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EL MAÍZ EN ESPAÑA Mil í ANOS diligentes desgarran el zurrón de hojas secas y pá lidas dehmaiz, para descubrir la dorada espiga. En España no hemos visto aún: láquinaseosechadoras de sa gramínea, a la cual el fomento de la cabana. nacional, y en particular de la rama avícola, abre un prometedor futuro. Ahí, a la vuelta de una campaña, está la realidad del aumento del precio de apoyo establecido para la cosecba del año próximo. Esa revalorización, que ateanza a los demás cereales secundarios, impulsará el empleo de semillas híbridas dobles y de tres lineas. Con respecto a estas últimas, e incluso por lo que se refiere a la obtención de nuevas variedades de los primeros, prosiguen las experiencias en los centros españoles de investigación agronómica. Es preciso aumentar, en forma considerable, la producción de maíz, reforzada con el aumento de los demás cultivos al servicio directo de nuestra ganadería. Tenemos ya una superficie maicera, sembrada con híbridos dobles, la proporción del 60 por 100, a pesar de que su producción comercial no se inició hasta 18 j l. Con el empleo de aquella clase de semilla, las cosechas registraron sucesivos aumentos, basta, que, a partir de los comienzos de la década actual quedarán relativamente estabilizadas, pues no se han registrado más variaciones que las ocasionadas por contingencias de orden meteorológico. Veamos su evolución desde hace seis años: M Qm. 1960 1861 1963 1964 1965 1986 10.100.000 10.600.000 11.700.000 11.300,000 11.542.000 11.500.000 (iErobabte) ti. -TT Faltaba la plena incorporación de las provincias cantábricas a la era de los híbridos. Aquel espacio, que disfruta del privilegio de lluvias casi perennes, continuaba en solitario el cultivo a base de variedades corrientes, de mazorca enana. Pero también allí está en marcha su sustitución por las otras clases más productivas. Y así, el Norte, de tradición maicera impuesta por sus especiales características climatológicas, contribuirá pronto a alargar, hacia arriba, la que viene siendo estática linea del gráfico de las cosechas nacionales. La recolección terminará pronto en las regiones de ciclos más adelantados, y está en curso en el Centro y en el Norte. Sanz Bermejo nos presenta aquí un reportaje gráfico de esas tareas en la jugosa vega del Jarama. Soleado el día, húmeda la tierra, tibio y grato el ambiente. Estamos en tierras de regadío, pues al fin y al cabo el maíz es producto típico de los suelos hondos y sueltos, fertilizados por el agua regulada. El secano impera en el septentrión, al amparo de la generosa pluviosidad de aquellos cielos. Tenemos una cosecha de maíz mayor de lo que esperábamos al terminar el verano, durante el cual habían sucumbido, en el espacio cantábrico, muchos maizales de tierras livianas después de dos meses de sequía. Palló, excepcionalmente, el motor que activa las condensaciones atmosféricas, cuando- la vida de la spiga empezaba a bullir entre las sedas del seno de la mazorca. No obstante, las lluvias que acompañaron el nacimiento del otoño, reavivaron la vegetación que no había muerto, y hoy las previsiones sitúan la actual cosecha en tercer lugar entre las recolectadas desde 1960. Pudiera llegar a ser la segunda de núes tra historia- -la primera fue la de 1963- Todo dependerá de cómo termine esta fase Otoñal en que se cterran los ciclos vegetativos del maíz. Las mazorcas, como bruftldas- -or? vegetal en I que reverbera el sol- colman el remolque dispuesto para su transporte al granero.