cada ocasión. Las habas picadas con el blanco de huevo, aplicado sobre la cadera, evitará, el aborto. Para la pleuritis, nada mejor que la sangre de liebre. Si una moza desea saber si le es fiel su enamorado, debe esperar a la vigilia de San Juan, coger entonces una flor, quemar su corola y volver a plantarla. Aquella noche la muchacha no duerme, pide con toda su alma que San Juan le haga revivir la flor para no volver a dudar de la fidelidad del galán. Creencias populares, increíbles, p a r a quien no ha visitado todos estos pueblecitos perdidos en las montañas, encerrados entre picos altísimos, inaccesibles, con un clima duro y unos campos áridos e ingratos, dejados a su propio destino y olvidados por las grandes ciudades. Cada uno de estos pintorescos lugares posee su fiesta popular y sus típicas costumbres. Folklore ingenuo, que nos conquista por su propia sencillez. El día del Patrón o el del matrimonio, es la ocasión propicia para festejos y alegría. La celebración de Santo Domingo, en Cocullo, es de una originalidad sorprendente. Hombres y niños recogen serpientes vivas, que lanzan a la imagen del Patrón, porque según la tradición el santo está dotado de poderes que neutralizan cualquier peligro de mordedura de serpientes. En Pescocostanzo, a los pies de la Maiella, resulta ex traño ver por las calles el cortejo nupcial. El novio brilla por su ausencia, espera a la novia a la puerta de la iglesia, donde se la entrega el cura que, dándole el brazo, la ha acompañado hasta ese momento. En otro pintoresco pueblecito, en Pratola, la suegra es quien da la bienvenida a la esposa, ofreciéndole un pan y diciéndole las palabras de ritual, que a cualquier otra nuera dejarían de piedra: Tu viudez supone la muerte de mi hijo, por lo tanto mueras tu antes... -No se puede decir que las suegras pratolinas pequen de hipócritas. Y así otras muchas usanzas caracterís-