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PICASSO, GRABADOR jer, que- quizá coincida con una crisis afectiva de Picasso, revelándose en ella una norme pasión sensual con potentes desnudos femeninos y formas muy plásticas. El grupo más numeroso de esta serie Jo forma el que llamamos el taller del escultor El tema es muy simple: una mujer desnuda ya ante el escultor o ya ante estatuas o fragmentos escultóricos. Es frecuente el artista barbado y hercúleo modelando estatuas o cabezas de acento fidíaco. Un hálito de intenso paganismo recorre estos grabados aue pueden ilustrar himnos homéricos o vasos áticos. Otro tema de una emocionante grandeza es el del Minotauro. Esa taurina imaginación de Picasso, poderosa de elementales ímpetus, de donisíaco amor a la vida Concreta en estas láminas, quizá lo más excelente de su arte de grabador. Hay. una oscura inspiración telúrica en estas formas en las que se funden el hombre y el toro, la pasión sensual y la inteligencia clarividente. El Minotauro enamorado y el Minotauro victima. El Minotauro acariciando a mujeres hermosas o el Minotauro derribado y muerto en la arena por un lidiador romano. Y a veces con esa obsesión que tiene Picasso por las criaturas ciegas, aparece también el Minotauro como Job implorante, ciego, con la trágica cabeza levantada. Un oscuro resumen de esta serie es una estampa famosa, misteriosa, surrealista, de una Minotauromaquia. Y evocamos, para terminar, su enorme labor como litógrafo. Desde 1936 hasta 1952 es cuando Picasso crea alguna de las litografías que han de quedar ya clásicas entre las obras maestras. Resaltemos las de animales: la gallina, el avestruz, el cordero, la paloma. En ella los papos, el plumeado, el tacto lanar, el mismo movimiento, se reproducen con insuperable verismo. El entintado es ágil, contrastando las más blandas y frondosas calidades. Parece que la mano puede palpar los plumones y tibiezas de los animales. Desde 1953 hay una reactivación de la actividad de Picasso como grabador. Continúan las tauromaquias con un predominio de la suerte del picador. Con una versión ágil y danzante de la fiesta. Hay también ahora una evocación hispana con mujeres de gran peineta y con celestinas entre mujeres desnudas. Y otro tema frecuente es el del pintor viejo, sádico, faunesco, ante la modelo desnuda. Un cierto humorismo, a veces funeral, parece que preside desde ahora sus composiciones. Recordemos esa estampa tan repetida y sintética de su Don Quijote. Picasso, aun en estas obras en las coaÍes el tema clásico es un pretexto, podemos decir que no puede evadirse ya de seducciones mitológicas. En la historia de la cultura será imposible evocar los ciclos dionisíacos y el mundo olímpico sin acudir a estos dibujos donde la linea tiembla y perfila desnudos de diosas. Y a la vez el mundo de la Naturaleza y el mundo de las pasiones elementales y subhumanas tampoco ha sido expresado con tanta potencia y con una tan genial claridad. J. C. A.