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LAS DIOSAS OLVIDADAS Nieve Gil en I número La moda 4 1 Directorio de te reviste ABC de Guillermo Perrht y Miguel de Palacios, eott partitura de Gerónimo Giménez, estrenada en el madrileño t e a t r o de la Zarzuela en 1809. Pepita ella, tiple de género chico y revista legre, que, al desposarse con el notable primer actor Benito Ceorián, consagróse como primera actriz de comedia muy. estimable. Resurrección Quljano, intérprete con Emérita ftlvarez Esparza y Nieves Gil, del t e r c e t o de la canción ¡Sople usted! en la revista B C otras fueron las enloquecedoras de multitudes, siempre muy vestidas moderadas en su travesura, merecedoras del honroso calificativo de artistas Primeras y segundas tiples de género chico y revista en la bella época derivaron a eminentes primeras actrices y damas de carácter al correr del tiempo como Lola Membrives, María Palou, Eugenia ZuíToK, María López Martínsz, Elisa Moren, María Mayor, Carmen ¡Andrés, Joaquina del Pino, Dolores Cortés, Tina Gaseó, Manolita y Trinidad Rosales, Angelina Vilar, Rosita Rodrigo, Pepita Meliá, Juanita Manso, Sena Salvador, sin olvidar a Irene Alba y su hermana Leocadia que estrenó el papel de seña Rita en la verbena de 3 a Paloma y con Julio Ruiz el chistoso dúo de los paraguas de El año pasado por agua zarzuela de Ricardo de la Vega y maestro Federico Chueca. Después de sus noches maravillosas en el teatro de la calle de Jovellanos, Úrsula López encabezó con Rosario Soler la temporada revisteril del Gran Teatro, siendo empresarios Luis Bellido y Serafín Pozueta, donde se estrenaron dos producciones de Inolvidable recuerdo: El país de las hadas de Perrín y Palacios, con el compositor Rafael Calleja y El poeta de la vida de Antonio M. Viérgol El sastre del Campillo y maestro Calleja, que debía de tener alguna participación en la empresa y constituyeron resonantes triunfos para las dos graciosas tiples. En los años de la primera guerra mundial, la edad de oro de las variedades, numerosas artistas de género chico y revista fascinadas por los sueldos fantásticos de las celebridades del cuplé, desertaron de los grandes escenarios en el ambicioso propósito de consagrarse estrellas, luceros o cometas errantes, entre ellas Amalia de Isaura, Resurrección Quijano, Cándida y Blanqutta Suárez, Rosita Rodrigo, Cipri Martín, Conchita Vergara, Casilda Vela, Hora Ochoa, Sara López, Trinidad y Manolita Rosales, Antonia de Cachavera y más tarde Consuelo Hidalgo. Úrsula López también sintió la llamada del arte frivolo y debutó en el teatro de la plaza de Bilbao con categoría estelar, provista de un repertorio de canciones acordes con su temperamento y algunas compuestas exclusivamente para ella por los reputados autores Eduardo Montesinos y el compositor sevillano Manuel Pont de Anta. Entre otros números estrenó y popularizó Su Majestad el Chotis de Montesinos y Font de Anta y ¡Ay Cipriano! del ilustre pintor marinista Juan Martínez Abades, más conocido por sus cuplés hidráulicos- Agua que no has de beber Que la mar es muy traidora Agua que va río abajo... -que por sus cuadros existentes en el Museo de Arte Moderno. Cumplidos importantes contratos como estrella de la canción, Úrsula López retiróse de la escena. En viudez estableció en el paseo de Santa Engracia una residencia para huéspedes estables de buenas costumbres que la contemplaban en su ancianidad con sorpresa admirativa. Aquella buena moza, de sonrisa apicarada, cuyas ampliaciones fotográficas figuraban en el comedor ¿podía ser la anciana circunspecta que regentaba la pensión rehuyendo hablar de sus glorias teatrales? Pues sí. Aquella Úrsula López de Enseñanza libre San Juan de Luz Al agua patos La taza de té El país de las hadas El poeta de la vida que cantaba sandunguera con Nieves Gil el tango de la cacerola y la habanera del jipi- japa con Rosario Soler, era la misma criatura sin brillantes como nueces, ni automóvil fabuloso, que oía misa diariamente y depositaba todo su cariño en su hijo, el estimable primer actor Luis Bellido, y los nietos. Como sus compañeras del Olimpo escénico supervivientes de la bella época Úrsula desenvolvía una existencia alejada del mundanal ruido, olvidada, esperando como ellas la hora en que sus familiares nos comuniquen a sus buenos amigos y admiradores, mediante un recordatorio, que Dios, las procuró el descanso eterno. C. F.