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ABC. DOMINGO 4 DE DICIEMBRE DE 1966. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 79. en la conciencia y responsabilidad de los españoles. Inculca una vez más la necesidad de la penitencia de los cristianos y deja a la conciencia de cada uno el precisar las formas en que se realizará. Propone la limosna como medio ideal para sustituir esa abstinencia, pues así la mortificación redundaría al mismo tiempo en bienes para los más necesitados del país. Pero no impone ni el modo ni la forma en que deba realizarse. Se cierra así la historia de la bula qne ha acompañado a nuestro país casi desde los primeros momentos de su historia como nación. Desaparecido el Sumario de Abstinencia de Carnes, el episcopado y el comisario general de la bula, cardenal primado, ha creído que tampoco debían renovarse los demás sumarios o privilegios que la bula encerraba: los llamados de composición, de difuntos, de oratorio privado, etcétera... Una última duda a resolver: este año- -al entrar ya los españoles en la ley general de la Iglesia- -no habrá que guardar ningún tipo de ayuno en las vigilias de la Inmaculada y de Navidad. LA NUEVA COMISIÓN PARA LOS SACERDOTES Aparte de esta decisión referente al ayuno y la abstinencia, la Asamblea episcopal ha aprobado hoy una serie de decisiones: -Se ha acordado el establecimiento d una Facultad de Teología en la Universidad Católica de Navarra. -Ha quedado constituida la Comisión que preparará la Asamblea especial que en 1967 estudiará los problemas del clero. Presidida por el cardenal Quiroga estará compuesta por el arzobispo de Oviedo y los obispos de Almería, Murcia, Mondoñedo, Albacete y el auxiliar de Madrid, monseñor Morta. -Se han elaborado unos principios generales a los que deberán acomodarse loa Consejos presbiteral y pastoral de cada diócesis. Este tema concluirá de estudiarse hoy, domingo, pues los prelados no guardarán vacación. Lñ IGLESlñ EN EL DESAPARECE DEFIMUNDO DEHOU NITIVAMENTE LA TRADICIONAL BULA DE SANTA CRUZADA Con ello el Episcopado español renuncia a un ingreso que alcanzaba estos últimos años los noventa y seis millones de pesetas NORMAS PRACTICAS El Episcopado español, en uso de las facultades que le confiere la Constitución Apostólica Paenitemini, dispone que la ley eclesiástica de la penitencia se ha de aplicar en España según las normas siguientes: 1) Son días de abstinencia de carne todos los viernes de Cuaresma que no coincidan en fiesta de precepto. Son días de abstinencia y de ayuno él Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. 2) Los demás viernes del año que no sean fiesta de precepto son también días de penitencia. Pero la abstinencia de carne impuesta por ley general puede sustituirse, según la libre voluntad de cada uno de los fieles, por cualquiera de las varias formas de penitencia recomendadas por la Iglesia, como son: a) Ejercicios de piedad y oración, preferentemente en familia o en grupo por ejemplo, la participación en la Santa Misa, lectura de una parte de la Sagrada Escritura o de vidas de santos, el rezo del rosario y otros) b) Mortificaciones corporales (ayuno, privaciones voluntarias en la comida o bebida, en el fumar o en la asistencia a espectáculos, abstención de manjares costosos o muy apetecibles, etc. c) Obras de caridad (visita de enfermos o atribulados, limosna, etc. 3) La cuantía de la limosna y de las demás acciones penitenciales se deja a la conciencia de cada uno. La limosna penitencial puede darse, bien directamente a personas necesitadas, bien por- medio de instituciones benéficas; y la entrega puede hacerse tanto semana a semana por cada uno de los viernes, como de una sola vez y en cantidad proporcionada para un período más largo o para todo el año. Pero, aunque la donación se haga de una vez para muchas semanas, y así se cumpla el precepto, es muy conveniente renovar de algún modo cada viernes la asociación personal a la Pasión y Muerte del Señor. 4) Teniendo presente la mayor eficacia de la acción caritativa organizada, sobre todo si es dirigida oficialmente por la Iglesia, se recomienda con todo encarecimiento- -sin que ello constituya un mandato- -que aquellos que quieran voluntariamente sustituir la abstinencia de los viernes no cuaresmales por la limosna, la hagan a través de las Caritas diocesanas. De este modo podrán ser atendidas como hasta ahora, y aun con mayor amplitud, las numerosas necesidades de la beneficencia, el culto y la acción apostólica, a las que se destinaba la limosna dada por el indulto de ayuno y abstinencia qué se concedía a España. 