Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
luego indígena del África Ecuatorial, decorado y tallado en madera, quisa un representación cósmica. principalmente la isla de Luzón. Practicaban la agricultura de roza y sus alimentos básicos eran el taro y el arroz. Criaban gallinas, cerdos, y un bóvido, el carabao También eran cazadores y pescadores. Formaban el sistema político más antiguo a la llegada de los españoles, con la aldea como unidad social y política y el grupo de aldeas como unidad superior. Muy guerreros, con cacería de cabezas humanas y venganza de sangre. Vivían en casas cuadrangulares, como cajas de madera sobre pilotes. Su autoridad era la señoridad atribuida a los hombres de más edad. Había ciertas clases sociales fundadas en el prestigio y en la riqueza. La religión igorrote se inspiraba en el animismo, en la adoración de espíritus de antepasados, representados por anitos o ídolos de madera. Los anitos también eran representación de héroes y estaban presididos por una divinidad suprema, Kabunian, asociada con la naturaleza. Entre los objetos en el museo hay cangas o carretones de transporte para faenas campesinas, luzones o morteretes para descascarillar el palay y tejidos de fibra de abacá Hay objetos de los moros de Filipinas, pueblo guerrero, famoso por sus incursiones piratas y temido por todos los grupos vecinos. Antes de la llegada de los españoles eran, como muchos pueblos malayos, cazadores de cabezas humanas, actividad a la que se dedicaban con fines mágico- religiosos y de prestigio personal. Su amm más característica era el campilán o sable largo de hoja ancha y muy afilada, provisto de una empuñadura gruesa de la que cuelga un penacho de pelo. Hay uno de éstos en el Museo. Y también se guarda maqueta de uno de sus barcos. Es la piratería, la épica del mal novelada para adolescentes por Emilio Salgan. En su Historia de la piratería malayomaihometana en Mindanao, Jolón y Borneo escribe su autor, José Montero Vidal: La historia de las vandálicas correrías, da las depredaciones terribles, de los cruentos y horrorosos cautiverios realizados por los piratas malayo- mahometanos de Mindanao, Joló y Borneo, está escrita con sangre en miles de pueblos del archipiélago filipino. Las islas que ellos habitan constituyen desde el principio una excep- Maqueta de barco de los moros filipinos, procedente del Museo- Biblioteca de Ultramar. Barco dé doble balancín, engalanado, provisto de velamen con vela grande listada, roja y blanca; en la proa cuatro velas y a estribor y tres a babor, con toldo para proteger del sol. En popa, una vela y una bandera. ción en la admirable empresa que dio por resultado la incorporación a España del vasto archipiélago descubierto por Magallanes. La marina y el ejército han enriquecido la historia patria con páginas de gloria dignas de la época legendaria de los antiguos Estados de Grecia y Roma. Sande en el siglo XVI, Búlate, Méndez Núñez y Malcampo en el siglo XIX lucharon, entre tantos otros, contra los piratas que asolaban las costas de Filipinas. Valiosos objetos de los pamúes de Guinea con su culto de los antepasados o byeri el juego del abia el baile llamado balele ¿máscaras de madera, su afición a la música, sus tambores, violines y xilófanos. La Humanidad es una, las familias humanas son muchas. Las diferencias, importantes, no pasan de accidentales. Recuerdos de las Marianas, habitadas por los chamorros, excelentes marinos, conocedores de la vela latina. Islas paradisíacas como Truk y Ponapé, paraísos perdidos de los españoles en el archipiélago de Las Carolinas, descubierto por Toribio Alonso de Salazar. Bosques de palmeras, cocoteros, plátanos, árboles de pan y heléchos gigantes. El Museo Nacional de Etnología, muy importante, debe serlo aún mucho más como medio de trabajo para los estudiosos y testimonio para todos del afán hispano por comprender con amor a otros pueblos. 3. T, F.