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DIARIO ILÜS- DIARIO ILUS- T R A D 0 DE I N F 0 R MA C I Ó N G E N E R A L FUNDADO EN 1 POR DON TORCUATO T RAD 0 DE INF 0 RM A C I Ó N G E N ER AL LUCA DE TENA OMENAJE a Antonio Mac h a d o en Baeza: descubrir un monumento en su memoria; repetir los paseos en los que se recreaba casi siempre solitario. De fijo que entre quienes le rinden ese homenaje, suscitado por una idea privada le habrán conocido algunos en persona, y otros evocarán su figura por lo que de él saben. La comisión de honor de los actos compone una nutrida lista de nombres; la comisión organizadora tampoco es corta. Realizar el propósito de rendir honor al poeta con dos manifestaciones, una solemne- -los monumentos, incluso los más sencillos, implican solemnidad, sobre todo en el momento de inaugurarlos- y otra diremos más poética, pasear imaginariamente con él, sólo puede despertar el aplauso. Aducir razones que lo abonen nos parece innecesario. Tres ciudades adquieren importancia fundamental en la vida y en la obra de Antonio Machado. Son: Soria, Baeza y Segovia. Su natal Sevilla y Madrid quedan más esfumadas. A la etapa de Antonio Machado en Baeza le dedicamos un capítulo entero en la biografía que le consagramos con su hermano Manuel. Y de Baeza nos habló muy largamente el primero cuando preparábamos esa biografía. Llegó, a Baeza Antonio Machado con la herida abierta por la muerte de su esposa Leonor, acaecida en Soria Cuando sonó la hora de su cambio de destino y partió, Baeza había obrado de bálsamo en el poeta. En Baeza, Antonio Machado, aparte explicar su clase en el Instituto de Seguna E n s e ñ a n z a- -e r a catedrático de francés- -paseó mucho, estudió aún más, y acudió a la tertulia de una farmacia, la de Almazán, en la que se reunían los amigos del farmacéutico. El paseo predilecto de Antonio Machado era ir hasta un banco, el mismo siempre, mirador u observatorio privilegiado, desde donde podía abarcar con la mirada la sierra de Baeza, la de Mágina, los montes de Jaén y la sierra de Cazorla. Cuando Antonio Machado no paseaba solitario, que eran, lo repetimos, las más de las veces, le acompañaba su mejor amigo en la ciudad, don Cristóbal Torres, de quien el poeta decía que era una persona muy inteligente, abogado sin pleitos, qus vivía de unos cuantos olivos heredados de sus mayores. Sus conocimientos y amistades no le estimaban en su verdadero valer. Pero a él le tenía sin cuidado. Lo que más le gustaba era andar y conversar, y sus juicios eran muy perspicaces y atinados. Antonio Machado le refería las largas excursiones que hiciera por tierras de Soria y don Cristóbal le animaba para que las hiciesen desde Baeza. Por fin llegó la ocasión con la H EN BAEZA, CON ANTONIO MACHADO a m b o s catedráticos, así como o t r o s lo que hacen es seguir una deleitante charla visita de Joaquín Machado a su herma- sobre los temas filosóficos con Antonio. no. Cuatro fueron los excursionistas: Y el poeta se licencia en Filosofía. Antonio, Joaquín, don Cristóbal Torres, Queda otro rasgo de la existencia de y el farmacéutico Almazán. De Baeza van Antonio Machado en Baeza: el de cona Ubeda y de allí, en una tartana, a Ca- tertulio de la rebotica de Almazán. La zorla. En Peal de Becerro se les agregó farmacia se hallaba en la calle de San otro excursionista: un juvenil discípulo Francisco. Toda la vida de la población del curso de Antonio, admirador precoz discurría en esa calle. Se encontraban los del poeta, y aprendiz de poeta él mismo. personajes más importantes, que se deteEra Rafael Laínez Alcalá. nían a saludarse y cambiar impresiones; En Cazorla abandonaron la tartana los paseaban por ella las chicas casaderas; y viajeros y emprendieron la subida a las en ella discutían asimismo sus negocios fuentes del Guadalquivir. Una tormenta los labradores y tratantes. se desencadenó sobré ellos, pero hallaron Era raro el día que Antonio Machado abrigo en un refugio cercano. no acudía a la tertulia, especialmente en Marca la etapa de Antonio Machado invierno, pero más que hablar, se limitaba en Baeza su licenciatura en Filosofía. a escuchar y a calentarse en la estufa, Gran aficionado a las lecturas filosóficas, que, al parecer, era magnífica. habla que éstas son las únicas lecturas que A se rompía un mitigan el dolor de la pérdida de la esposa tantoveces, aunque raras, ocurrió cuando la monotoníar- como y la obsesión que le produce su desgra- el profesor Domínguez Berrueta llegó cia. La literatura no le calma y, en cambio, sí leer a Platón. Entonces se decide desde Granada con sus discípulos en una pasar las pruebas oficiales en la Universi- excursión cultural. Entre esos alumnos dad de Madrid, donde va al comienzo había uno que se llamaba Federico Garde cada verano a examinarse. Cuentan cía Lorca. Domínguez Berrueta se lo entre sus jueces don Manuel Bartolomé presentó a Antonio Machado dicíéndole: Cossío, amigo entrañable de la familia Es hijo de don Federico, el de GranaMachado, y un joven profesor cuya fama da, y tiene muy buena disposición para ha empezado a traspasar las fronteras, la música. Falla le ha enseñado lo que José Ortega y Gasset. Más que juzgarle sabe. Y Federico García Lorca le dijo a Antonio Machado: A mí me gustan la mú- sica y la poesía. Agradecemos su atención a cuanHubo v e l a d a para agasajar a los forasteros. Antonio Machado leyó La tos, de modo espontáneo, nos entierra de Alvar González publicada en vían trabajos literarios para, las su libro Campos de Castilla y Fedepáginas de A B C. Bien a pesar rico García Lorca tocó el piano: Danza de la vida breve de su maestro nuestro, muchas veces no enconFalla, y después aires del folklore espatramos la posibilidad de publicar ñol. La velada dejó un gran recuerdo... tales trabajos. En todo caso, Tienen mucho que evocar quienes para no mantenemos correspondencia rendir el alto y merecido honor a Antosobre los originales no solicitados. nio Machado paseen con él imaginaria mente en Baeza, ciudad de delicadezas, arquitectónicas, que tan profunda huella dejó en el poeta y que, a la postre, le hizo incorporar a sus versos el hemoso paisaje andaluz, al que hubo de hacer un sitio el paisaje de Castilla, que antes ocupaba toda su sensibilidad y su inspiración. El olivo y el olivar fueron también cantados: oattirto PARA UN TRES CREMAS TRATAMIENTO COMPLETO DEL CUTIS Sobre el olivar lar y volar. vio I lechuza- -v o- Campo, campo, campo. -Entre loa olivos- -los cortijos blancos. V la encina negra- -Ubeda a Baeza. medio camine J Miguel PÉREZ PERRERO