5) Las Caritas diocesanas pondrán a disposición de todos medios fáciles y seguros para recoger los donativos hechos con intención de limosna penitencial. El producto de esta limosna, reunido en un fondo diocesano, será aplicado, con adecuada distribución, a fines sociales, benéficos, apostólicos y de culto. De la cuantía total de tales limosnas, así como de su administración y de las obras atendidas, se dará cuenta pública oportunamente, en la forma que disponga el Prelado de cada diócesis y la Conferencia Episcopal de la nación. 6) La ley de abstinencia obliga a no comer carne, pero no prohibe los huevos, lacticinios y los condimentos incluso de grasa de animales. La ley del ayuno prescribe no hacer sino una sola comida al día; pero no prohibe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y la calidad de los alimentos. 7) La ley de abstinencia obliga a todas tas personas que hayan cumplido los catorce años. La ley del ayuno obliga desde los veintiún años cumplidos hasta los sesenta incoados. 8) La disciplina promulgada por la Conferencia Episcopal española es aplicable a todos los fieles residentes en España, aun transitoriamente. La nueva disciplina penitencial no modifica ninguna de las obligaciones que por rasan de votos correspondan a personas físicas o morales, o que sean propias de Institutos religiosos en virtud de sus Reglas y Constituciones. Nota de! abad de Silos El reverendo padre abad del Monasterio de Silos, fray Pedro Alonso, con referencia a unas recientes declaraciones de fray Justo Pérez de Urbel, según las cuales, en su cese como abad del Valle de los Caídos había mediado la intriga de cierto abad francés nos envía la siguiente nota suplicándonos su publicación. Aunque A B C no recogió dichas declaraciones, accedemos a la petición del abad de Silos, dada la importancia de la puntuaüzación que en sus líneas se hace: Siéndome bien conocida la verdad sobre este asunto, me veo obligado a expresar públicamente mi disconformidad con las manifestaciones hechas por fray Justo Pérez de Urbel a un diario nacional y más concretamente con la supuesta intriga imputada al abad francés Por mi condición de abad asistente del reverendísimo padre general para los Monasterios de España, puedo dar fe de la caridad y delicadeza con que el reverendísimo padre Prou ha tomado todas las providencias necesarias para cumplimentar lo dispuesto por la Sagrada Congregación de Religiosos con respecto al abad y abadía del Valle de los Caídos. Si deseo hacer pública esta nota en la Prensa, dejando a salvo las buenas intenciones que hayan ponido tener los interlocutores, únicamente es por creer lesionados los derechos de reputación de las dos autoridades eclesiásticas, cuyos sentimientos favorables siempre a España nos son suficientemente conocidos. Por otra parte, no dudo que, callando la verdad, el reportaje aparecido en el aludido periódico y las insinuaciones en él vertidas, pueden turbar las conciencias de muchos católicos o no católicos, nacionales o extranjeros. Estas nuevas normas sobre el ayuno y la abstinencia p a r a los españoles- -qne hoy recogemos en su integridad- -concretan Jas líneas generales que en nuestro periódico de ayer anticipábamos. Y en ellas nos encontramos c o n el primer ejemplo práctico de la renuncia a los privilegios que nuestro Episcopado anunciara como primer fruto de la presente asamblea episcopal. Renuncia que no es pequeña. Misteriosamente, al mismo tiempo que en los últimos años crecían las críticas contra la bula y su impopularidad en algunos medios españoles, se multiplicaban las cifras de su recaudación. A noventa y seis millones alcanzó el último taño. Dinero que era providencial para la Iglesia española y del que vivían cientos de becas para seminaristas pobres, apartaciones muy serias para restauración de iglesias de pueblo o barriada, obras de carácter apostólico económicamente deficitario, todo ello llevado con la escrupulosísima administración que caracteriza todas las obras presididas por el cantenal primado. Ahora, los obispos españoles, con una postura abiertamente conciliar y evangélica, han preferido abandonar ese ingreso, cuando, en rigor, las últimas disposiciones pontificias les hubieran autorizado a crear una nueva fórmula de bula como susíitutivo de la abstinencia de carnes. La conferencia episcopal ha preferido confiar