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ELEGÍA A UN NIÑO PRODIGIO Por Julián CORTÉS- CAVANILLAS ESE a los muchos que le conocían, le admiraban y le querían se ha marchado de puntillas de la tierra, hacia el infinito, un hombre hecho y derecho que fue, años ha, un famoso y celebrado niño prodigio, el primero, el mejor y, quizá, el único que tuvo la cinematografía española. En su estado civil se llamó Alfredo Hurtado Franco. En su breve vida artística, de precocísimo actor, se le conoció por Pitusín Contaba Blanco y Negro que allá por el año 1922 se tuvo noticia de que en un piso del segundo trozo de la Gran Via funcionaba una Academia Cinematográfica. Y (que uno de los mejores alumnos de aquella incubadora de artistas de la pantalla era un muchacho de cuatro años, a quien se le llamaba Pitusín o el Chiquüín español por su parecido físico con Jackie Coogan, recién descubierto entonces y declarado ídolo oficial de los actores infantiles de todo el mundo. Muy pronto el niño prodigio del incipiente cine de España atrajo la atención y se ganó las simpatías del heterogéneo y curioso público del telón mágico. Los diarios y las revistas españolas- -entre otros ABC y Alfredo Hurtado PUiwío el ran actor infantil d la puiutla espaftola. WtusÍB en la película II LaiarHIo de Tormes P